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domingo, 27 de agosto de 2023

I. Canto de Lelo o de los Cántabros

I. 

Canto de Lelo o de los Cántabros.

Entre los monumentos literarios que se conservan en lengua euskara no hay ninguno que haya alcanzado la justa celebridad del Canto de Lelo, que ha dado origen a grandes controversias así entre los más notables escritores del país como entre los extraños que se han ocupado más o menos de las cosas de la tierra vascongada. 

Este canto, cuya antigüedad se hace remontar a los primeros años que siguieron a la guerra cantábrica, y que ha permanecido ignorado hasta que en 1817 lo dio a conocer el sabio Guillermo de Humboldt en sus Adiciones al artículo del Mitridates de Vater sobre la lengua vascongada (1) reúne a su vetustez una innegable importancia histórica y filológica, y de ahí que haya sido objeto de tan detenido análisis, y que se hayan 


(1) Berichtigungen und Zusätze zum erstem Abschnitte des zweyten (zweiten) Bandes des Mitrhidates über die Cantabrische oder Baskische Sprache, von Wilhelm von Humboldt. Berlin, 1817. In der Vessischen Buchhandlung. - En 8.° de 93 páginas. - (Páginas 84-89.) - "Correcciones y adiciones a la primera sección del segundo volumen de la obra intitulada, “El Mitridates, sobre la lengua cantábrica o vascongada."

ocupado de él con más o menos extensión en este siglo escritores de tanta valía como el ya citado Humboldt, Moguel, Fauriel, Chaho, Marrast, Abbadie, Aizquibel, Michel, Araquistain, Trueba y otros muchos.

¿Cuál es el origen de este canto? ¿cuál su data?

¿Cómo, dónde o cuándo ha sido hallado?

He aquí las primeras preguntas a que es preciso contestar antes de entrar en el análisis de esta importantísima composición.

Existía en Vizcaya a fines del siglo XVI un escribano de Zornoza llamado Juan Íñiguez de Ibargüen, (1: Este es su verdadero nombre y no Ibáñez de Ibargüen, como le han apellidado al citarlo Lafuente, Michel, Rodríguez Ferrer y otros escritores) muy aficionado a los estudios históricos, el cual iba reuniendo con el título de Crónica general de España y sumaria de Vizcaya, una gran colección de memorias y papeles curiosos, que en 1588 formaban ya hasta ciento ochenta y cuatro cuadernos distribuidos en tres libros, cuyos originales, aunque incompletos y muy estropeados por la acción del tiempo y por las vicisitudes que han corrido, se conservan aún hoy en la antigua casa de D. Federico Mugártegui, de Marquina.

Comisionado por Vizcaya, Íñiguez de Ibargüen recorrió en busca de datos útiles al país y principalmente de noticias de armas de las casas solares del Señorío, los archivos de San Pedro de Cardeña, de Oviedo, San Juan de Lausame (Lausanne), de Galicia, Santa María la Real, de 

Nájera, Valladolid, Simancas, y otros, y en este último, a donde marchó acompañado de otro sujeto muy instruido, expresamente enviado por el Señorío, que sospechaba se trasladaron a los archivos castellanos importantes documentos de Vizcaya, después de su incorporación a Castilla en 1371, halló el escribano de Zornoza un pergamino, que por su estado acusaba una gran antigüedad, y que contenía varios versos vascongados, harto oscuros unos, del todo ilegibles otros.

Íñiguez de Ibargüen examinó detenidamente aquel interesante documento, copió de él todo lo que podía leerse, y los versos que contenía, acompañados de una traducción todo lo fiel que se le alcanzó, los incluyó en el cuaderno 71 de su Crónica, inédita aún en nuestros días. A principios de este siglo, allá por los años 1800 a 1804, comisionado por la Real Academia de Berlín pasó a París el sabio Guillermo de Humboldt, con objeto de practicar algunas investigaciones filológicas; tuvo ocasión de examinar en la Biblioteca imperial una traducción en lengua euskara de la Biblia, (1: Probablemente el Nuevo Testamento traducido por Jean de Leizarraga, de Briscous, impreso en la Rochela, en casa de Pierre Hautin; en 1571) varias oraciones, y otros trabajos en vascuence, y sospechando que esta lengua podría quizás servirle de mucho en sus estudios, adquirió el Diccionario trilingüe del P. Larramendi y otras obras que halló a mano, pero no satisfecho con esto se decidió a venir en persona al territorio vascongado, donde pudiera oír hablar el euskara y tratar con personas versadas en su conocimiento.

Llegó a San Sebastián, y desde esta Ciudad el ilustre Conde de Peñaflorida lo dirigió a Marquina, y de allí pasó a Durango, en donde conoció al Presbítero Beneficiado de aquella iglesia y notable vascófilo D. Pedro Pablo de Astarloa.

Intimado con este y con el no menos distinguido Presbítero D. Juan Antonio de Moguel, con quienes trabó estrecha amistad, el sabio alemán pasó algún tiempo en Vizcaya, llegó a adquirir grandes conocimientos en la lengua euskara, cuya admirable estructura y mecanismo llamaron extraordinariamente su atención, y en esta excursión tuvo noticia y ocasión de examinar el célebre canto salvado por Íñiguez de Ibargüen, que pocos años después dio a conocer al mundo científico en sus Adiciones al Mitridates. Tal es el origen de este documento, cuyo autor y procedencia se ignoran, pues aunque se conoce que Íñiguez de Ibargüen indicaba en su Crónica manuscrita de donde lo sacó, cabalmente el cuaderno que lo contiene es de los que se hallan en peor estado, y falta justamente un gran pedazo a la hoja donde parece correspondían dichos datos. Se ha culpado a Íñiguez de Ibargüen de desidioso, o cuando menos de poco curioso por no haber reproducido íntegro dicho viejo pergamino, y justo es librarle de tal acusación, pues el diligente escribano de Zornoza hizo cuanto pudo de su parte, salvando de aquel importante documento todo aquello que alcanzó a descifrar.

En justificación de ello me valdré de sus propias palabras tomadas literalmente del citado cuaderno 71 de su Crónica manuscrita, que como dejo dicho se conserva aún en Marquina.

“Por este orden referidas - dice después de reproducir textualmente las diez y seis estrofas que nos ha legado del citado canto - yba este cantar contando toda esta historia que habemos dicho atrás en este capítulo de las guerras civiles que en cinco años Octaviano César Augusto hizo en esta Provincia Cantábrica, y aunque esta hereciat (1) tenga otros muy muchos versos rodados tan solamente dellos he tomado los diez e seis primeros, porque los demás estaban carcomidos, y los pongo aquí para el que fuere bascongado, contentándome con solo ellos ebitando largueza importuna de los demás, que el pergamino está muy roñoso e viejo."  

(1) A este canto y otros semejantes se designaba con el nombre de eresiac, voz que según el mismo Ibargüen “quiere tanto decir como cantar de historia verdadera."

La voz eresia se emplea ya hoy con alguna más amplitud en los diversos dialectos, usándose en el concepto general de narración histórica, leyenda o cuento triste. 

Sentados estos antecedentes, cúmpleme ya entrar en el análisis detenido de esta composición y en el examen de su fondo así como de su forma poética.

El Canto de Lelo es un resumen de la guerra cántabro-romana.

El poeta describe esta titánica lucha, con señas de ser la de Augusto, de haber durado cinco años con cerco de mar y tierra; niega a los romanos el triunfo o la victoria completa en estas montañas como lo lograron en los llanos; atribuye tal fortuna por parte de los vascos a su indomable valor, a lo fragoso de los bosques en donde combatían, y a la facilidad que hallaban para sus retiradas, y asienta que al fin se ajustaron las paces amigablemente, dándose el lado y no abatiéndose, que era cuanto humanamente podía pedirse a un exiguo número de combatientes contra ejércitos enteros, mejor provistos de armas y de víveres.

Tal es el argumento de esta composición, cuyos hechos se refieren como si acabaran de suceder, haciendo suponerla así de una remotísima antigüedad. Ha llamado principalmente la atención en este canto su estrofa primera, que la mayor parte de los escritores juzgan ajena al resto de la composición, y cuya interpretación, verdadero tormento para los comentadores, ha dado origen a numerosas conjeturas y a las más extrañas versiones.

"La primera estrofa - dice Humboldt en sus ya citadas Adiciones al Mitridates - se refiere a una tradición que Ibargüen cuenta y que corrobora con el testimonio de una obra antigua. Lelo era un hombre de mucha fama en Vizcaya. Durante la campaña que se vio obligado a hacer fuera de su país, su esposa Tota (: Toda) tuvo una intriga amorosa con un tal Zara, de cuyas resultas quedó encinta. Lelo volvió y los dos amantes se unieron para quitarle la vida. Este asesinato se realizó, pero el atentado fue descubierto y quedó resuelto en una asamblea del pueblo que los dos adúlteros fueran desterrados del país, y que al principio de cada canto se hiciera mención del desgraciado Lelo. (1: El distinguido literato guipuzcoano D. Juan Venancio de Araquistain ha escrito sobre esta tradición popular su preciosa leyenda Léhloh, que forma parte de un Legendario popular dado a luz en los folletines de La Correspondencia Vascongada, periódico publicado de 1869 a 1870 en Bilbao por los Sres. D. Juan E. Delmas y D. Antonio de Trueba.

Las personas de edad - añade - se acuerdan aún en efecto de un aire, cuyo estribillo decía:

Leluan lelo En Lelo, Lelo

Leluan dot gogo. En Lelo, yo pienso, 

y el proverbio bascongado Bethico Leloa, el eterno Lelo, del cual se sirve contra la repetición muy frecuente de una misma cosa, parece referirse a esta tradición." 

Mr. Fauriel (1) se hace eco casi en idénticos términos de esta tradición, de un extraño parecido con la de Agamenón, y afirma también que la asamblea del pueblo reunida inmediatamente después del asesinato del sobremanera querido Lelo acordó la expulsión del país de los culpables, y que todos los cantos nacionales se encabezaran en lo sucesivo con una estrofa en que se lamentara tan gran desgracia, para honrar así la memoria del valiente jefe cántabro y perpetuar el sentimiento de su muerte.

"Por singular que pueda parecer esta historia, - añade - hay un proverbio basco que se refiere a ella y parece atestiguar, si no su verdad al menos su popularidad.

"Bethico Leloa, esto es, eterno como Lelo, dícese de toda cosa muy repetida."

Por su parte M. Michel (2) cita dos composiciones de la colección de poesías vascongadas de Bernardo de Echepare, publicadas en Burdeos en 1515, en las que se encuentra repetido el mismo estribillo de Lelo.

