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lunes, 31 de octubre de 2022

Carta XCIV. Noticia de varios ritos de Gerona y de sus códices rituales.

CARTA XCIV. 

Noticia de varios ritos de Gerona y de sus códices rituales. 

Mi querido hermano: Una de las cosas que más deben excitar la curiosidad de los anticuarios en esta iglesia de Gerona es la multitud y singularidad de sus ritos antiguos. Yo creo que así por ellos como por la gravedad de los oficios eclesiásticos mereció esta catedral ser llamada madre de las ceremonias, título que suponía ser ya muy antiguo el Obispo Don fray Benito de Tocco en una alocución que hizo al capítulo sobre reforma del culto, día 2 de octubre de 1574. Sería pues un delito no seguir mi costumbre en dar alguna muestra de las más notables que se practicaron antiguamente, guardando para la historia de los ritos de España un cúmulo inmenso de observaciones con que saldrá enriquecida de los códices Gerundenses. El que más me ha servido para el objeto es una consueta manuscrita a fines del siglo XIV, el año 1360. De ella y de los otros libros rituales y capitulares, es tomado el ensayo siguiente: Comenzando por el principio del año eclesiástico en los maitines de la primera Dominica de adviento, se decía con voz baja: Domine labia. Deus in adjutorium, y también el invitatorio hasta el Hodie si vocem, etc. Entonado el primer salmo, dejado su asiento el precentor tenens ferulam viridem in manu dextra et incedit per chorum faciendo clericos decantare. De uno y otro han quedado reliquias hasta nuestros días. La férula parece ser el bordón o insignia de su oficio en las solemnidades. En otras partes he advertido también el uso de la voz submisa en los maitines e introitos de las misas, que sólo dejaba de practicarse en las ferias y semidobles. En los maitines de Navidad había cuanto en otras partes se ha dicho de prosas, verbetas, sibilas, profetas, laudes intra misam, representación del parto, y otras mil cosas. Para la misa pontifical del día, señala la consueta el rito de subir el Obispo a la Sede alta detrás del altar mayor, como ya insinué los correos pasados. Y para que formes alguna idea añadiré hoy lo siguiente: Salía el prelado de la sacristía acompañado de diez presbíteros, el diácono y el tesorero, todos con capas sericas, rezando el salmo Judica me. Llegado al altar decía la confesión “Ipsa finita (dice la consueta) osculatur textum, et postea retrocedit ad ianuam rexiarum. 

Postea diaconus primo, et postea thesaurarius, et postea sacerdotes sibi assistentes singulariter accedunt ad eum, et quilibet eorum osculatur sibi manus, et postea os. Et postea episcopus ascendit ad Sedem et ibi facit officium usque ad Credo inceptum; postea venit ad altare et ibi finit Credo. Quo finito osculatur textum Evangelii... et ista fiunt in his diebus solum et S. Johannis, Paschae et Pentecostes, Asumptionis beatae Mariae et Corporis Xpi... et ut episcopus videatur in Sede retro altare, vertantur per clavigerum ganfernones", que son las cartelas de plata en que remata el retablo. Hoy queda esta solemnidad en algunos días; mas en lugar del ósculo en la boca, besan los sobredichos el hombro del Obispo. En las segundas vísperas de Navidad, llegando a la conmemoración de San Esteban, fiat, dice la consueta, repraesentatio martyrii B. Stephani: que cierto, si se hacía al vivo sería cosa notable. En las segundas vísperas de San Juan Evangelista, en la conmemoración de los Inocentes, comenzaba a ejercitar su oficio el Obispillo electo anticipadamente el día de San Nicolás de Bary (Bari) con todas las circunstancias de hacer el oficio, predicar, bendecir, etc. Todos los niños, como familia y empleados principales del Obispillo ocupaban el coro superior, sirviéndoles el clero libros, velas, y cuanto ellos hacen los otros días del año. Omito la noticia de otras extravagancias que tengo copiadas. Figuraba además la administración del Sacramento de la confirmación, durante toda la octava de los inocentes en que duraba su autoridad. Grandes males y alborotos se seguían de esto, y más con las competencias que había entre el Obispillo y el abad de San Félix, que también se elegía un niño a quien llamaremos Abadillo. Sentidamente se quejaba de ellos el sabio arcediano de Besalú, Don Andrés Alfonzello en 1475, cuando propuso al capítulo la total abolición de representaciones tan indecentes, a imitación de la catedral de Valencia y otras que las habían quitado del todo. Mas la consideración de lo que es una costumbre envejecida, obligó al Obispo Don Juan de Margarit, en cuyas manos puso el capítulo la resolución a permitir su tolerancia con ciertas restricciones prudentes que verás en el cronicón de cosas notables que he formado de los registros capitulares de dicho Alfonzello, y ya envié los correos pasados. Duraba todavía esta tolerancia en 1539, en que a 11 de enero hizo el capítulo la ordinación siguiente: quod nullus maxime magnorum invitus sive coactus apportetur ad episcopellum pro confirmando: sed si magni et parvi bonis verbis induci possunt ut confirmationem à dicto episcopello accipiant, hoc toleretur (Act. cap. eo anno fol. 343). Del 1541 queda un decreto corrigiendo aquellas insolencias, que va copiado (a: Ap. núm. XXXVI.). A fines del mismo siglo se quitó del todo esta costumbre.

No era reliquia de la penitencia antigua en el principio de Cuaresma la costumbre que había en el siglo XV, y expresa un manual de la curia episcopal (n. 20. fol. 153) con estas palabras: "Praecentor tenetur prima die lunae kadragesimae qua dicitur advenerunt nobis dies poenitentiae, omnes scholares scholarum cantus facere spoliari ratione maioritatis et in signum correctionis quam habet in ipsis; et dum ipsi cantant advenerunt spoliati in camisiis, percutit eos cum corrigia, secundum quod meruerint et postea dat eis placentulam valentem unum denarium." Hacíase esto privadamente, y pues era justo que se hiciese en un tiempo o en otro, se escogía para tal ceremonia el de la penitencia pública.

