jueves, 5 de marzo de 2020

Francisco Oliver Jarque. La promesa del almogávar.

Cuando un apasionado por la historia y su Tierra invierte su tiempo en investigar, entretener y educar, merece toda nuestra atención y respeto; por eso con todo mi afecto y consideración, quiero dar a conocer su novela y con ella, su sabiduría y en especial su Gran personalidad.

Francisco Oliver Jarque, La promesa del almogávar

Francisco Oliver Jarque "La promesa del almogávar".
Europa se conmociona a principios del siglo XIII ante el inicio de una Cruzada en la que por primera vez se va a exterminar a un enemigo que también es cristiano. Pero el anatema papal ya está establecido, y cualquiera que tan solo dude de la culpabilidad de los nuevos herejes, será condenado.

Se recluta un ejército, levantan hogueras en toda Occitania quemando disidentes, se toman ciudades, se derriban fortalezas. Y se persigue a los cátaros con un ahínco que parece escapar a toda lógica.
De repente, un nuevo enemigo aparece aún más al sur. Un enemigo que siempre había estado ahí. La invasión del continente por parte de Muhammad al-Nasir, alias al Miramamolin, con un enorme contingente guerrero proveniente del norte de África, hará que antiguos enemigos se unan contra el islam, sin importar el reino del que provengan, ni al señor feudal al que sirvieran, ni lo buenos o malos cristianos que hayan sido.
Una narración histórica apasionante contada a través de las vivencias de un grupo de almogávares, peculiares mercenarios que se mueven por varios escenarios como peones en un tablero de ajedrez, alquilando sus armas y voluntad al mejor postor. Llega a capitanearlos Diego de Marcilla, joven hidalgo aragonés preso de una promesa de amor que le hará conocer las Cortes de los trovadores, la mística doctrina del Amor Puro, pero también el barro y la sangre en batallas como las Navas de Tolosa o el desastre de Muret. Es allí donde verá morir a su rey Pedro II de Aragón, y donde se derrumbará como un castillo de naipes los lazos con todos los señoríos y vizcondados que le eran feudatarios, dando lugar así a la desaparición de toda una civilización meridional que se había atrevido a enfrentarse contra el poder de la propia Roma.

La promesa del almogávar de Francisco Oliver

Francisco Oliver Jarque, La promesa del almogávar, extracto
Almogawarines, Moros así llamados, como si dijéramos, los valientes en las algaras o correrías bélicas.”

Francisco Oliver Jarque, La promesa del almogávar

Cuando un apasionado por la historia y su Tierra invierte su tiempo en investigar, entretener y educar, merece toda nuestra atención y respeto; por eso con todo mi afecto y consideración, quiero dar a conocer su novela y con ella, su sabiduría y en especial su Gran personalidad.

Francisco Oliver Jarque, La promesa del almogávar

Francisco Oliver Jarque "La promesa del almogávar".
Europa se conmociona a principios del siglo XIII ante el inicio de una Cruzada en la que por primera vez se va a exterminar a un enemigo que también es cristiano. Pero el anatema papal ya está establecido, y cualquiera que tan solo dude de la culpabilidad de los nuevos herejes, será condenado.

Se recluta un ejército, levantan hogueras en toda Occitania quemando disidentes, se toman ciudades, se derriban fortalezas. Y se persigue a los cátaros con un ahínco que parece escapar a toda lógica.
De repente, un nuevo enemigo aparece aún más al sur. Un enemigo que siempre había estado ahí. La invasión del continente por parte de Muhámmad al-Násir, alias al Miramamolín, con un enorme contingente guerrero proveniente del norte de África, hará que antiguos enemigos se unan contra el islam, sin importar el reino del que provengan, ni al señor feudal al que sirvieran, ni lo buenos o malos cristianos que hayan sido.
Una narración histórica apasionante contada a través de las vivencias de un grupo de almogávares, peculiares mercenarios que se mueven por varios escenarios como peones en un tablero de ajedrez, alquilando sus armas y voluntad al mejor postor. Llega a capitanearlos Diego de Marcilla, joven hidalgo aragonés preso de una promesa de amor que le hará conocer las Cortes de los trovadores, la mística doctrina del Amor Puro, pero también el barro y la sangre en batallas como las Navas de Tolosa o el desastre de Muret. Es allí donde verá morir a su rey Pedro II de Aragón, y donde se derrumbará como un castillo de naipes los lazos con todos los señoríos y vizcondados que le eran feudatarios, dando lugar así a la desaparición de toda una civilización meridional que se había atrevido a enfrentarse contra el poder de la propia Roma.
La promesa del almogávar de Francisco Oliver
En este enlace

Francisco Oliver Jarque, La promesa del almogávar, extracto

Rómulo, Remo, cataláns

Rómulo, Remo, cataláns

Los Historiadores tendremos que repasar la historia escrita; según La Vanguardia, que cada día se parecen más a Jorge Bilbeny, Alberto Codinas y Víctor Cucurull del INH:

Texto de https://www.facebook.com/Corona.Daragon/
Rómulo y Remo eran catalanes.
Si estamos perdiendo la confianza en los gobernantes que nos manipulan a su antojo, no lo son menos los medios de su propaganda tanto en prensa escrita, como televisada.

No me voy a extender en explicar esta falsedad intencionada que seguro algunos les enorgullece; desconozco si apareció con el cráneo un lazo amarillo, una camiseta del FC Barcelona con el nombre de Messi o una de sus espantosas chorradas en catalán (va de coña), del instituto de la nueva historia INH.
Parece ser, que el cráneo, el cual no llevaba la Barretina, se encontró en el interior del recinto amurallado. Este dato nos da a entender que pertenecía a un partidario de Pompeyo que estaban siendo atacados por las tropas de Julio César (como veis ambos muy catalanes), en la segunda guerra civil de la República romana, perdón, catalana, en el 49 a.c., y cuya primer batalla en la península “catalana” tuvo lugar en las cercanías de Lerida (la segunda también tuvo lugar en la ciudad catalana de Córdoba).
Por supuesto las tropas de Pompeyo eran todas muy catalanas, tanto las regulares como las mercenarias, de hecho, también eran las de Julio César, y las de Gengis Kan.
Nota: Ojo al dato, está en el apartado de Cultura ¡cómo no van a salir niños tontos!