En efecto, en la última estrofa de la que lleva por título Potaren Galdacia (la petición del beso), se lee un verso que dice:

Eta Lelori, bay Lelo, pota franco, vercia nego... 

y que ha sido traducido por M. Archu: “Oui, je donnerai á Lelo, á mon Lelo, des baisers à profusion, mais qu' il ne touche pas au reste...”

La segunda composición citada que es una Sautrela o paso de danza, (3) termina así:

(1) Histoire de la Gaule meridional sous la domination des conquérants germains, tomo II, apéndice número III.

(2) Le Pays Basque, páginas 229 y 230.

(3) Véase tomo II (serie I) del Cancionero, páginas 10 a 15. 

Etay Lelori, bai Lelo, Leloa zaray, Leloa. 

(Y he aquí a Lelo, sí Lelo, tú eres Lelo, Lelo.)

La palabra Lelua, tomada indudablemente del nombre del famoso jefe cántabro, ha pasado también al lenguaje con la significación de canto, refrán, (lelua, leloa) o sonsonete continuo, (bethico lelua), y así se ve usada por Oihenart (1) y Moguel. (2)

Todos estos datos corroboran, en mi sentir de una manera indudable, la existencia de la popular tradición y su remotísima antigüedad, dando por otra parte todos los visos de verosimilitud a la existencia de Lelo y a su trágico fin.

Ha habido, sin embargo, algunos escritores que huyendo de esta interpretación, en mi humilde opinión natural y lógica, a la tan controvertida estrofa primera del Canto de Lelo, se han metido en el terreno de las conjeturas y han torturado su fantasía para hallarle distinta explicación, ofreciendo como resultado de sus desvelos las más extrañas versiones.

En este caso se cuentan Chaho, Aizquibel, Michel, y otros laboriosos  e ilustrados vascófilos.

Agustín Chaho, (3) después de convenir en que todos los cantos euskaros antiguos comenzaban con la estrofa que encabeza el descubierto por Ibargüen, añade:

(1) Entre los Proverbios Bascos de este escritor, impresos por vez primera en París en 1657, aparece con el número 189 el siguiente:

Gueroa alferraren Leloa, que equivale a “El después (o el mañana) es el continuo refrán o la canción del perezoso.”

(2) Vocabulario con que termina su notable obra inédita "El doctor Peru Abarca."

(3) Histoire primitive des Euskariens-basques; langue, poesie, moeurs, et carácter de ce peuple. - Introduction á son histoire (,) Bayona, 1847. Tres volúmenes en 8.° mayor. 

"Los comentadores han tenido la ocurrencia de convertir a este Lelo en un Agamenón vizcaíno, a quien un tal Zara mató en un acceso de celos; pero no han considerado que un hecho tan vulgar no merecía que se diese una consagración secular al citado estribillo. Sobre todo no han parado la atención en que ese pretendido nombre de Lelo en cuatro letras lleva dos veces el artículo sufijo que la declinación euskaro-cántabra no usa nunca en los nombres propios.

Lelo, leloa, no puede ser, por consecuencia, un nombre propio de hombre, como tampoco puede serlo la palabra Zara.

Lelo, leloa, significa aquí la gloria, la fama, el lustro de la nacionalidad ibérica, como Zara designa la antigüedad, la vetustez.

Este texto, que ha dado la vuelta por Europa desde que Humboldt le prestó el apoyo de su autoridad científica, ha sido, pues, mal traducido hasta aquí. La traducción debía ser:

¡Acabó la gloria! ¡Murió la gloria, nuestra gloria! 

¡La vejez ha dejado perecer la gloria (,) nuestra gloria!”

Ni el hecho de la muerte de Lelo me parece tan vulgar como supone el Sr. Chaho, tratándose como se trata de un héroe de tan relevantes condiciones y tan querido como la tradición nos presenta a Lelo; ni las razones gramaticales en que el benemérito y desventurado escritor euskaro apoya su opinión son, en mi humilde sentir, tan concluyentes como pretende, ni, por último, me satisface la interpretación dada a la estrofa en cuestión ni la hallo siquiera ni remotamente verosímil.

Además, y aun suponiendo que quisiera aceptarse la versión de M. Chaho como la más exacta sería preciso enseguida volver a interpretarla para saber cuál pudo ser el origen, cuáles las causas de que se aceptara esa estrofa como estribillo común con el que se encabezaran todos los antiguos cantos euskaros, como reconoce el mismo escritor respecto a la que inicia el Canto de Lelo, y sabe Dios a dónde se iría a parar al cabo de tantas interpretaciones y de tantos comentarios.

Finalmente, y como manifiesta muy bien el señor Trueba, (1: El Canto de Lelo. Artículo publicado en la Ilustración española y americana. Año XIV. N.° VII, correspondiente al 25 de marzo de 1870, páginas 91 a 94.) 

algo dicen también y alguna autoridad merecen el constante testimonio de la tradición, y la unánime opinión de la crítica que dicen ser el nombre de Lelo el de un héroe popular muerto por un joven llamado Zara.

Más peregrina aun, y no menos infundada, me parece la opinión de Aizquibel, que he tenido ocasión de ver en unos apuntes manuscritos e inéditos sobre literatura bascongada, de puño y letra de este distinguido y laboriosísimo escritor.

“Yo creo – dice – que en lugar de aquella canción que cantan las nodrizas para adormentar (2: Verbo anticuado al que ha sustituido en nuestros días el equivalente adormecer) los niños, que empieza así:

Lua, lua, lua,

Lo, lo, lo, 

Gure umea

Lo dago, etc.,

inventó algún poeta del tiempo del Doctor Cachupin (1) para hacerla puramente vizcaína, pues en Guipúzcoa no he oído más que el tonillo de las nodrizas y niñeras con unos cuantos versos que varían según las épocas, con la tonadilla arriba puesta, que se repite al fin de cada verso." (2) 

En mi humilde opinión, la popular canción o estribillo que cita Aizquibel, por mucha que sea su antigüedad, no data de tan larga fecha como el Canto de Lelo, ni aun quizás de la época en que este fue hallado por 

Íñiguez de Ibargüen, y no veo tampoco analogía alguna entre ambos, por más que se pretenda traerla por los cabellos.

El ilustrado catedrático de la Universidad de Burdeos, M. Francisco Michel, ha querido también echar su cuarto a espadas en el asunto, (3) y ha acudido nada menos que al Romancero español, tratando de hallar en él explicación a la enigmática estrofa.

(1) Hay quien supone que este doctor Cachupin sea quizás el autor o el rebuscador al menos del Canto de Lelo, fundándose en las siguientes lineas que acerca de él se leen en el cuaderno 65 de la Crónica manuscrita de Íñiguez de Ibargüen:

"...y el mismo Doctor Cachopin (: Cachupin) da fée deciendo haber visto cerca de lo arriba dicho y de otras muchas antigüedades desta Vizcaya algunos papeles instrumentos y scripturas auténticas y de mucha fée e crédito antiquísimas, scriptas algunas dellas en su lengua bascongada y otras en latín correcto y otras en latín perfecto y natural y en cueros de animales curados y también ttosas y cortezas de árboles adobadas y sus letras y caracteres aunque con grande trabajo y dificultad se acabaron de leher y se dejaron bien entender..."

El mismo Íñiguez de Ibargüen cita en su obra entre los que se han ocupado de antigüedades y casas armeras de Vizcaya al Doctor García Fernández Cachopin.

(2) Al final de cada estrofa debe decir indudablemente, por más que esta confusión de términos sea harto común.

(3) Le Pays Basque, p. 230. 

Sin negar la verosimilitud de la antiquísima tradición relativa a Lelo, cuéstale trabajo el creer que la primera copla del histórico canto haga relación a esta particularidad, y expone su opinión sobre ella en estos términos: 

"En mi sentir, lelo il lelo... etc., no es otra cosa que un refrán, una especie de flon-flon, de trá lá lá, derivado del español hélo (he aquí), por el que comienza aquel antiguo romance:

¡Hélo, hélo, por do viene

el infante vengador

caballero á la gineta

en caballo corredor... "

En mi pobre concepto, la interpretación de Michel es tan infundada como las dos anteriores, y más absurda aún que aquellas, y después de haberlas visto todas me corroboro aún más en la interpretación de esta tan zarandeada estrofa admitida por Íñiguez de Ibargüen, Humboldt, Fauriel, Moguel, Trueba, y otros muchos escritores, que ante estas otras caprichosas versiones, nacidas de la torturada imaginación de sus autores, me parece más natural, más lógica, y sobre todo más exacta y verosímil. 

Pero no es esta sola estrofa, origen de tantas controversias, el único punto oscuro del Canto de Lelo. Todavía quedan en él uno que otro pasaje oscuro, y alguna palabra de significación no bien definida, a pesar del detenido análisis y del serio estudio de que ha sido objeto por parte de la mayoría de los vascófilos, y muy especialmente del venerable y erudito cura de Marquina D. Juan Antonio de Moguel, cuyos trabajos han aclarado muchos puntos antes dudosos.

El lenguaje de este fragmento es rudo y verdaderamente primitivo, abundante en arcaísmos y en voces perdidas ya y totalmente desconocidas; se nota una gran concisión y dureza en la construcción de las frases; faltan casi todos los verbos de enlace, y el tono general que en él domina muestra, en fin, un carácter de originalidad especial.

Las solas alegorías que existen, en número de dos, y que pueden verse en las estrofas XII y XVI, son de una extremada sencillez, y aun puede decirse que tan pobres de ideas, que cualquier poeta de época más reciente se hubiera desdeñado de usarlas.

El vascuence denota una gran antigüedad, y las voces en él empleadas son puramente euskaras, y exentas de toda mezcla extraña.

El canto entero se halla escrito en estrofas cortas de a cuatro versos, sin que se note en él verdadera rima, aunque por casualidad se encuentran dos en las estrofas V y VI, y aun también en la XII, y dos asonancias en la II y VIII. El último verso de cada estrofa que termina siempre en a, y solamente una vez en ac, da no obstante al conjunto algo que sabe a rima y cierta armonía musical.

Los tres primeros versos de cada estrofa, salvo contadas excepciones resultado quizás de defectos de copia, son de a cinco sílabas, y el cuarto de a tres y formado en casi todas ellas por una sola palabra trisílaba, reúne los versos de cada estrofa, y separa a estas unas de otras de una manera agradable al oído.

Todo, en fin, revela en este canto, que muestra bajo sus diversos aspectos un sabor y un carácter verdaderamente primitivos, un sello de vetustez y de gran antigüedad.

Como sucede, sin embargo, con todos los documentos de esta índole, no ha faltado quien haya dudado de su autenticidad, o a lo menos quien le ha supuesto de una fecha mucho más reciente de la que se ha señalado como origen a esta composición.

Varios son los escritores que han manifestado su opinión en este sentido; no obstante, son tan escasas como débiles la mayor parte de las razones que han expuesto en pro de esta tesis, y apenas si merecen una seria refutación.