En todas las Dominicas de Cuaresma se hacía ese mismo siglo XV en esta catedral una representación de la historia del Evangelio, por la tarde a la hora del sermón, que por la misma razón no se predicaba por la mañana como en todos los otros días. Así se mandó en el año 1473, como verás en los extractos de los libros de Alfoncello. Esta es también la época de la Cuaresma continua, digo, de los sermones diarios predicados por uno mismo: que en esta carga se conmutó al lector de la catedral la que tenía de leer la escritura. En el mismo estatuto se ve que ya entonces era por la tarde el sermón de Carlo Magno; lo cual es una prueba de que entonces había ya cesado aquí su fiesta establecida hacia el 1346. La consueta que aquí queda más antigua con ser del año 1360, no pone esta fiesta en el calendario. Mas pónela en el cuerpo con este título: In natale Sancti Karoli magni Imperatoris et confessoris, al otro día de la fiesta, dormitionis Sanctae Paulae. Su rezo tiene algunas antífonas propias, mas la mayor parte es del común. Al margen hay una nota de letra de fines del siglo XV, que dice: “Istud officium hodie non celebratur, qui per Summum Pontificem per suum breve fuit mandatum capitulo non celebrari: et ideo fuit ordinatum supersederi in dicta celebratione, donec aliter fuerit ordinatum per Sedem apostolicam". De esto ya se dijo en los correos pasados. Hoy queda la costumbre de predicar de este héroe en la Dominica II de Cuaresma a la una de la tarde. El sermón que yo oí este año 1807, me parece muy ajeno del espíritu de la iglesia, que tolera se haga un recuerdo fúnebre de este héroe, mas no un elogio cual se hiciera venerándolo en los altares. Es esto mucho más chocante a quien conozca el poco motivo que hay para que Gerona distinga aquel Príncipe con este honor: que cierto no le debe más de lo que deben Barcelona y Urgel a Ludovico Pío, Vique a Odón, Lérida y Tortosa al Conde Don Ramón Berenguer IV, y Valencia a Don Jaime el I; y con todo, no se hallarán en aquellas iglesias otras memorias de sus bienhechores sino las que la religión quiere que se hagan de los finados no declarados por Santos y dignos de culto. Mas dejando esto a quien toca, vuelvo al canto llano de mis ritos. Una cosa hay loable en este acto, y es que antes de comenzarse dicho sermón se lee en el púlpito la nómina de los que murieron en la ciudad desde el mismo día del año anterior. Las demostraciones de alegría que la iglesia hace en la Dominica IV de Cuaresma reducidas a que se taña el órgano en la misa mayor, eran aquí mucho mayores en el siglo XIV y de costumbre muy antigua. Porque se hacían tres procesiones: una después de Laudes a la capilla del Santo Sepulcro, cantando la antífona: Ecce mater nostra Jherusalem, donde se celebraba una misa solemne. La segunda después de prima por el claustro, donde el cantor segundo cum ferula in manu, entonaba Alleluia: Confitemini Domino, etc., la cual cantaban todos, y luego se repetía en tono más alto que la vez primera. Después se entonaba el R). Christus resurgens ex mortuis iam non moritur: mors illi ultra non dominabitur: quod enim vivit, vivit Deo: alleluia. V). Dicant nunc Iudaei quomodo milites custodientes sepulcrum, perdiderunt Regem ad lapidis positionem: quare non servabant petram iustitiae? Aut sepultum reddant; aut resurgentem adorent nobiscum dicentes: alleluia. Con esto remataba esta procesión. La última se hacía después de tercia, según la costumbre de todas las Dominicas: Quare fiant, añade la consueta, hae processiones, his versibus continetur: 

Urbs hodie sancta Jherusalem iam tot liberata

Letatur, gaudet, exultat laude novata.

Sed quoniam veterum nova sunt monimenta beata,

In Gerundensi processio fit triplicata.

Prima notat pulcrum Domini canendo sepulcrum:

Res nova vox munda Alleluia secunda:

Tertia sollempnis, ut est jus mosque perhemnis. 

En la Semana Santa hay curiosidades notables. Diré de algunas. Los maitines de tinieblas se cantaban post solis occasum. No había tenebrario, sino que se colocaban veintisiete cirios sobre las rejas del altar mayor, cuyo medio ocupaba el llamado Traditor, por la antífona ad Bened. del primer día, que es cuando lo quitaban. Los cirios se iban matando al principio de cada salmo y responsorio. Al fin se decían las rimas que otras veces he dicho, que antes llamaban Fars y ahora Fassos, derivados de Farsa, nombre propio de ciertas preces rimadas. Las tablas de que se servían en lugar de campanas ya se llamaban en el siglo XIV batzoles. La Eucaristía en el Jueves Santo se reservaba in armario Sancti Martini, cum sindone munda, poniendo delante del armario cuatro velas. En la capilla del mismo Santo se colocaba al amanecer del Viernes una cruz en el pavimento para que los fieles la adorasen, cuando venían por devoción. Y este puede decirse el origen de nuestros monumentos tal cual se usan hoy día. En el que digo del Viernes Santo se mostraba al pueblo la Santa Espina antes de la adoración de la Cruz. Concluidos los oficios se lavaba el altar mayor (cosa de que no se habla el Jueves Santo), por el Obispo y doce presbíteros del Capítulo, y el pavimento al rededor por los ministros inferiores de la iglesia. Durante esto se cantaban en alta voz el himno Pange lingua, etc., y varios R)R). No se cantaba cosa alusiva a Santa María cum hac die (dice la consueta), ipsa fuerit multum mesta et tristis propter filii passionem et cum altare filium representet, et broques, sive fustes aut rami cum quibus purgatur vel mundatur altare, representent coronam spineam capitis, et etiam aqua quae ibi loco vini et aquae ponitur, representet aquam et sanguinem lateris J. C.; ideo in hac sancta ablutione non fit comemoratio Sanctae Mariae.