En todas las cuestiones ha sido siempre y es tan fácil negar, cuanto es difícil probar de una manera sólida o incuestionable la fuerza de las razones en que se apoya la negación, y esto mismo sucede, en mi concepto, con las objeciones presentadas contra la autenticidad del Canto de Lelo.

Entre los argumentos de más peso que se han expuesto, se cuenta el relativo a la palabra Vizcaya que en él se emplea, y que no aparece en la historia hasta época muy posterior a la de la guerra cantábrica; duda mostrada primeramente por Humboldt en sus "Correcciones y Adiciones al Mitridates", y reproducida después por la mayor parte de los que consideran apócrifa dicha composición.

La razón, empero, no me parece ni tan sólida ni tan convincente como puede creerse a primera vista; pues, si bien es cierto que el nombre de Vizcaya o Bizcaya, como quiera escribirse (Bizcaia), así como también los de Guipúzcoa y Álava, no se encuentran en las obras de los historiadores antiguos hasta época posterior a la de la entrada de los árabes en España, posible es también, y más que posible, que esos nombres privativos del país sólo estuvieran en uso entre sus habitantes sin que llegaran a noticia de los extraños, como ha sucedido con otros muchos de la tierra euskara. De esta opinión participa el sabio jesuita y eruditísimo vascófilo P. Manuel de Larramendi, que tratando de la materia expone su juicio en estos términos en las páginas 111 a 113 de su notable Discurso Histórico sobre la antigua famosa Cantabria: (1: Madrid, 1736. imprenta de Juan de Zúñiga. Un tomo en 8.° de 420 páginas, más 38 de Prólogo, aprobaciones y demás, y seis al final de Tablas.) 

"Viniendo en particular a los nombres de Bizcaya, Guipuzcoa y Alaba, puede dudarse, si desde el principio de su población tuvieron las tres Provincias essos nombres proprios de su lengua: o no siendo assi, en 

qué tiempo se les impusieron? El tiempo en que empiezan a oírse en nuestras Historias, es mucho después que entraron los Moros en España. Pero es cierto, que no se pusieron entonces los nombres de Bizcaya, Guipúzcoa y Alaba: lo primero, porque los Historiadores no los inventaron, antes escribieron los que ya tenían entonces las tres Provincias. Lo segundo, no se halla razón ni sucesso, por el cual se pusiessen esos nombres como nuevos, ni que los Bascongados tuviessen algún acuerdo de ponerlos entonces. 

Según esto ya las tres Provincias tenían esos nombres en tiempos de Godos, y aun de los Romanos: y es lo que se debe decir, añadiendo, que en aquellos tiempos estaban en uso sólo entre los Naturales, no haviendo llegado a la noticia de los Estraños, como ha sucedido con otros muchos nombres; y que los Antrigones, Caristos y Vardulos eran segundos nombres conocidos de los Historiadores y Geógrafos antiguos, y por esso variados, mal escritos, y pronunciados; quando al contrario los de Bizcaya, Guipuzcoa y Alaba se han conservado incorruptos, y significativos entre los Bascongados, por haberse usado sólo entre ellos, que conocen, y saben su significado y energía."

¿Quién, fuera del país, conoce aun en nuestros días por sus nombres euskaros y privativos las localidades de San Sebastián, Pamplona, Fuenterrabía, Irún, y otras muchas?

¿Cuántos son, por ejemplo, los que saben que San Sebastián tiene su propio nombre vascongado Donostia, Pamplona Iruña, Fuenterrabía Ondarrabia e Irún Uranzu o Iranzu?

¿Cuántos escritores extraños al país designan a la lengua vascongada con su propio nombre de euskara o euskera?

Pues si esto sucede aún hoy, que los conocimientos generales están mucho más desarrollados que en otras épocas, y los medios de publicidad son tantos, tan rápidos y tan variados, ¿qué de extrañar tiene que en aquellos tiempos los escritores extranjeros designaran a Bizcaya con otro nombre que este, aunque fuera el propio y el común empleado por sus naturales? Ese argumento, pues, presentado por diversos escritores poco menos que como irrefutable contra la autenticidad del Canto de Lelo, no tiene para mí la solidez ni la fuerza que se le ha supuesto. 

El que el documento en cuestión haya permanecido oculto o ignorado durante tantos siglos, nada atestigua tampoco en contra de su legitimidad; pues no es este el primer caso de análoga índole que se presenta en el campo de las letras.

Mientras no se den, pues, pruebas más sólidas de su falsedad, y no las he visto empleadas por nadie hasta el día; mientras no se justifique con argumentos irrebatibles, la acusación de impostura que en este caso habría que arrojar sobre el escribano de Zornoza Don Juan Íñiguez de Ibargüen, que nos da de él la primera noticia y certifica su origen, el Canto de Lelo será para mí un documento de indudable legitimidad y de autoridad irrecusable.

En favor de esta tesis existe todavía otra razón:

Si este documento ha sido forjado por Ibáñez (Íñiguez) de Ibargüen u otro de sus contemporáneos o antecesores, ¿cómo no pudieron estos - como arguye muy bien Moguel, - (1) darnos una exposición clara del mismo? ¿dónde hallaron o de dónde sacaron tales voces hace cerca de tres siglos?

(1) Carta a D. José Vargas Ponce, fechada en Marquina a 30 de marzo de 1802, y publicada por la Academia de la Historia en el tomo VII de su Memorial histórico español, (Madrid, 1854), páginas 720-722. 

El mismo Humboldt, aun en medio de la duda suscitada por la presencia en el canto de la palabra Vizcaya, no ha podido menos de afirmar que, "no obstante, es siempre seguro que, tanto por su lenguaje como por su versificación este aire parece mucho más antiguo que todos los poemas españoles más antiguos que nos son conocidos."

Todos estos datos bastan a demostrar la verdadera importancia histórica, filológica y literaria de este documento, y a justificar la extensión de estos apuntes críticos.

He aquí ya ahora, en primer lugar este importantísimo fragmento, literal y escrupulosamente copiado hasta con sus propios errores, de la Crónica manuscrita de Íñiguez de Ibargüen, y seguido de una traducción en prosa castellana, todo lo exacta que me es dado hacer: y a continuación el mismo canto reproducido con las rectificaciones necesarias, a mi leal entender, acompañada de una versión algo más libre y más poética hecha con gran habilidad por el popular poeta D. Antonio de Trueba, e ilustrada con numerosas notas filológicas y gramaticales:


Canto de Lelo.

Texto literal reproducido de la Crónica de Ibargüen. 


"V. 1 

lelo, yl Lelo

lelo, yl lelo  

leloa çarat

il leloa.  


2.

Romaco armac 

aleguin eta

Vizcayac daroa

Zanzoa.


3. 

Octabiano

munduco jauna

le coby di

Vizcayocoa.


4.

Ichasotati

eta leorres

y mini deusco

molsoa.

5. 

leor celayac

bereac dira 

menditan tayac

leusoac. 


6.

lecu yronyan

gagozanyan

noebera sendo

daugogoa.


7.

bildurric guichi

armabardinas

oramayasu

guexoa. 


8.

Soyacgogorrac

badyri tuys 

narrubiloxa

surboa. 

9. 

bost urteco

egun gabean 

gueldi bagaric 

pochoa. 


10.

gurecobata

ylbadaguyan

bost amarren

galdoa.


11. 

aecanista

gue guichitaya

asqugudugu

lalboa. 


12. 

gueurelurrean

ta aen errian

biroch ainbaten

zamoa.

13. 

Ecin gueyago

(Falta el resto porque está roto el papel.)


14. 

tiber lecua

gueldico zabal

Uchin tamayo

grandoya.


15.

(Falta porque está roto el papel.)


16. 

andiaristac

gueisto syndoas

beticonayas

narraca."


Canto de Lelo. 

(Traducción literal castellana.)


1. (oh) Lelo!, (ha) muerto Lelo! - (Oh) Lelo! (ha) muerto Lelo! - (Oh), Lelo! Zara - (ha) muerto a Lelo!

2. Los extranjeros de Roma - hicieron lo posible, (mostraron sus fuerzas para subyugarnos), - (y) Vizcaya da - (el) canto de guerra. 

3. Octaviano (es) - (el) señor del mundo, - Lecobide - (lo es) de Vizcaya. 

4. Por mar - y por tierra - nos ha puesto - sitio (o cerco.)

5. Las secas llanuras - son suyas, (o ellos ocupan las áridas llanuras), - las altas montañas - (y) las cavernas, - (son nuestras, o están en nuestro poder.)

6. En sitio favorable - cuando estamos - cada cual (de nosotros) firme - mantiene su ánimo.

7. Poco miedo (tenemos) - con iguales armas - (pero) nuestra artesa - enferma (anda mal de pan.)

8. Duras corazas - llevan (ellos) - (pero el) cuerpo desnudo - (es más) ágil. 

9. De cinco años - (los) días y (las) noches - sin punto de reposo - (dura el) asedio.

10. (Para) cuando uno de los nuestros - ha (caído) muerto - cinco decenas - pierden (ellos.) 

11. (Pero) ellos (son) muchos y - nosotros pocos (escasos en número), - (y) al fin hemos hecho - (la) paz.

12. En nuestro suelo - y en su pueblo (o y en el suyo) - se atan del mismo modo - las haces. (N. E. fasces, etrusco : rasna. Símbolo de unidad, haz, feix, fascismo; catalanistas feixistes, bastante amigos de los y las etarras, sobre todo de los que se sientan en un escaño.)

13. Es imposible más... (Falta el resto porque está roto el papel.) 

14. El sitio (o la Ciudad) del Tíber - queda ancha (1) - Uchin Tamayo - muy grande.

15. (Falta porque está roto el papel.) 

16. Los grandes robles – ceden (2) - al continuo dar - del pica-postes. 

(1) Tal es la traducción literal, y en mi concepto la más exacta también de la frase original Gueldico zabal, que Humboldt ha traducido reposa a lo largo situada. Michel, queda o continúa extendida, (Reste étendue), y Trueba “conserva sus dominios.”) 

Queda ancha, expresa en mi concepto “Roma queda ya tranquila, en paz.) 

(2) Humboldt ha traducido "Caen mal de su grado.” 


Canto de Lelo.

(Texto original.) 


1.

¡Lelo! il Lelo,

¡Lelo! il Lelo (punto alzado)

Leloa! Zarac

Il leloa. 


2. 

Erromaco arrotzac (1)

Aleguiñ (2) eta 

Vizcayac (3) daroa (4)

Zanzoa. (5)


3. 

Octabiano 

Munduco jauna

Lecobidi (6)

Vizcaicoa.


4. 

Ichasotatic

Eta leorrez

Imini (7) deuscu

Molsoa (8)


5.

Leor celayac

Bereac dira 

Mendi tantayac

Leusoac. (9) 


6.

Lecu ironean (10) 

Gagozanean, (11)

Norberac sendo

(Dau) (12) gogoa.


7. 

Bildurric guichi

Arma bardiñez; (13) 

Oramaia (14) zu

Guexoa. (15)


8. 

Soyac (16) gogorrac

Badirituis,

Narru billosta (17)

Surboa, (18)


9. 

Bost urteco

Egun gabean

Gueldi bagaric

Bochoa. (19) 

10.

Gureco bata

Il badaguian

Bost amarren (20)

Galdua.


11.

Aec anitz ta

Gu guichitaya (21)

Azquen indugu

Lalboa. (22)


12.

Gueure lurrean

Ta aen errian

Biroch (23) ain baten

Zamoa. (24)


13. 

Ecin gueyago ….. (N. E. Falta el resto del texto)


14.

Tiber lecua

Gueldico zabal (25)

Uchin-Tamayo (26)

Grandoya. (27) 


15. 

(Falta todo el texto)

16.

Andi arichac (28) 

Guesto sindoaz

Betico naiaz (29)

Nardoa. (30) 

Canto de Lelo. 

(Traducción de D. Antonio de Trueba.) 


1. 

Oh Lelo! muerto es Lelo!

oh Lelo! muerto es ya!

oh, a Lelo Zara

dio muerte criminal!


2. 

A Vizcaya el romano

pretende subyugar;

pero Vizcaya (3) entona 

el cántico marcial.


3. 

El imperio del mundo

tiene Octaviano ya, 

y es Señor de Vizcaya

Lekobide el leal. 


4. 

Del lado de la tierra

y el lado de la mar

nos oprime Octaviano

con asedio tenaz. 


5.

En las secas llanuras

los romanos están

y bosques y cavernas

la montaña nos da.


6.

Apostados estamos 

en muy fuerte lugar

y ánimo inquebrantable

tenemos cada cual. 


7. 

Las armas siendo iguales

no tememos lidiar,

pero en nuestras artesas

suele faltar el pan.


8. 

Cubierto de corazas

el enemigo va,

pero el cuerpo indefenso

gana en agilidad.


9. 

De día ni de noche,

sin tregua al brazo dar,

cinco años há lidiamos

por nuestra libertad.


10. 

Cuando a uno de los nuestros

muerte el romano da,

cincuenta de los suyos

hemos visto espirar.


11. 

Pero hemos aceptado

al cabo su amistad,

porque somos muy pocos

y ellos son mucho más.


12.

En su tierra y la nuestra

lo mismo se ata el haz,

y era ya muy difícil

la lucha prolongar.


13. 

(Falta todo el texto)


14. 

Los dominios del Tíber

guardan su integridad

y Uchin-Tamayo (26) es grande

por la gloria y la paz.


15. 

(Falta todo el texto)


16.

El leve pica-postes

con su constancia va

venciendo la dureza

del roble secular. 

(1) El cambio de la palabra armac escrita, aunque se lee dudosamente, por Íñiguez de Ibargüen, por la de arrotzac, introducida según creo por Moguel, y aceptada ya por casi todos los comentaristas, no envuelve significación alguna de importancia para la verdad del texto, que queda inalterable. 

Las armas romanas, como se traduciría en el primer caso, o los extranjeros de Roma, como expresa en el segundo, viene a ser completamente lo mismo en el fondo.

La voz arrotz-a equivale a extraño, extranjero, y suelen emplearse como sinónimas de esta las palabras erbestecoa, (contracción de erri-bestecoa, de otro pueblo, de país extraño), atzeco-a o atzerrico-a, y erdaldun-a.

(2) Al-eguin, voz compuesta de al, guip., vizc., nav., ahal, lab., sulet., poder, y eguiñ, hacer, vale tanto como hacer (eguin) lo posible (ala o aldana). Ejemplos: Juango al naiz? Iré?, es decir, podré ir? Al-ic lenena, (o ahal-ic lasterrena), lo antes posible.

(3) No me parece excusado añadir que aunque en todo este canto sólo se cita el nombre de Vizcaya, la misma gloria cupo en la empresa a Guipúzcoa, pues ambas provincias desde luego pelearon unidas, y esa lucha ha inmortalizado el monte Hirnio o Hérnio, como más comúnmente se le llama hoy, situado en esta, y que los cántabros eligieron como uno de sus inexpugnables baluartes para su heroica defensa. Sobre el asunto me permito recomendar al lector la lectura de la preciosa tradición "Los Cántabros” escrita por D. Juan V. de Araquistain y que forma parte de sus "Tradiciones vasco-cántabras."

(4) Daroa. Es tercera pers. del sing. del presente de indic. del verbo vizc. eroan, llevar, equivalente al guip. eraman.

“Vizcaya da o entona el canto de guerra: es decir, lo lleva de monte en monte y de valle en valle."

(5) Zanzoa, voz purísima y muy usada, que expresa tanto como canto de guerra. Araquistain usa también en sus Tradiciones la voz Il çanzoa, para expresar la canción de muerte que entonaban los antiguos cántabros al arrancarse espontáneamente la vida antes de caer esclavos de los romanos.

(6) Lecobidi o Lecobide era el jefe de los Cántabros en tiempo de su lucha con Roma. (N. E. ¿Lecobide o Lecobidi = Lelo?)

(7) Imini, ifini o ipiñi, poner.

(8) La palabra molso-a se ha traducido por todos los comentaristas con la significación de sitio, cerco o asedio. En efecto, esta voz expresa propiamente el concepto de grupo, pelotón o montón de soldados, de gente o de ganado, y con igual significación se han empleado el verbo molsotu o moltsotu, agrupar, reunir, y sus derivados molsotu-a, molsotuago. 

(9) Leuso-a, leizea o leiza, abismo, antro, caverna.

En guip. y vizc. se ve generalmente leiz-a, leize-a, lez-a, en labort. En esta frase está sobreentendida, como comprenderá desde luego el lector a poco que se fije, la palabra gureac. "Las altas montañas y las cavernas (son) nuestras.”

(10) Lecu ironean, en lugar a propósito o favorable. Iron es, en mi humilde concepto, contracción de eraon: Lecu Ironean o era-onean equivale pues a lugar de gusto, agradable o favorable.

(11) Gagozanean, cuando estamos... Gagoz es 1.a pers. del plural del presente de indic. irregular del verbo egon, estar. Así se dice en el dial. vizc., emen gagoz, (emen gaude, guip.), aquí estamos.

(12) Tanto por hallarse suprimidos en el canto original todos los verbos de enlace, como porque destruye la medida, Humboldt cree, y participo de la opinión de este respetable filólogo, que el verbo dau que aparece en este verso es una reforma introducida en él 

posteriormente a su hallazgo, en beneficio quizás de la claridad.

(13) Bardin-a, berdiñ-a, igual.

(14) Oramai-a, artesa; de ora u ore, g., v., orhe, lab., bn., "pasta de harina preparada para el cocimiento", y mai-a, mesa. (N. E. ordeum, ordei, ordeo, ordea, ordeorum, ordeis, y versiones con h; cebada; ordi, ordio.)

(15) Guexoa o gueso-a, gech-a, vizc., gaitz, gaicho, guip., vizc., enfermo, malo. Desprovista aquí. - El dial. vizc. emplea también como sinónimas las voces guestoa, malo, (guip. gaizto-a), guestotú, (guip. 

gaiztotú), malear, y guestotza, maldad.  

(16) Soyac equivale a soin-ac, vizc. o soiñ, soñac, guip., los vestidos o las vestiduras.

Para expresar la significación de coraza emplea el vascuence la voz soiburnia o soin-burnia, que equivale a vestido de hierro.

(17) Narru billosta, piel desnuda o cuerpo desnudo o descubierto.

De narru, vizc., larru, g., lab., bn., piel, cuero, y billos, vizc., guip., billusi, lab., buluzi, bn., despejado, desnudo.

El cambio de la l en n que se observa en la voz larru, narru, es bastante común en la lengua vascongada, y se observa en otras muchas palabras, como por ejemplo en lenengo, lelengo.

La palabra billos-a, deriva según M. Chaho, de bilda, (pilda o filda), vestido, y uts-i, dejar.

“Adan ta Eva billosic icusi ziranean... "Cuando Adán y Eva se vieron desnudos..." (Lardizábal.)

En Vizcaya es muy común también designar al calvo con la expresión buru billosa, (de cabeza desnuda.) En la lengua se ven también usadas las palabras biluzi, desnudar, biluztea, desnudez, bilusa, desnudo, y biluzgorri, desnudo en carnes (N. E. en cueros, cuero : piel). 

(18) Surboa. Ignoro el origen y la etimología de esta palabra que no he podido hallarla en los diccionarios y vocabularios de Larramendi, Harriet, Moguel, Archu, Goyetche, Van-Eys, Chaho, Iztueta, e Iturriaga, ni aun en el Izteguia (Itzteguia) inédito de Aizquibel. Todos los traductores del Canto de Lelo la han vertido, sin embargo, en el concepto de ágil, flexible.

(19) Bocho-a. He aquí otra de las palabras desconocidas hoy, y cuya explicación no he podido hallar en ninguno de los diccionarios ni vocabularios que conozco. Bocho-a o pocho-a, (N. E: Latín possessio) (ya se sabe cuán común es en el vascuence el cambio de ambas letras iniciales), expresa, sin embargo, en mi concepto, lo mismo que ocupación, sitio, (y con la misma significación la han traducido todos los comentaristas), pues se usa aún el verbo pochelatu, y así lo emplea el P. Cardaberaz (Cardaberáz, Cardaberás) en el sentido de ocupar, tomar posesión o apoderarse de alguna cosa, así como también su derivado pochelatua; empleado por Lecluse con idéntica significación.

(20) Bost-amarren, cinco de a diez, o cinco decenas.

(21) Desconozco la terminación tai, taya, de esta palabra, que quizás sea resultado de algún error de copia. Desde luego la idea está sin embargo clara, pues guchi, guichi, significa menos, y el verbo guchitu,

venir a menos, amenguar o decrecer.

(22) Lalboa. Indudablemente la l inicial de esta palabra es simplemente eufónica, y destinada a evitar el choque de la vocal que le sigue con la última de la voz que le precede.

Eguin alboa equivale a acercarse, pues la palabra alboa se ve unida en los diversos conceptos de lado, flanco, costado, cercanía, inmediación, vecindad, y aquí ha podido emplearse más concretamente con la significación de concierto, pacto o convenio, pues así parece deducirse del texto.