En la pasión del mismo día al decir partiti sunt, quitaban dos clérigos las toallas del altar per modum furantis vel frangentis pannum propter sortem vestimentorum vel fugam discipulorum. Así esta pasión como las demás la leía uno solo. A fines del siglo XV se introdujo el cantar entre tres la del Domingo de Ramos, por ser más solemne. Hízose la primera vez en 1474, leyendo el diácono de la misa mayor las palabras quae dicuntur sine cantu, y lo restante otros dos. Agradó mucho la nueva invención; pero hubo algunos más serios que dijeron: quod passione non debent cantari cum cantu organi. Para conciliar ambos partidos resolvió el Obispo Don Juan de Margarit que en adelante se cantase por tres la pasión del Domingo de Ramos por ser tan solemne, y los otros días la leyese uno solo (Reg. de Alfonzello, fol. 18. b.) En el Sábado Santo, mientras el Obispo bendecía el fuego se cantaba el himno que comienza Inventor rutilis, y entonces se quitaban las capas corales negras y comenzaba el uso de la sobrepelliz. Una nota del siglo XV en la misma consueta dice que esto se hacía concluida sexta. En las profecías no se leía título (rubrica), ni in diebus illis, ni haec dicit Dominus; y da la consueta esta razón: Quia sumus sine capite, id est, sine Christo. Antes de entonar la Gloria in excelsis anunciaba el Obispo por tres veces al pueblo la resurrección, diciendo: Christus Dominus resurrexit; y el coro respondía: Deo gratias. No se decían hoy completas, quia hoc officium est totum de nocte sequenti, et propter neophitos in lege fuit ordinatum ita breve. Todas estas ceremonias se practicaban a proporción en la colegiata de San Félix, donde sólo hallo que advertir que en el año 1378 se mandó que en el día de Jueves Santo se adornase el altar de San Esteban de pannis pulchrioribus dictae ecclesiae pro ornamento corporis Domini nostri Jesu Christi qui inibi ipsa die reponitur reservandum pro die Parasceve. Mandábase también poner delante del mismo altar la Cruz para que el pueblo la adorase, como hasta entonces se pusiese delante del de San Narciso. Item aún antes de ese año dos clérigos leían todo el salterio delante del cuerpo del Señor. Prueba de que se depositaba en público, cuando en otras iglesias se reservaba in sacrario; y como dicen más expresamente algunos códices in sacristia. El Domingo de Pascua por la tarde, a la hora de vísperas, se hacía la representación de las tres Marías por los tres canónigos más modernos, a lo cual se obligaban en su ingreso. En 1539 se reformó en parte esta costumbre, como verás en la copia adjunta (a: Ap. núm. XXXVII.), que indica lo que esto era anteriormente, y también otras representaciones del mismo día.

En las rogaciones no se hacía procesión sino en la feria II. Así es que en un acta capitular de 1535 se dice que las tres procesiones en los tres días eran de uso reciente en esta iglesia. La fiesta del Corpus ya vemos que la instituyó aquí el sacrista Berenguer de Palau, que murió en 1314. Dícelo su inscripción sepulcral, que ya envié. Hacíase su procesión por la mañana, y en ella, además de los gigantones y otros comparsas, se representaban en las plazuelas de San Pedro y del Vino el sacrificio de Isaac, el sueño y venta de José y otras historias sagradas, las cuales ejecutaban los beneficiados de la catedral. En la procesión de la fiesta del Ángel Custodio iba un muchacho representándolo y cantando coplas en lengua vulgar, lo cual se quitó en 1585. En Valencia todavía hay algo de esto.

Los invitatorios de los días clásicos los cantaban doce presbíteros con cirios encendidos. Las antífonas ad Magnificat y Benedictus en estos códices se llaman Antifona in Evangelio, sin duda porque se tomaban de la letra de él. La hora que decimos sexta llamaban alguna vez meridies (siesta, mediodía). A este tenor hay otras mil observaciones que en la historia de nuestros ritos vendrán bien y aquí serían importunas. Escusado es decir que esta iglesia continuó en el uso de sus libertades por lo tocante al oficio eclesiástico hasta los tiempos de San Pío V, cuyo decreto, con el orden del Breviario Romano, no fue aquí admitido hasta el día 4 de febrero de 1574, seis años después que lo publicó y mandó el sobredicho Papa. 

Entonces resolvieron el Obispo y capítulo comenzar el oficio nuevo en las vísperas de la Dominica inmediata de Septuagésima. Consiguiente a esto ordenaron a 10 del mismo mes y año, que en adelante al fin de la misa no se dijese la Salve Regina, según era costumbre inmemorial, sino que en su lugar se dijese el Evangelio de San Juan In principio, según el orden Romano. Conservaron con todo eso algunas cosas propias suyas, tal es la letanía antigua de esta iglesia después de los salmos penitenciales, que no se dejó hasta 1599, en que resolvieron admitir la romana.

Los códices Gerundenses más notables que he visto anteriores a la admisión del nuevo oficio son los siguientes:

I. En la curia episcopal un Breviario cuyas circunstancias expresa el epígrafe que se halla en las tablas de cómputo hacia la mitad del volumen. Dice así: Anno Domini M.CCC.XXXIX. currit aureus numerus in decem: unde fuit Pascha illo anno dominica post VI kal. Aprilis (como si dijera: fue la Pascua a 28 de marzo, la primera Dominica después del día 27 en que cayó el plenilunio: cuenta exactísima) in quo anno Breviarium istud fuit completum per manum Petri Arnaldi de Podiolo (Pere Arnau de Pujol), tunc clerici Sancti Petri de Gallicantu. Est autem Breviarium Vitalis de Blanis Abbatis. Fue este Vidal abad de San Félix desde el año 1337 hasta el 1342, en que fue hecho arcediano mayor y más adelante Obispo de Valencia. El códice es precioso, y de él se tomaron varias curiosidades y copia del oficio de la Concepción y del de Carlo Magno, que se halla al fin añadido cuando se instituyó esta fiesta en 1345. Ya creo haber dicho que esta última fiesta no se guardó siempre en la iglesia de San Félix; mas como su Abad puede residir en la catedral se escribió allí el oficio para esta circunstancia. 

El archivo de la catedral conserva más de treinta volúmenes rituales de varios tamaños, edad y objeto. El más considerable por su antigüedad es un códice que contiene los santos cuatro Evangelios con el índice de las festividades y del texto que en ellas se leía. En él hay mención de pocos Santos Españoles y ninguno Gerundense: llama al sábado feria VII; pone en cada día la estación de Roma. Va copiado este índice (a: Ap. núm. XXXVIII.). Con esto es cierto que el códice es de allá, y acaso uno de los primeros que acá sirvieron en la introducción de aquel rito; porque es indubitable ser escrito en el siglo XI. Y como no es fácil fijar el año, pudo suceder que sea anterior al 1069, en que dicen se admitió el Romano: no siendo irregular que acá se practicase antes de ese año, como se probó de la catedral de Vique. Las cubiertas del códice de madera están adornadas de relieves y figuras: por las fórmulas de obediencia canónica en las primeras hojas se ve que sirvió para estos actos y el juramento que los acompañaba.

Posteriores a este son los misales, pontificales y ordinarios que quedan; algunos de ellos escritos con gran lujo y delicadeza. Es notable que en algunas de las rúbricas que prescriben, dicen estar así mandado in libello Romano. Tal es la de quitar los manteles del altar in modum furantis el día de Viernes Santo, cuando en la Pasión se decía partiti sunt vestimenta, etc. De donde se ha de inferir que otras ceremonias no menos nuevas para nosotros que la sobredicha eran de costumbre antigua y no mendigadas de allende, digo, de más allá de los Alpes. No sé si diga lo mismo de los Kiries, Gloria y Sanctus propios para cada fiesta principal del año. Hay de ellos una colección que he copiado, junto con muchas prosas, todo ms. en el siglo XI, con las notas de canto sin llaves ni rayas. Omito otras curiosidades.

Además de todos estos códices hay la consueta que antes decía, muy completa, escrita en 1360, ya desusada en el día en la mayor parte. De ella se formó otra acomodada al siglo XVI en 1595, la cual está ya también en gran parte anticuada, y de esta se formó en 1656 otra, que es la que rige. En estos libros se ve el origen y suerte de muchas ceremonias. A Dios, etc.

martes, 2 de agosto de 2022

CARTA LII. Concluye el sobredicho catálogo.

CARTA LII. 

Concluye el sobredicho catálogo.

(errata del título corregida) 

Mi querido hermano: No hay preámbulos, sino acabar con nuestra labor. 

Al obispo Fr. Benito de Tocco sucedió 

Juan Beltrán de Guevara, el cual tomó posesión de su silla por procurador a 29 de Abril de 1573. Durole muy poco la dignidad, y murió antes del 5 de Diciembre del mismo año, en que ya administraba la sede el arcediano. Hállase que a 6 de Diciembre del año siguiente 1574 tomó posesión de ella 

Bernardo de Jossa y Cardona, abad comendatario de S. Salvador de Breda desde el 1564: lo fue después de S. Miguel de Cuxá en 1572. También disfrutó poco el obispado, como que murió en esta ciudad a 21 de Septiembre de 1575. Esto consta por las memorias halladas en el monasterio de S. Salvador de Breda. Sucediole 

Pedro de Aragón, hijo de los duques de Segorbe, el cual tomó posesión a 4 de Marzo de 1577, y gobernó por espacio de siete años hasta el de 1584, en que a 28 de Mayo tomó el arcediano posesión de la vacante, como consta en este archivo (lib. Compulsa, fol. 16). Entonces fue trasladado este obispo a la sede de Jaca, y de allí pasó a la de Lérida, donde finalmente murió en 1597. Quédanos de su pontificado en Vique un sínodo en 1581, donde entre otras cosas mandó que los clérigos no usasen de sombreros por las calles, sino sólo de bonete (pileo crucis) a excepción del tiempo de lluvia: item que cada dos meses se rasurasen la corona y barba, no dejando bigotes (mostaxos), ni lo que llamaban la merquesota, que no sé si sería la perilla. También prohibió que nadie se enterrase en la iglesia sin especial licencia suya. No es menos notable que esto la bula que a sus instancias le dirigió el papa Gregorio XIII a 30 de Septiembre de 1580, prohibiendo el abuso que había aquí el día de la Purificación, en que el celebrante, bendecidas las candelas, arrojaba una gran porción de ellas sobre la multitud del pueblo, a que se seguían muchos clamores, irreverencias y desgracias. También he visto en el archivo de la ciudad las instrucciones que este magistrado dio a sus enviados en Roma, donde reúnen muchos cargos y quejas contra el obispo. La distancia del tiempo, la falta de documentos y la poca importancia del negocio, nos excusan de juzgar si eran o no justas. A este obispo sucedió día 3 de Noviembre de 1584 

Juan Bautista Cardona, del cual hablé con alguna extensión, aunque siempre inferior a su conocido mérito literario, en el episcopologio de Tortosa, a donde fue trasladado en 1587. A 12 de Abril de ese año el arcediano ya administraba esta sede. No le fue inferior el que le sucedió, es a saber, 

Pedro Jaime, natural de Paracuellos de Xiloca, colegial de S. Ildefonso de Alcalá, y catedrático allí mismo de teología, después canónigo del Santo Sepulcro de Calatayud y arcediano de Teruel en la iglesia de Zaragoza. Había sido nombrado para la silla de Jaca, que se creyó vacante por promoción de D. Pedro de Aragón a la de Orihuela; mas no habiéndose verificado este segundo nombramiento, tampoco lo fue el primero, y entonces fue provisto en esta iglesia vacante por la traslación del antecesor. Tomó posesión por procurador a 6 de Noviembre del mismo año 1587. El catálogo impreso habla con gran recomendación de su saber, dulzura, rectitud y celo. Nada de ello parecerá ponderado a quien haya leído el sínodo que celebró en 1591, el cual imprimió el mismo año en Tarragona Felipe Roberto, en 4.° Inéditos han quedado los que tuvo en 1593 y 96, cuyas actas originales he visto en el archivo episcopal; de las cuales he extractado algunas noticias litúrgicas curiosas, que omito aquí por no alargar más esta narración. En 1592 consagró la iglesia de nuestra Señora de Monserrate. Por el mismo tiempo se erigió la silla de Solsona, compuesta de parte de este obispado y del de Urgel. Sábese también que instituyó y dotó en su catedral la fiesta de Santa Escolástica, de quien hay aquí una reliquia insigne, como ya se dijo. También construyó a sus expensas la puerta lateral del templo llamada de San Juan, que se derribó con motivo de la nueva fábrica. Finalmente fue trasladado a la silla de Albarracín a principios del año 1597, dejando esta vacante día 10 de Marzo. Allá obtuvo el honor de diputado del reino de Aragón, y murió en 1601 (V. Laasa Bibl de escrit. de Arag.). En esta le sucedió a 16 de Julio del mismo año 1597 