(23) Biroch. Esta es otra de las palabras para mí desconocidas en el canto, y cuya explicación tampoco he podido hallar. ¿Será quizás un compuesto contracto del numeral bi (dos) y el verbo erachi o erachiki, pegar o unir una cosa a otra, empleado en el concepto de bildu, unir, atar o amalgamar? Parece corroborar esta opinión la palabra birokia, (bikia o bizkia), usada con la significación de mellizo o gemelo.

(24) La palabra zama significa propiamente carga; suele sin embargo usarse también en el concepto de haz o manojo de trigo, de leña, etc. Así se dice: egur zama, carga de leña o haz de leña.

(25) Véase la nota 1 de la página 21.

(26) Moguel entiende que Uchin-Tamayo, cuyo nombre conserva la tradición como el de uno de los jefes cántabros, es el que ajustó la paz con los Romanos.

(27) Humboldt señala esta como la única palabra no pura del canto, aunque él mismo indica que puede ser también vascongada y derivada de gora, alto, y andia (handia), grande.

(28) Arich-a, vizc. aritz-a, guip., haritz-a, lab., bn. sulet., roble. 

(29) En mi humilde concepto la n de naiaz es simplemente eufónica. Betico aiaz o ariyaz, al continuo dar... 

(30) Trueba ha traducido esta palabra por pica-poste. Larramendi designa a esta ave, más conocida por su nombre vulgar de pica-maderas, por alimentarse de los insectos que saca con su pico de entre las cortezas de los árboles, con los nombres de okila u okilla. (N. E. Pájaro carpintero y muchos nombres más; pícidos, Picidae, piciformes.)



jueves, 29 de diciembre de 2022

LXII. Charta consecrationis ecclesiae S. Stephani prope fluvium Isavena (Isábena), an. DCCCCLXXI. (971)

LXII.

Charta consecrationis ecclesiae S. Stephani prope fluvium Isavena (Isábena), an. DCCCCLXXI. (971) (Vid. pág. 182.)

In nomine Dei Patris Omnipotentis et Individue Trinitatis.: ego Unifredo misericordia Altitonanti qui sum Comitis, et coniux mea nomine Tota, expuncxit me Deus et trina Maiestas ut hedificem ecclesiam in onore Domini nostri Jhesu Christi et ad nomina Beati Stephani Prothomartiris atque Levitae et est in comitatum Ripacurciense prope ipsum abne quae vocitatur nomine Isavena et sic hedificavi jam dicta ecclesia quae superius est nominata, pro anima mea et pro animabus parentum meorum atque omnium fidelium defunctorum. In anno Incarnationis Domini nostri Jhesu Christi DCCCCLXXI venientem super nos beato Audesindoque Presule (Audesindo, Odesindo), et sic hedificavi illa ecclesia Sancti Stephani quem in ipsum kastrum Beati Stephani hedificavi eam incolomitate futura adstante clero cum devotissimo populo. Ego Unifredus Comes qui sum memoria plenus, mito in ipsa ecclesia uno missale et uno leccionario et antiphonario et psalterio et alio missale et uno vestimento et unum calicem et unam crucem. Sicut autem ibi mito totum ipsum alodem qui fuit de Ezone traditore (a) chasas chasalibus, terris, vineis, ortis, cannamaribus et omnia quae habuit ab integrum. 

(a) Forte Aizo ille Comes qui Carolo Magno et Ludovico Pio Imperatoribus Ausonensem urbem invasit, et Rotam destruxit. Hinc autem optime colliges Rotam hanc in Ripacurcia ab eo funditus eversam, non Rotam prope Ausonam.

Et mito unum campum in Frexaneto semen capiente VII modios. Afrontat ex parte oriente serra quae vocitatur nomine Marfai et Sarat quae vocitatur nomine Moxa per fundus pena, et una spelunca, ex parte meridie torent (torrent) quae exit denant Emeteriae Zelodoni (: Celdoni, Celedonio); ex parte ahilone (: aquilone) torent quae exit de Sarat de la Moxa. Adhuc autem mito unos molendinos quos habeo in Isavena predictae ecclesiae cum sua super posita, et cum omnibus pertinentiis suis et media insula cum suo exeo et regressio ab integro. 

Et ego Arguila mito una terra in illa strata de oriente Barone, de occidente (se lee occiente) Daniel, et mito similiter uno kannamare quod habeo in Isavena ab integro, et una ciresa in illa tormosa in praefatae ecclesiae. Et ego Oriolus et Sunnarius damus Domino Deo et Sancto Stephano uno kannamare in Isavana de oriente aquale Sancti Stephani, de occidente flumen et quantum ibi visuri sumus habere, totum ab integrum damus et concedimus ibi in praefatae ecclesiae. 

Et ego Bradila et Altemiro filio Jaccinta similiter damus et concedimus eiusdem ecclesiae et clericis ibi Deo servientibus medio molendino quod habemus in Isavena in loco ubi dicitur ad molendinos de illa dompna ut teneat et possideat ad propriam hereditatem. Haec omnia supra scripta ego Unifredo Comes et coniux mea Tota et alii superius nominati damus, concedimus, corroboramus, laudamus et afirmamus Domino Deo et Sancto Stephano ut ad diem judicii ac tremendae Maiestatis merces nobis ex inde crescat. Et si quis aliquis homo venerit ad disrumpendum, in quadruplum restituat et a liminibus matris ecclesiae extraneus efficiatur, et cum Juda Scariothis porcionem accipiat, et ira Dei Omnipotentis super eum incurrat: si quis sane quod fieri minime credo esse venturum. Facta cartula dotis et donacionis XIII kalendas octobris anno XVIIII regnante Leuitario Rege. = Sig+num Unifredo Comite. = Sig+num Tota coniux eius qui hanc cartam donaria scribere jusserunt et testes istius donationis firmare rogaverunt. = Sig+num Gelemundo. = Sig+num Galitoni. = Sig+num Galandoni presbiteri filio Macangoni. = Sig+num Odegero judice. = Sig+num Aimerici presbiteri. = Sig+num Altemiro presbiteri. = Sig+num Brandila (Bradila más arriba) et Altemiro filio Jaccinta. = XIII kalendas octobris dedicatio Beati Stephani Protho-martiris atque Levitae luna IIII. In Dei nomine Johannes Episcopus Caesaraugustanae Sedis vel coeterorum Sedium omnes donationes quae superius sunt praenotatas in ecclesia Sancti Stephani cuncta per jussionem meam omni tempore firmis permaneant. Facta haec firmatio XI kalendas februarias era MXVII.

Ennecgo presbiter rogatus scripsit sub die et anno quod supra et hoc signum + fecit.

viernes, 16 de diciembre de 2022

Carta CI. Besalú fue la capital del condado de su nombre.

Carta CI. 

Besalú fue la capital del condado de su nombre. = Su derivación. = Noticia de los Condes que la gobernaron como Príncipes soberanos. = Fundación del monasterio de San Pedro por el Conde Wifredo y su muerte violenta en el lugar de Parets, y noticia de sus agresores. = Muerte desgraciada del Conde Bernardo Tallaferro en el río Ródano. = Moneda propia de este condado. = Silla episcopal titulada Bisuldunense. = Noticia de la Colegiata de Besalú. = Su advocación antigua y moderna. = Catálogo de sus Abades y Priores. = Reliquias insignes y descripción de una cruz muy notable y antigua. 

Mi querido hermano: Besalú es una villa antigua, capital del condado de su nombre desde el siglo VIII, uno de los cuatro en que estaba dividida la diócesis de Gerona. Derivan algunos este nombre del de Betulia, con el cual aseguran que era conocido todo este territorio desde Crespiá hasta Castellfollit. Cuánto más docta y menos ridícula es la opinión de Pedro de Marca, que lo deriva del Sebendunum o Sebeldunum de Ptolomeo. Como quiera que esto sea, las noticias de mi Viaje, digo lo que en esta villa he encontrado, sólo alcanzan a la mitad del siglo X; y de ello solo hablaré, según mi costumbre, anticipando la noticia de los Condes que la gobernaron como Príncipes soberanos desde el año 329 (929 según Villanueva, 966 según otras fuentes) en que murió Mirón (Miro I), Conde de Barcelona, que es la época que a mí me importa.

Mir, Miro, Mirón, conde Barcelona

Este Príncipe tuvo cuatro hijos de su mujer Ava, es a saber: Seniofredo (Sunyer), que le sucedió en el condado de Barcelona; Wifredo, que obtuvo el de Besalú; Oliva Cabreta, a quien tocó el de Cerdaña; y Miro, levita o canónigo de Gerona. La Crónica de los Condes de Barcelona, que hallarás en la Marca Hisp. (col. 537), en el cap. IV omitió la memoria del segundo de estos hijos, y añadió que el tercero de ellos, Oliva, poseyó los condados de Besalú y de Cerdaña luego que murió el padre; mas la existencia del segundo hijo Wifredo y de su condado consta de la donación que la Condesa Ava hizo a San Miguel de Cuxá el año 941 (ibid. col. 853), que empieza así: “Ego Ava Comitissa, et filiis meis Seniofredus Comes, Wifredus Comes, et Oliva Comes, et Miro, levita, etc." Téngase entendido que ninguno de estos Condes lo era aún de los estados que se les adjudicaron; porque habiendo quedado todos de menor edad por la muerte de su padre Miro en 929, se educaron bajo la tutela de Suniario, Conde de Urgel, que entonces pasó a ser también Conde de Barcelona, y reunió todos los condados y los gobernó hasta su muerte, acaecida en 950, que es cuando cada uno de aquellos Condes tomó el gobierno de sus estados; es a saber: Suniario o Seniofredo de Barcelona, Wifredo de Besalú, y Oliva de Cerdaña. Mas aunque esto sea así, como cierto lo es, no impide que en 941 se intitulase ya Conde 

WIFREDO. 

Y que lo fuese de Besalú parece claro, por ser él el que fundó el monasterio de San Pedro en la villa capital del condado, dotándole copiosamente, como se ve en el diploma de Luis Ultramarino del año 950 (ibid. col. 862). Lo mismo se infiere de la escritura de elección de el (: del) Abad de Camprodon Teuderico, de que hablaré luego; y de la donación testamentaria, que citaré para probar el año de su muerte. La fundación del monasterio es para mí una prueba evidente de que fue Conde de Besalú y no de otros estados, no siendo regular ni verosímil que hiciese tan copiosas donaciones ni trabajase tanto para ennoblecer con tan célebre monasterio a la capital de un condado que no le pertenecía. Durole el señorío hasta el año 954, en que algunos de sus vasallos le mataron en el lugar llamado Parets, cuya historia trae la Marca Hisp. (col. 395 y 889). Otras escrituras expresan los agresores, que fueron Seniofredo, presbítero, Adalberto, Vives y algunos otros. A mí me consta que era ya difunto en el año 958, en que a 13 de enero se efectuó la donación testamentaria a la iglesia de Gerona de las villas de Calbos (Calvos en texto anterior), Balbos y otros lugares, como había encariñado el difunto a sus marmesores Seniofredo y Oliva, sus hermanos, a la Condesa Ava, su madre, y a Servo Dei, levita. De esta escritura envié copia en el Episcopologio de Gerona (artículo Arnulfo). 

SENIOFREDO. 

Muerto Wifredo, el condado de Besalú quedó en poder de Seniofredo, que poseía el de Barcelona, como consta de la elección del Abad de Camprodon Teuderico, hecha en el año 962 de Cristo (ibid. col. 882). En la escritura, después de decir como el Conde Wifredo había fundado aquel monasterio, se lee: Contigit ut isdem inclitus Comes Wifredus migraretur a seculo. Accipienti vero dominatum illius fratre suo domno Seniofredo, venerunt ipsi monachi ante eius praesentiam, etc. De modo que no queda duda en que el Seniofredo, Conde de Barcelona, se apoderó del condado de Besalú por muerte de su hermano Wifredo. Y no deje de notarse la palabra accipiente (Accipienti) para lo que luego se dirá. Este Seniofredo no murió hasta el febrero del año 968, como tengo demostrado en las Memorias cronológicas de los Condes de Urgel. Y que hasta la muerte continuó en el señorío de estos estados lo indica una escritura de permuta del año 965, hecha por el monasterio de San Juan de las Abadesas con el mismo Seniofredo, la cual va copiada en el Viaje a aquella iglesia. Verdad es que juntamente se mencionan allí sus dos hermanos, el Conde Oliva y levita Miro, y que de ninguno de los tres se dice que fuese Conde de Besalú. Esta escasez de noticias aumenta la dificultad en señalar el verdadero Conde de estos años. La opinión común es que Oliva fue el sucesor del difunto Wifredo: mas yo entiendo que excluido ahora Oliva, el que obtuvo los estados en 968 fue 

MIRO

desde 968 a 984.

Pruebas de esto son: 1.a La donación que el mismo Miro hizo a la iglesia de Gerona en el año 968 del lugar de Parets, el cual dice que le correspondía por donación que le hizo su hermano Seniofredo. Dos escrituras he visto sobre esto en aquella curia episcopal en el Cartoral de Carlo Magno, fol. 300, ambas publicadas en la Marca Hisp. (Ap. núm. CVI y CVII). La primera del 2 de febrero de 968, año XIIII de Lotario, en la cual supone vivo a su hermano, puesto que cuando le nombra, no usa de la palabra quondam, con que denotaban el fallecimiento de una persona. De esta palabra se vale ya, pocos días después, en la donación plena que repitió del mismo lugar a 21 del mismo mes y año. Esta donación por sí sola no probaría otra cosa sino que Miro era señor del lugar de Parets, que está en el condado de Besalú; mas junto con las otras pruebas que siguen demuestra que lo era también del mismo condado.

2.a En la escritura de fundación o dotación del monasterio de San Pedro de Besalú (ibid. col. 919), hecha en el año 977, abiertamente se llama a sí mismo este Príncipe: Ego Miro nutu Dei Gerundensis ecclesiae humilis Episcopus, ac Comes Bisuldunensis, una cum fratribus nostris domno Olibano ac Seniofredo Comitibus, etc.

3.a En la dotación de la canónica reglar de San Agustín, que fundó en Besalú en el mismo año 977 (Marca Hisp. col. 912), dice: Propterea concedo precibus Ermengardae Comitissae (esta era la mujer de Oliva) et filio eius Bernardo. Si Ermengardis fuese entonces Condesa de Besalú, no necesitaba de ruegos para la fundación de aquella canónica, 

ni tampoco Bernardo, heredero forzoso del condado. Obró, pues, Miro como Conde propietario que se deja obligar de los herederos para dotar la casa con los bienes propios del condado.

4.a En la dotación del mismo monasterio, que hizo el año siguiente 978, se leen, como en el anterior, estas palabras: Pro salute tam animarum quam corporum meorum fidelium in ac terra degentium qui in illo cenobio aliquod praestiterint beneficium, etc. Supone vasallos suyos a los habitadores del condado. Y más abajo dice: et dono ad praefatum cenobium in valle Monte acuto manso uno quod Letus dedit a Wifredo Comite et ego habeo per succesionem iam dicti Comitis... Quantum ibidem abeo vel hereditare debeo, etc. Donde es claro que Miro sucedió en el condado.

5.a En el año 1086, el último Conde de Besalú Bernardo, al tiempo de confirmar al sobredicho monasterio todas sus posesiones, expresa: omnes illas donationes, etc., quas progenitores et antecessores mei Miro videlicet reverentisimus Comes et Episcopus, et Bernardus inclitus Comes, ac Guillermus nobilissimus Comes et omnes alii Comites retroactis temporibus fecerunt. Esta escritura está original en el archivo de dicho monasterio. Por donde parece claro que fue reconocido como Conde de Besalú por los sucesores en aquel señorío, y que lo era ya, y como tal obraba en las dotaciones del monasterio y de la iglesia de Santa María de aquella villa.

6.a En el Poemita que escribió el Obispo de Vique Oliva, en elogio del monasterio de Ripoll, de que algunas veces he hablado, dice de nuestro Miro:

Hic Dominus patriae recubans, Presulque Ierundae.

Los versados en la latinidad de los siglos medios saben que patriae era sinónimo de comitatus, dioecesis, parroechia y otros tales. Y pues el poeta, hablando de Ripoll, cuyo valle era del condado de Besalú, dice de Miro que era Dominus patriae claro está que en ello dijo que había poseído aquel señorío. Y es de notar que el Obispo Oliva, autor del Poema, era sobrino de nuestro Miro, bien así como hijo de Oliva Cabreta, que es el que dicen que entró a ser Conde de Besalú por la muerte de Wifredo. ¿Y cómo será creíble que por elogiar al tío quitase aquel escritor a su mismo padre algunos años de este condado?

De lo dicho debe inferirse la equivocación con que todos los escritores, copiándose unos a otros, han escrito que Miro fue Conde de Gerona (a: Véase la España Sagrada, tom. 43, pág. 85 y 135. No puedo pasar en silencio que en la primera de estas páginas anticipa el autor el condado de Miro al año 956, engañado con una escritura, que vio copiada, del archivo de Monserrate en favor del monasterio de Santa Cecilia, donde se lee: In nomine Domini: Borrellum et Mironem uterque fratres, et Marchiones, Comites... donatores sumus, etc. 

Para conocer que este Miro no era el nuestro, bastaba observar: 

1.° Que no se intitula levita, dictado que nunca dejó y ya tenía en 941. 2.° Que se llama hermano de Borrell, del cual ninguno, ni su misma madre Ava, hizo mención. La verdad es que este Miro de la donación era otro distinto del nuestro, hijo de Suniario, Conde de Urgel desde el año 906 y de Barcelona desde 929, donde murió en 950. Era hermano de Borrell, el cual en este último año obtuvo el condado de Urgel y en 967 el de Barcelona, ambos hijos de la Condesa Richildis. Véase la Marca Hisp. col. 541.  

Porque no se hallará un solo documento en que se le dé expresamente ese dictado, como los hay demostrativos de que tuvo el condado de Besalú. La equivocación nació de que en todas la escrituras que hablan de él se intitula Comes et Episcopus Gerundae, por donde atribuyeron al condado la palabra Gerundae, que sólo recaía sobre el obispado. 

Si los que escribieron sobre esto advirtieran que muy frecuentemente los Condes no ponían el título de sus estados, como aquí mismo habrás advertido: y si reflexionaran que el condado de Besalú era casi todo de la diócesis de Gerona, no tomarían de esos títulos de Miro ocasión de asegurar afirmativamente que fue Conde de Gerona. A lo menos imitarían a Balucio, que en los índices de la Marca Hisp., para manifestar la duda que en esto tenía, colgó a Miro los dos dictados de Comes Gerundensis, Comes Bisuldunensis. En resolución, para mí es cierto que Miro, Obispo de Gerona, poseyó este condado de Besalú hasta su muerte, acaecida en el año 984. Mas cómo y por qué obtuvo Miro este condado, siendo, como era, el cuarto y último de los hermanos, y quedando excluido Oliva Cabreta, que era el tercero, no es fácil averiguarlo, ni yo me daré tormento para señalar la causa que ignoramos. Sólo diré que esta postergación de Oliva, que es cierta, debió nacer de las mismas causas de donde dimanó la que experimentó respecto del condado de Barcelona; para el que, habiendo muerto sin hijos su hermano Seniofredo en 967 o 968, no se contó con él para la sucesión, sino que la obtuvo Borrell, Conde de Urgel, primo del difunto. Esta exclusiva, no nació, como dicen algunos historiadores, de ser reputado por hombre de poca piedad, la cual bien manifestó en la fundación del monasterio de Serrateix y en la dotación de Custoya y otras iglesias, ni tampoco de defecto corporal, el que no le impidió gobernar la Cerdaña y después a Besalú. Otras causas debió haber para que no fuese atendido su derecho, y pudo ser, entre ellas, lo que sospecha mi amigo Don Luis García Conde, antes Prior de esta Colegiata y hoy Tesorero de la santa iglesia de Tortosa, y es que Oliva se debió estar pasivo en el funesto acontecimiento del asesinato de su hermano Wifredo, sin acudir con las armas a vengar el ultraje, como acudió Seniofredo desde Barcelona; el cual, obrando casi como conquistador del condado de Besalú, quisiese que lo tuviese Mirón, y tal vez en castigo de que los autores de aquel crimen estuviesen apoyados en el poder de Oliva. De esto se habla a la larga en mis Memorias cronológicas de los Condes de Urgel, lib. 1. En resolución, el sucesor de Seniofredo fue Miro; al cual, por su muerte acaecida en 984, sucedió el sobredicho 

OLIVA CABRETA

desde 984 a 990.

Durante estos seis años fue a un tiempo Conde de Cerdaña y Besalú. Es común opinión de que murió en el de 990, mas el lugar de su entierro no está conocido. Marca (col. 497) conjetura que debió enterrarse en Custoya, lugar de Rosellón, fundándose en las palabras de la escritura de consagración de dicha iglesia, que hizo Udalgario, Obispo de Elna: donde se lee: Quatenus anima Olivani Comitis eiusque coniugis Ermengardis, mercede non priventur tanti beneficii sed huius baselizae (baselicae, basílica) consecrationis admisceantur mercede, etc,; pero esto sólo prueba que hizo algunas donaciones a aquella iglesia. Con más fundamento puedo yo decir que se enterró en el monasterio de Serrateix, que dicho Conde fundó y dotó magníficamente, y donde es tradición que está enterrado el fundador en un sepulcro suntuoso que se halla entrando a mano izquierda en la iglesia, que es obra de aquel tiempo. Sobre él se ve tendida una estatua de caballero armado con espada y daga, y unos escudos de relieve, llanos y sin empresa alguna, cosas todas que hacen muy probable que este es el sepulcro del Conde, y aun yo quise y dejé allí ensayada una inscripción que perpetuase esta memoria. Nuestro Conde tuvo cuatro hijos de su mujer Ermengardis, es a saber: 1.° Bernardo, apellidado Tallaferro, sucesor de nuestro condado: 2.° Wifredo, sucesor del padre en el de Cerdaña: 3.° Oliva, Abad de Ripoll y Obispo de Vique: 4.° Berenguer, Obispo de Elna. 