Juan Vila, natural de Cervera (como se cree en aquella ciudad), canónigo de la de Barcelona, y catedrático allí de teología y cánones por espacio de 40 años, varón muy docto y versado en las lenguas hebrea y griega; de cuya doctrina no pudo disfrutar esta iglesia por haber muerto antes de cumplirse el año de su gobierno, en el cual entró a 7 de Octubre de 1598 

Francisco Robuster (o Reboster) y Sala, que de arcediano de Santa María del Mar en la iglesia de Barcelona, y su canónigo, había sido promovido al obispado de Elna. Era natural de Reus en el campo de Tarragona, donde construyó un convento a los PP. carmelitas descalzos. En su ingreso tuvo el sínodo acostumbrado. Otro queda mucho más curioso celebrado en el Junio de 1602, en que mandó que a los enfermos que padeciesen vómito no se les aplicase a la boca la Eucaristía para besarla, según costumbre, sino que la adorasen sólo presentándola desde lejos. Otras particularidades quedan notadas en su debido lugar. A 8 de Septiembre de 1606 se hallaba en Manresa consagrando al obispo electo de Caller Fr. Lorenzo Nieto, monje de Monserrate, con asistencia del obispo de Solsona Luis Sanz, y del de Barcelona Rafael de Rovirola. Nada más sé de nuestro prelado sino que murió en esta ciudad de Vique a 27 de Abril de 1607, y que le sucedió a 13 de Abril del año siguiente 

Onofre Reart, natural de Perpiñan y obispo que ya era de Elna, a cuya silla fue promovido de canónigo penitenciario de Barcelona. Celebró aquí dos sínodos en 1609 y 1610, y en el año siguiente fue trasladado a la silla de Gerona, cuyo gobierno renunció al cabo de algunos años, y murió en su patria. De esta iglesia tomó posesión por procurador 

Antonio Gallart, a 16 de Abril de 1612, obispo también de Elna, y antes canónigo, arcediano y maestrescuela de Lérida. Durole poco el pontificado, y murió a 19 de Diciembre de 1613. Al cabo de 8 años fue llevado su cadáver al monasterio de Escala Dei. Sucediole 

Fr. Andrés de S. Gerónimo, monje del Escurial (Escorial) y su prior. Tomó posesión a 17 de Noviembre de 1614. Queda de él un sínodo que celebró e imprimió en 1618. Trajo a esta ciudad a los PP. jesuitas, fundándoles un colegio con la advocación de S. Andrés. Dotó en su catedral las fiestas de S. Gerónimo y de Santa Eulalia, y murió a 29 de Septiembre de 1625. Duró la vacante hasta el 1627, en que a 28 de Junio tomó posesión 

Pedro Magarola, arcipreste de Vilabertrán, canónigo tesorero de Barcelona, prior de la colegiata de Santa Ana en la misma ciudad, y después obispo de Elna. A los dos meses de su posesión tuvo sínodo. Otro tuvo el año siguiente 1628; el cual existe impreso el mismo año en Barcelona por Gerónimo Margarit. En la misma oficina publicó un ritual de esta diócesi en 1629. 

En él, como en todos los demás de sus antecesores, se hallan impresos en lengua materna ciertos edictos breves, que los curas deben leer a sus feligreses en Adviento, Cuaresma y otros tiempos del año, para hacerles entrar en el espíritu de la iglesia. Medio muy oportuno para que las ovejas oigan de continuo la voz del pastor aun estando ausente. Nuestro obispo fue trasladado a la silla de Lérida en 1634, y en el siguiente le sucedió 

Gaspar Gil, canónigo lectoral de Zaragoza su patria, y antes magistral de Tarazona. Tomó posesión día 3 de Abril por su procurador Miguel de Clariana. Consagrose en Zaragoza a 6 de Mayo. Su primer objeto fue la erección del seminario Tridentino bajo la invocación de S. Joaquín. Casi llegaron a cumplirse los deseos de este sabio y celoso prelado; mas el diablo perdía mucho en ello, y logró ahogar en la cuna un proyecto de que pende en gran parte el bien de cualquiera diócesi. Hallose en el concilio provincial de Barcelona de 1637: en el anterior había tenido sínodo en su iglesia, que he visto original. Puso la primera piedra del convento de religiosas de Santa Teresa, y promovió su fábrica que se concluyó en 1638. En este mismo año a 25 de Agosto murió este obispo, a quien pone entre los escritores la Bibliot. de Latassa (tom. II. pág. 556). Sucediole 

Raimundo de Senmanat y Lanuza, canónigo y arcediano de Barcelona y después obispo de Elna, tomando posesión a 20 de Abril de 1640. Poco tardaron en suscitarse las guerras entre España y Francia que asolaron a este país invadido por las armas enemigas, y engañado con esperanzas que no se cumplieron. Nuestro obispo siguió constantemente el partido del rey católico, con lo cual se vio precisado a marchar a Madrid. Arruinaron entonces los franceses el antiguo palacio episcopal, y los obispos sucesores se vieron precisados a habitar en casas particulares, hasta que reedificándose poco a poco se completó aquel edificio en nuestros días. 