BERNARDO

desde 990 hasta 1020.

Le apellidaron Tallaferro, aludiendo sin duda a sus grandes fuerzas corporales; su mujer se llamó Tota o Adalais. Quedan de este Príncipe muchas memorias en las donaciones que hizo a los monasterios de Cuxá, Bañolas, Ripoll, Besalú, Arles (Arlés) y otros; y principalmente en las que hizo a esta Colegiata. Pero las memorias principales de su gobierno son dos: 1.a La erección de Silla episcopal para su condado. 2.a La dádiva preciosa de la Vera-cruz, que regaló a dicha Colegiata. Ambas cosas logró en un viaje que hizo a Roma el año 1017, y de ellas se dirá después separadamente y a la larga. Otro viaje emprendió tres años después, no se sabe para donde, aunque bien se sabe que fue con el objeto del matrimonio de su hijo, que tenía ya contratado, lo que le ocasionó la muerte. Porque teniendo que vadear el Ródano, arrebatado el caballo de la corriente, pereció en ella el año 1020, día 26 de septiembre. El día y año constan del testamento sacramental que copió la Marca Hisp. (col. 1027), mas no se expresa allí la circunstancia de morir ahogado en el río. Y este silencio bastó para que Diago, en la Hist. de los Condes de Barcelona, lib. 2.°, cap. 90, tuviese esta desgracia por fingida. Mas contra esta conjetura, que es harto débil, tenemos dos argumentos positivos que lo afirman: 1.° El epitafio que al difunto y a su hijo Guillermo se puso en Ripoll en el sepulcro común de ambos, cuya letra es del mismo siglo XI, y aunque  algo gastada ya de la humedad y colocada a la raíz de la pared en el claustro de aquel monasterio, pude copiar por mi mano de esta manera:

Splendor, forma, caro, virtus, cum germine claro

Ut cito florescunt modico sic fine liquescunt 

Hoc duo testantur Comites hic qui tumulantur

... de Taiaferr Guilelm. cognomine Crassus

… … Rodano fatalia passus

Armis, consilio, rebus, fama viguere

Super (f. sumptibus) hanc multis ditare domum studuere

Unde coronati regnent super astra locati. Amen.

2.a La encíclica que con motivo de la muerte de este Príncipe expidieron los monasterios de Ripoll y de Cuxá, la que hallarás en la Marca Hisp. (Ap. núm. CLXXXVII) y en ella, después de elogiar la virtud del Príncipe, dice estas palabras: "Talis igitur cum esset ac tantus, utpote provisor omnium, coniugali vinculo volens nectere filium, promisso iam nato infandum tentavit equo transire Rhodanum. Dumque incaute ceptum pertenderet iter, inter ingentis fluminis rotantia vada infelix revolvitur equus, sessorque succumbit. Tunc terque, quaterque conatus collum tenere manibus, terque quaterque compressa manus effugit ab illo. Tandem ergo ingentis fluminis impetu victus occubuit... O felix et nimium felix nostra aetas. Si noster Bernardus numquam attigisset Rhodani nefanda fluenta, etc." 

Dejó este Conde seis hijos de su mujer: 1.° Guillermo, sucesor de este condado. 2.° Aienrico, a quien dejó el obispado del mismo título (cosa que no tuvo efecto, como se dirá), 3.° Ugo. 4.° Berenguer. 5.° Adalaiz. 6.° Constancia.

GUILLERMO

desde 1020 hasta 1055.

Fue apellidado el Gordo (Crassus); estuvo casado con Adalaiz, de quien tuvo dos hijos: Guillermo, apellidado Trou, a causa de la nariz desproporcionada y contrahecha, y Bernardo. Son muchas las memorias que quedan de su piedad y beneficencia. Marca (col. 544) dice que murió en 1052. Mas no se acordó aquel escritor de la escritura que él mismo copia (Ap. núm. CCXLII) con que nuestro Conde cedió a favor de Berenguer, Obispo de Gerona, todos los derechos que justa o injustamente percibía en Bascara, de cuyo instrumento resulta que vivía en el año 1055, y que entonces se disponía para ir a Jerusalén. Más es, que en el archivo de la Catedral de Gerona (Armario de la sacristía 2.a) me acuerdo de haber visto una escritura de plácito o convenio con los hombres o habitantes de Besalú, hecho y firmado por el Conde Guillermo, junto con su hermano Bernardo, año XXVII del Rey de Francia Enrique, que es el de 1058. Aunque bien veo que alguno dirá que este Guillermo pudo ser el hijo, que antes que le matasen tuviese por algún tiempo este condado. En esta duda vamos adelante, siguiendo la cuenta común. 

BERNARDO

desde 1055 hasta 1111.

Dícese que luego que murió Guillermo el Gordo, los vasallos, de acuerdo con los magnates del país, mataron a su hijo mayor Guillermo Trou, por ser sobremanera iracundo y revoltoso, y para dar lugar a que gobernase el hijo segundo Bernardo, que era suavísimo y de gran prudencia. Sea lo que fuere de esta especie, de la que nada he hallado que haga al caso, es cierto que Bernardo fue Conde por más de medio siglo, y que aunque casó con María, hija del Conde Ramón Berenguer III de Barcelona, murió en 1111 sin dejar sucesión, por cuyo motivo volvió el condado de Besalú a incorporarse en el de Barcelona, para no separarse ya más de él. En la Marca Hisp. (col. 1235) hallarás la cesión del único que a dicho estado vacante pretendía tener derecho, que era el Conde de Cerdaña. Este condado tuvo su moneda propia, y para prueba de ello, omitiendo otras memorias, basta la donación que el último Conde Bernardo hizo a la iglesia de Santa María de la décima de toda la moneda quae fuerit facta, dice, in praedicto Bissulduno... tam de auro, quam de argento, quam in monetatico et in capite. Esta donación es de 9 de septiembre del año 15 del Rey Felipe (de Cristo 1074). Va copiada (a: Ap. núm. XXI.).

De los siglos más modernos, esto es, de los años 1640 y siguientes, quedan monedas propias de esta villa, acuñadas en tiempo de las guerras de Felipe IV con Luis XIII de Francia, las que en el anverso tienen un escudo entero de las barras de Cataluña, con este letrero: Principatus Cataloniae; y en el reverso la mitad de dicho escudo, con una cruz de dos travesaños, y esta letra: Opidum Bisuldunense. Este último escudo es el propio de la villa, aludiendo la cruz al precioso Lignum crucis que posee la Colegiata desde el siglo XI, como diré después. 

OBISPADO DE BESALÚ.

A las memorias civiles del condado de Besalú síguese que tratemos de las eclesiásticas, y primero de la Silla episcopal con que fue ennoblecido, aunque por tan poco tiempo. Y convendrá dejar escrito esto anticipadamente por no vernos después obligados a cortar la narración de lo que toca a la historia de las iglesias que hay en esta villa, tanto más que yo no creo que ella fuese la Sede de aquel Obispo, sino que lo fueron otras con ella, es decir, que este obispado se intituló Bisuldunense del condado, no de la villa de Besalú. Fue así que el Conde Bernardo Tallaferro, Príncipe muy poderoso, viendo que sus estados estaban incluidos en las diócesis de Gerona y de Vique, aspiró a tener en ellos un Obispo propio, para estar así menos dependiente de los otros condados sujetos a aquellas diócesis. Con este fin hizo un viaje a Roma, acompañado de su hijo Guillermo, apellidado el Gordo. Concediole esta gracia el Papa Benedicto VIII, eligiendo y consagrando para primer Obispo a Wifredo, y reservando a la Santa Sede la consagración de los sucesores, los que en señal de reconocimiento pagasen una libra de oro a la iglesia Romana. Advierte de paso que anterior es esto a los tiempos del Papa San Gregorio VII. No designó el Romano Pontífice lugar o iglesia determinada donde residiese el Obispo, sino que, según lo pedido por el Conde, permitió que eligiese para Silla episcopal uno de estos tres monasterios, o el de San Salvador y San Ginés de Besalú, o el de San Pablo de Fenollet, o el de San Juan de Ripoll (hoy de las Abadesas). Esto solo ya es una prueba de que ni la mente del Conde ni la del Papa fue honrar con el honor de Silla episcopal a la villa de Besalú. Lo cual indica claramente que el dictado de Bisuldunense se tomó de todo el condado, y no de la capital del mismo. Por otra parte no consta que posteriormente a su institución se fijase la Sede a ninguno de los tres puntos sobredichos. Y si hay documentos que suponen la residencia en Besalú, también los hay que la prueban en San Juan de las Abadesas. Besalú puede alegar a su favor la dotación de la nueva Sede (Marca Hisp., ap. núm. CLXXVII y siguientes), en la que se lee: Dono igitur ad supra dictam Sedem Sancti Salvatoris ex iure paterno abbatiam Sancti Johannis quae est sita in comitatu Riopollensi... ut semper illi sit subdita eo tamen conventu atque definitione, ut nulli umquam Episcopo liceat praedictam abbatiam Sancti Johannis destruere... sed semper in canonicali ordine... permaneat. Donde claramente se llama Sede la iglesia de Besalú, y súbdita suya la de San Juan de las Abadesas. Pero esta en su necrologio de letra coetánea abiertamente llama a Wifredo Episcopus huius ecclesiae. Y en ella ejerció jurisdicción como su Prelado propio, vendiendo y conmutando sus bienes por los años 1047, lo que fue ocasión para que el padre maestro Flórez (a: España Sagrada, tom. 28, pág. 140 sig.) le tuviese por Obispo de Ausona; y en ella poseyó hasta su muerte la abadía, aun después que se acabó su obispado, como se dirá, de lo cual pudiera inferirse alguna mayor preeminencia de la de San Juan de Ripoll. Asimismo consta que hacia el mismo tiempo ejercía alguna jurisdicción en Besalú, como luego se dirá. De todo lo que puede inferirse que ninguna de las dos iglesias se llevó el honor de única y propia Sede, y que, o bien por lo poco que duró el obispado, o por otras causas que ignoramos, no hubo tiempo para que Besalú se levantase con la gloria de la Sede, la cual quedó común a la iglesia de San Juan como a su concatedral.