Fue trasladado este obispo a la silla de Barcelona en 1656, y acá le sucedió 

Fr. Francisco Crespí de Valldaura, que tomó posesión a 6 de Marzo del mismo año. Era natural de Valencia e hijo del convento de Santo Domingo de aquella ciudad. Consérvanse allí dos cartas suyas muy notables. Una de Conceptione B. V. Mariae dirigida al papa Alejandro VIII y al rey Felipe IV, de la que habló Marracci (Apend. Bibliot. Marianae, pág. 38): y otra escrita al mismo rey sobre el origen de las tres misas en el día de ánimas, que es la que publicaste ya en el tomo II de mi viaje (pág. 164). Ya viste en ella la costumbre que había en esta diócesi a mitad del siglo XVII de pedir licencia los sacerdotes seculares al obispo o a sus vicarios para decir dos misas en dicho día, y que regularmente no se les negaba. He visto en el archivo episcopal el original de un sínodo que tuvo en Abril de 1657. Luego entendió en la traslación del convento de su orden al lugar que hoy tiene, costeando en gran parte su obra y solicitando para ello varias limosnas. Continuó su gobierno hasta el año 1662 en que murió día 30 de Mayo, hallándose en Barcelona. Trájose acá su cadáver y se enterró en el trasagrario de la iglesia de dicho convento con esta inscripción: Hic iacet D. D. Fr. Franciscus Crespi de Valldaura ord. Praed. episc. Vicen. qui fabricam huius templi incepit, et perficere non potuit, quia obiit die 30 Maii 1662. 

Después de este prelado hallo en los registros de posesiones la noticia de uno omitido en los catálogos impresos, que es 

Braulio Sunyer, natural de la Puebla de Masaluca, diócesi de Tortosa, canciller de competencias de Cataluña, tesorero y canónigo de Tarragona en 1654. Tomó posesión por procurador a 5 de Junio de 1663. En el concilio de Tarragona de 1.° de Septiembre de 1664 asistió con el dictado de Episcopus Vicensis, et electus Ilerdensis. Mas no pasó a aquella silla hasta 12 de Febrero de 1665. Tuvo por sucesor a 

Jaime de Copons, arcediano de Andorra en la Seo de Urgel. Comenzó su gobierno día 25 de Marzo de 1665, y le duró hasta el 1674 en que fue trasladado al obispado de Lérida. Dos sínodos celebró aquí, uno en Abril de 1667 y otro en 1673; mas ni uno ni otro contienen cosa notable. El palacio episcopal le debe gran parte de su restauración. 

Jaime Mas, canónigo de Tarragona y oriundo de la misma ciudad, tomó posesión a 2 de Diciembre de 1674. Celebró sínodos en 1677 y 82: murió a 4 de Marzo de 1684, y fue enterrado en su catedral. En el año siguiente a 21 de Marzo ya estaba en posesión de esta mitra 

Antonio Pascual, catalán, natural de Arenys (de Mar) en la costa entre Barcelona y Gerona, colegial que había sido en el de S. Clemente de Bolonia, visitador general en la diócesi de Toledo, vicario de Madrid, canónigo y arcediano de Gerona, y por último auditor de la Rota romana. Debe a este prelado su diócesi la edición de un sínodo que celebró a 4 de Junio de 1685, donde ingirió un epítome de las constituciones provinciales Tarraconenses, impreso todo el mismo año en Barcelona por Rafael Figueró. Otro tuvo en 1691, de que sólo quedan algunos borradores ilegibles. No fue menor el servicio que hizo a la misma con la completa edición de su ritual en tres tomos impresos en Gerona en 1688 y 89 por Gerónimo Palol. El 1.° es de ritibus et ceremoniis sacramentorum. El 2.° de sepulturis et exequiis defunctorum. El 3.° de variis functionibus ecclesiasticis. Obra muy completa en su clase, y apreciable aun en la parte tipográfica. Otras muchas cosas le deberá que yo ignoro. Gobernó diez y nueve años hasta el día 25 de Julio de 1704 en que murió: fue enterrado en el coro de la catedral. Seis años careció esta silla de la presencia de pastor, no porque no hubiese en todos ellos nombramiento de obispo, como se cree, sino porque las revueltas de aquellos tiempos con las guerras de sucesión lo estorbaron. Yo he hallado en el archivo de esta ciudad la noticia de un obispo desconocido, que fue 

Fr. Baltasar de Montaner, abad de S. Cucufate del Vallés, el cual dio aviso de su promoción al cabildo y magistrado de esta ciudad, con carta fecha a 16 de Mayo de 1705. En su consecuencia los cónsules le destinaron una embajada para darle la enhorabuena el día 19 siguiente. Las turbaciones de aquellos días, o la muerte impidieron su consagración, y aun su posesión. Por lo que no se cuenta entre los obispos de esta iglesia. Hállase también memoria de lo dicho en el abaciologio de aquel monasterio. Lo cierto es que a 30 de Junio de 1706 ya dio la ciudad la enhorabuena por su promoción a esta silla a 

Manuel de Senjust y Pagés, que se hallaba a la sazón en Barcelona, y cuya carta de gracias, fecha a 5 del Julio inmediato he visto en el mismo archivo. Con todo eso tardó cuatro años en tomar posesión de la silla; lo cual verificó el día 1.° de Abril de 1710, y pocos días después hizo acá su entrada pública. Era ya prior claustral en la iglesia de Tortosa y su canónigo a 3 de Febrero de 1691 en que aquella iglesia le dio poderes para asistir al concilio provincial: después fue diputado de Cataluña. Celebró en esta catedral un sínodo en los días próximos a su entrada, y otro en 1714. Prevaleciendo ya entonces en Cataluña las armas de Felipe V, el obispo que seguía el partido de la casa de Austria, se vio precisado a abandonar su silla y retirarse al lugar de la Atmella en el Vallés, diócesi de Barcelona, donde murió a 18 de Enero de 1720. Sucediole el célebre obispo 

Raimundo de Marimón y Corbera, hijo del marqués de Serdañola, nacido en Barcelona en 1679. Concluidos sus estudios en Salamanca pasó a Madrid donde residía su padre, y luego fue nombrado canónigo y arcediano mayor de Tarragona, en cuya iglesia vacante por causa de las sobredichas guerras de sucesión tuvo el oficio de vicario general y gobernador apostólico, con nombramiento particular del papa Clemente XI. Con esto pudo ensayarse para el gobierno de la iglesia de Vique, a que fue promovido en 1721, y de que tomó posesión a 8 de Marzo. Consagrose a 1.° de Mayo en su misma patria, a la cual no volvió jamás. Quédanos un sínodo que tuvo en su entrada, es a saber, en el 26 de Junio, impreso el mismo año 1721 en Barcelona por Jaime Suria. De su doctrina, rectitud, mansedumbre, y demás virtudes personales y pastorales habló largamente el P. Antonio Codorniu jesuita, en la vida de este prelado que publicó en Barcelona 1763, y con mayor elegancia en la latina que imprimió Onofre Prat de Saba, ex-jesuita en Ferrara 1785, con el título Imago optimi episcopi. En el necrologio de esta iglesia se dice de él: ex divite pauper pro inopibus effectus, et tamquam strenuus miles pro ecclesiastica libertate decertans. Alude esto a los cuentos que pasaron entre él y D. Pedro Arredondo, comisionado regio para el impuesto de los millones, y a otros acaecimientos en que echó mano de las censuras y de todo el rigor de la iglesia. Murió a 16 de Enero de 1744. Fue enterrado en el pavimento de la capilla de S. Bernardo Calvó, al lado de la epístola. Sucediole 

Manuel Muñoz y Guil, natural de Murcia, colegial de S. Clemente en Alcalá, y allí mismo catedrático y canónigo. Tomó posesión de esta silla a 5 de Septiembre de 1744. No tardó muchos meses a celebrar sínodo. Otro tuvo más adelante en que proporcionó a su esposa un bien sólido, con la colección de sinodales establecidas por sus predecesores, las cuales publicó en un vol. en 4.° impreso en Vique por Pedro Morera 1748. El mismo año publicó una sabia pastoral, dando varios documentos a los fieles de todas clases. Dos más publicó en 1751, una dirigida solamente a los eclesiásticos, y otra a los padres sobre la crianza de los hijos. Más transcendental y duradero fue el bien que hizo a su iglesia con la erección del seminario conciliar, inútilmente intentada por sus antecesores, a cuyo establecimiento logró que se aplicasen las anatas de los curatos con bula apostólica que para ello alcanzó. Por todos estos títulos será memorable su pontificado, aunque sólo duró siete años, esto es, hasta el día 30 de Septiembre de 1751 en que murió. Hállase su entierro en la sobredicha capilla de San Bernardo al lado del evangelio. De allí a un año, es a saber, a 26 de Septiembre de 1752 estaba ya en posesión de esta silla 

Fr. Bartolomé Sarmentero, de la orden de S. Francisco, autor de un curso de teología que se imprimió 1750. Celebró luego un sínodo que se publicó en el mismo año de su entrada en Vique por el citado Pedro Morera. También se imprimieron las ordinaciones que estableció con su capítulo tocantes al régimen de los divinos oficios &c. Decretó el plan general de reunión de los beneficios de toda la diócesi. Construyo una casa de convalecencia. Ocupado en estos y otros útiles proyectos murió a 6 de Diciembre de 1775, y fue sepultado en la capilla de S. Bernardo. Le sucedió 

Fr. Antonio Manuel de Artalejo, natural de la villa de Cienpozuelos, diócesi de Toledo, y ex-general de la orden de la Merced. Tomó posesión a 8 de Junio 1777. Quedan acá buenas memorias de su vigilancia en el gobierno, visita y consuelo de sus ovejas, especialmente en el aumento del seminario, que como tierna planta padecía mucho en los pagos de anatas y otros réditos. También le llevó su atención la indispensable renovación del templo de su catedral, varias veces intentada por sus antecesores. Su ánimo firme y resuelto no reparó en entrar en tan costoso proyecto sin otros auxilios para continuarlo más que la liberalidad de los hijos de esta iglesia. Él por su parte ofreció 2 mil (signo) libras anuales, y los réditos que le pertenecían de las pavordrías: otras 2 mil libras ofreció el capítulo. Con esto solo se trató de derribar desde luego el templo viejo, y poner la primera piedra del nuevo; lo cual se verificó a 24 de Septiembre de 1781. En tanto pasó la residencia al convento de los PP. dominicos. La historia estará siempre quejosa de los subalternos que entendieron en aquella demolición; porque sin atender a los oportunos avisos del prelado y de los sabios individuos de la iglesia, y sin contar con la posteridad, ni con los buenos servicios recibidos de los enterrados en aquel venerable templo, destruyeron sus sepulcros con todos sus adornos e inscripciones. El obispo sobrevivió poco a esta época, y murió a 18 de Junio de 1782. Con motivo de la obra de la iglesia fue depositado interinamente su cadáver en la del convento de su orden de esta ciudad, de donde fue trasladado a 7 de Noviembre de 1804 a la catedral, y a la nueva capilla de la Concepción, cuyo altar se construyó a sus expensas, dejando allí también una lámpara de plata. Sucediole el actual prelado 

Francisco de Veyán y Mola, nacido a 25 de Abril de 1734 en la villa de Tamarite de Litera, reino de Aragón y obispado de Lérida, colegial en el mayor de S. Vicente de Huesca, y catedrático allí mismo de cánones, doctoral de Tarazona, y sucesivamente de Zaragoza, y después arcediano mayor de Santa María de la misma iglesia, donde obtuvo los cargos de canciller de competencias, sub-colector de espolios y vacantes, juez de cruzada y vicario general en la vacante por muerte del arzobispo D. Bernardo Velarde en 1781. Fue promovido a esta silla dos años después, y las bulas están fechas a 15 de Diciembre de 1783. Tomó posesión en 21 de Febrero del año siguiente, fue consagrado en Zaragoza a 14 de Marzo, y vino a esta ciudad el 23 de Mayo. Su primer cuidado debió ser la conclusión del templo actual, comenzado por su antecesor, proporcionando varios auxilios al efecto; entre los cuales logró de S. M. Los réditos de la capiscolía vacante por diez años y después hasta 21. Contribuyó con 2500 libras anuales de su mensa, costeó varios altares, cancel y otras obras; y por último hizo la consagración de la iglesia día 15 de Septiembre 1803, fijando ese mismo día para la fiesta de la Dedicación en lugar del 31 de Agosto en que se celebraba la del templo antiguo, construido por su antecesor Oliva. El seminario conciliar le mereció mucho más su atención. En la vacante del Sr. Artalejo se estableció una concordia sobre el pago de anatas, renta principal de aquella casa; la cual no cortó del todo las quejas de los párrocos contribuyentes, ni los motivos de ellas. Verificose esto con un nuevo arreglo y decreto del consejo real, con el que se aseguró de un modo equitativo y suave la subsistencia del seminario; a quien también aplicó otras rentas, con que mejoró su edificio, aumentó el número de colegiales y el salario de maestros de primeras letras, gramática y retórica, fijó la dotación de las cátedras de filosofía y teología que no la tenían, y por último logró que quedase esta casa incorporada con todas las universidades de España. Extendiose su celo al cuidado y educación de los expósitos, logrando con repetidas instancias que se estableciese casa para recogerlos, y que el rey aplicase a su dotación la décima del fondo pío beneficial de esta diócesi: instituyó y dotó allí un maestro de primeras letras, y una maestra para las niñas. En suma la casa está en un pie respetable, y he visto mantenerse en ella en el día más de ochenta expósitos de ambos sexos. El palacio episcopal arruinado en las guerras de los años 1640, y reedificado lentamente por los prelados, le debe su total perfección por haber construido la parte de norte colateral a la iglesia, que por estar destruida presentaba un aspecto indecente; logrando en ello otro bien, que fue ocupar en esta obra y la de la casa de expósitos a muchos pobres artesanos, cuyas manufacturas se hallaban arruinadas por la guerra con los ingleses. Omito otras obras de celo y caridad que deben tenerse por supuestas y sabidas. Lo que no callaré es la institución de una biblioteca pública que hacía gran falta en esta ciudad subalterna. Por de contado estaban destinados a este fin los libros de los ex-jesuitas; mas estos se veían, como hoy quedan en algunas ciudades, ocupando inútilmente los desvanes, y alimentando polillas y ratones. Deseoso del bien público nuestro prelado, lo primero que hizo fue escoger y costear la fábrica material, tomando del piso segundo de los claustros de la iglesia dos ángulos, y adornándolos decentemente, hasta hacer que en sus ventanas se guardase el mismo gusto gótico de todo el luneto de los claustros. Colocó los libros ya dichos, y los que él tenía de varias facultades y erudición antes de ser promovido a esta dignidad, y una gran porción de otros traídos y comprados a gran costa, que en todo compondrán el número de siete mil volúmenes, sin contar otros tres mil propios de este prelado destinados ya a aquel depósito. Añadió a este establecimiento un pequeño museo de historia natural del país, que espera su aumento y perfección de los prelados sucesores. La biblioteca, que ya tiene nombrado y dotado el bibliotecario, sólo aguarda la conclusión de los índices para exponerse al público. Este es uno de los bienes más sólidos que un obispo puede hacer a su diócesi. 

He tenido la complacencia de ver mi catálogo de obispos, pintado antes que impreso. Porque luego que este prelado leyó mi trabajo sobre el episcopologio antiguo y moderno, resolvió adornar con los retratos de medio cuerpo de sus antecesores el salón de sínodos dispuesto para ello con buena proporción, ordenando por sí mismo los epígrafes latinos de cada uno de ellos. Las pinturas son decentes, obra de Mariano Colomer y Luciano Romeu, naturales y vecinos de Vique. Nada más digo de este prelado, dejando a los venideros la relación de otras cosas que ahora ofenderían su modestia. A Dios. 

Esto se escribió a principios del año 1806, que es cuando hice el viaje a aquella iglesia. Las turbulencias que de allí a dos años sobrevinieron a nuestra Nación, así como no permitieron imprimir lo escrito, también quitaron a este sabio prelado la proporción de completar la ilustración de su diócesi. Porque no eran aquellos tiempos sino para atender a lo más necesario, que era la defensa de la patria, y la asistencia y consuelo de los fieles invadidos por un ambicioso usurpador. Lo que en esta ocasión padeció la ciudad de Vique, y lo que por ella y por el alivio de sus vecinos hizo este verdadero pastor en las dos veces que la subyugaron los franceses, él mismo a instancias mías me lo refirió en dos cartas muy largas que me escribió en los años 1809 Y 1812; las cuales entre otras muchas con que frecuentemente me honraba, conservo con el aprecio que se merece un obispo tan literato y virtuoso. Acusáronle porque no había abandonado su grey, cuando entraban a devorarla los lobos. Tal era el fanatismo de lo que algunos llamaron entonces amor de la patria. No censuro la conducta de nadie; pero no puedo dejar de encarecer el esfuerzo apostólico que tuvo este obispo de Vique, que acordándose de la doctrina y ejemplo de S. Agustín (Epist. ad Honoratum), y sabiendo que la tempestad no venía solamente sobre su persona, sino sobre el pueblo que Cristo le había encomendado, no sólo no abandonó la diócesi, sino ni aun la sede y palacio; en el cual se le entraron los generales franceses Saint Cyr y Suchet, y de ellos fue acatado y de todos sus subalternos, a pesar de la franqueza y constancia con que en varias ocasiones les acriminó su usurpación y defendió los derechos del rey Fernando VII. Los lances que en esto hubo de gran peligro para el obispo, y de no poco provecho para su feligresía, se hallan prolijamente y con mucha modestia referidos en las cartas sobredichas. Las cuales tenía resuelto imprimir aquí, para que sirviesen de apología de su autor, y desengaño de los que de palabra y de obra tiznaron su conducta en esta parte. Pero viendo que son muy largos estos escritos, y que tanto me falta que andar en los míos, he mudado de propósito, confiado en que acaso hará otro por sí y separadamente este oficio de justicia debido a la virtud y memoria de tan sabio prelado. El cual murió de edad de 82 años, 8 meses y 5 días a la una de la tarde del 30 de Diciembre de 1815. Fue enterrado en el plano de la capilla de nuestra Señora del Pilar, construida a sus expensas, donde se le puso la siguiente inscripción que él dejó mandada en su testamento, encargando que no se le pusiese otra:
Hic iacet Franciscus Veyan et Mola, episcopus Vicensis. Praefuit huic sanctae ecclesiae triginta duobus annis et quindecim diebus. Obiit die 30 Decembris anno 1815. Orate Deum pro eo. Era de estatura regular, grave en su trato, firme en sus resoluciones, suave con los necesitados, pronto para cuantos le buscaban, y con todo eso tan amante del retiro, que bien solían pasársele los diez y los doce meses sin salir de su palacio más que para los oficios episcopales.