El Wifredo electo en Obispo de Besalú no pudo ser el que supone Diago en la Historia de los Condes de Barcelona (lib. 2, cap. 90) hijo de Wifredo, Conde de Cerdaña, el cual fue hecho Arzobispo de Narbona en el año de 1019, porque el nuestro no sólo permanecía acá en el 1020, como dijo Marca, sino hasta el 1048, y aún más, como diremos luego. Mas con todo eso no puede negarse que debía ser personaje muy principal y de nobleza distinguida (a: Mayor fue la equivocación del autor del tomo 43 de la España Sagrada, pág. 342, que dijo que Wifredo fue promovido al arzobispado de Tarragona, porque bien pudo reflexionar aquel escritor que esta metrópoli no se restauró hasta más de medio siglo después.) 

Lo que sí sabemos de cierto es que su obispado fue de cortísima duración. En la Marca Hisp. se asegura que no duró más que desde el 1017 al 1020; y será así porque los Obispos de Gerona y de Vique no debieron tardar en hacer sus reclamaciones contra la nueva Sede, la cual perdió su apoyo luego que en 1020 murió el Conde Bernardo, su 

fundador, y en 1024 el Papa Benedicto VIII que la erigió. Sin embargo cuatro años después el Conde Guillermo en la donación que hizo a esta iglesia en 1027, donde expone que estaba ya el célebre Lignum crucis, de que luego se dirá, dice: Episcopus vero vel clerici ibidem Deo servientes praesentibus scilicet atque futuris ita obtineant, etc. Lo cual supone que residía aún allí Obispo. Mas ya pronto le llegó su fin, si es verdad que Wifredo fue trasladado a la Silla de Carcasona en 1031, como se lee en la Gallia Christ. Conservó igualmente la abadía de San Juan de las Abadesas hasta su muerte, acaecida en 27 de septiembre de 1054. Todo esto consta del necrologio de la misma iglesia, donde de letra de aquel tiempo se lee: V kal. octobris anno dominicae Incarnationis MLIIII obiit domnus Gaufredus (así le llama) huius ecclesiae Episcopus, et postea Carcassonensis Episcopus et Abbas huius loci. Al margen de la letra del siglo XII o XIII se añade: Hic fuit Episcopus huius ecclesiae impetrante Comite Bisuldunense a Domino Papa. Postea contradicentibus Episcopis Vicensi Gerundensi et aliis non potuit obtinere quod hic locus esset episcopalis et remansit Abbas et fuit postea Episcopus Carcassonensis. Esta nota, ignorada hasta aquí, me obliga a inferir varias cosas:

1.a Cuando el Conde Bernardo pidió al Papa por Obispo de su condado a Wifredo, era ya sin duda Abad de San Juan de Ripoll, por lo cual, destruido el obispado de Besalú, se quedó con aquella abadía (remansit Abbas), que conservó hasta la muerte, junto con la Silla de Carcasona. Y a la manera que Oliva, Obispo de Vique, y Arnulfo de Gerona, ambos Abades de Ripoll, conservaron aquella abadía; y cuando en ella ejercían algún acto judicial decían: Ego Oliva o Arnulfus Episcopus cum cuncta congregatione S. Mariae, etc., llamándose Obispos y no Abades; así Wifredo, porque lo era de Carcasona, en los actos judiciales de aquella abadía se intitulaba Obispo hasta por los años 1048 y siguientes, cuando en aquella casa no tenía más jurisdicción que la de Abad. Y esto es lo que descubre la equivocación que dije del padre Flórez, que porque en esos años le ve obrar allí con título de Obispo le tuvo por de la Sede de Ausona. De esto se dijo más en el Viaje de Vique.

2.a El ser Wifredo Abad de San Juan de (falta Ri) Ripoll cuando le hicieron Obispo Bisuldunense, pudo ser la causa de la anexión y aun sujeción de aquella abadía a la nueva Sede que expresó el Conde Bernardo en la escritura que citamos del año 1017, de manera que no quisiese dar a entender que la iglesia de San Juan fuese menor en el honor que la de Besalú; sino que aquella dignidad de Abad se conservase siempre unida a la persona del nuevo Obispo, sin que ni él ni sus sucesores se atreviesen a destruir aquella prelacía que acababa de establecerse, arrojadas de allí las monjas que tan perdidamente vivían. Lo que el Conde trabajó en esta obra tan del servicio de Dios, es lo que le obligaba a encarecer la conservación de aquella casa; que esta es la que sujetó, y cuya conservación encargó al nuevo Obispo y sus sucesores. Sobre esto se dijo más en el Viaje de Vique.

3.a Infiérese también que pues este Wifredo estaba por aquí, él es el que asistió a las consagraciones de la iglesia de Ripoll en 1032 y de la de Gerona en 1038, cuyas actas hallarás en la Marca Hisp. 

4.a Del mismo modo que este Obispo gobernaba la iglesia de San Juan, le hallamos también gobernando la de Besalú, y ejerciendo en ella actos judiciales hasta el año 1047 o 1048. De este tiempo es la escritura con que dio en censo a Raimundo Miro una porción de tierra, año XVII del Rey Enrique, la cual vi en el archivo real de Barcelona, y dice así: Wifredus gratia Dei Episcopus cum cuncta congregatione Sanctae Mariae qui est sita infra muros Bisulduni, etc., y en la subscripción dice: Wifredus Praesul. Esta permanencia del Obispo en este país y la jurisdicción que tuvo en las dos iglesias, acaso probará que los Condes, mal avenidos con la destrucción de su obispado, conservaron en alguna independencia estas iglesias, resentidos de los Obispos de Gerona y de Vique. Indica esto la escritura con que el Conde Guillermo firmó concordia con el de Gerona Berenguer Wifredo en 1055, un año después de la muerte de nuestro Wifredo. Porque luego que falleció este Prelado llamó al de aquella iglesia para que consagrase la de Santa María de Besalú, y le cedió todos los derechos de Bascara. Son notables entre otras estas palabras: Parco atque omnino indulgeo Pontifici praedicto cunctarum reatus quaerimoniarum quae mihi insunt de eo. Hízose esto por la mediación del Conde de Barcelona Raimundo Berenguer I, llamado el Viejo. Lo demás lo dirá la copia de la escritura que va adjunta (a: Ap. núm. XXII.), la cual es una verdadera concordia y total extinción de las pretensiones sobre obispado y sus resentimientos, que no debieron cesar hasta que murió el Obispo, porque la otra concordia que Marca publicó (col. 1011), firmada por Miro, Obispo de Gerona, y Aimerico, Arzobispo de Narbona, tiene muchas muestras de ser apócrifa. Porque no sólo se supone vivo al Obispo Miro, que falleció en 984, sino que se supone hecha la escritura en la era 1050, que es el año 1012 de la Encarnación, cinco antes que se erigiese el obispado. Y cómo antes de ser erigida la Sede habría quejas de parte del de Gerona y concordia por la extinción de ella? Mas por equivocaciones y falsedades que tenga la escritura, el contexto de ella puede ser cierto, y sería así, que suprimida la Sede, la iglesia volvió a ser abadía, y a recibir el crisma de la de Gerona. Mas como Wifredo continuó por acá como Abad, que al mismo tiempo era Obispo de Gerona, tengo para mí que esta reducción de Besalú a la obediencia de Gerona no se verificó hasta los últimos años de Wifredo. Y si a alguno de ellos ha de pertenecer la citada escritura, será al de 1047, en que era la indicción XV, que ella dice, o el de 1043, contándose los años del Rey Enrique desde que fue coronado, viviendo aún su padre Roberto en 1027, según cuyo cómputo el año 17 de su reinado, que allí se cita, es el 1043, en el cual era Papa Benedicto IX, que allí se nombra. Pero esto ya es delirar: sea del año que quiera esta concordia, el obispado de Besalú debió acabarse con ella, y esto basta. 

COLEGIATA DE BESALÚ.

La Colegiata de Besalú no tuvo en lo antiguo, como hoy, la advocación de Santa María. La primera memoria que hay aquí de esta iglesia es del año 977, en que el Obispo, Miro, Conde de Besalú, intitulándola de San Ginés y de San Miguel, le hizo donación de la que estaba fuera de los muros de la villa, intitulada de San Vicente, con el altar de San Rafael, que él mismo había erigido en ella. A este altar de San Rafael hizo después el Conde Oliva varias donaciones, que propiamente era hacerlas a la iglesia de San Ginés, que era la matriz. A la misma iglesia de extramuros, que todavía está en pié, se hicieron en 1018 varias donaciones que se expresan hechas Jesu Christo Dno. nostro, suaeque Genitrici Mariae Dominae nostrae, et Sancto Praesepio, sive in honore Sancto Gabriele Archangelo, et in honore Sancta Agne martyre Christi, et Sancta Cecilia virgine, quae est domus sita iuxta muros Bisulduno. La de dentro de la villa suena ya con otra advocación en 1017 en una bula del Papa Benedicto VIII, que la llama S. Salvatoris et S. Genesii. En 1028 el Conde Guillermo el Gordo la intitula S. Genesii, S. Micaelis, et S. Stephani Papae. Del mismo año hay otra donación del mismo Conde, que sólo llama S. Mariae, título que desde ahora suena junto con los otros, y que desde la mitad de ese siglo XI vino a quedar solo y característico de esta iglesia, excluido enteramente el de S. Ginés, que parecía el primitivo; porque los demás eran de altares o reliquias que en la iglesia había, por cuya devoción se hacían aquellas donaciones, como también se hicieron ad praetiosum lignum Domini nostri Jesu Christi, de cuya reliquia se hablará después. A la primera memoria de esta iglesia acompaña la de vida reglar, establecida en ella; la Aquisgranense se supone. Sin embargo, tiénese por fundador de esta canónico al Obispo Miro, porque en la donación que dije, hecha en el año 977, dice que el motivo fue ut Ermengarda Comitissa, et filius eius Bernardus statuant ibi canonicos regulares, qui die ac nocte Deo deserviant, et orent misericordem Dominum pro delictis meis. Hallarás esta escritura en la Marca Hisp. (col. 912). Efectuose desde luego este establecimiento, el cual aprobó el Papa Gregorio V en el año 998, y confirmó con nuevas donaciones el Conde Bernardo Tallaferro en el año 1000. En el siguiente, a 26 de marzo, en cierta donación del mismo suena ya un Abad llamado Adalberto, al cual, muerto dentro de pocos años, sucedió en el de 1006 otro Adalberto, elegido por el Conde conforme al privilegio del citado Papa. Esta escritura está en la misma obra (col. 962). Vivía este Adalberto en 1017, y a él dirigió el Papa Benedicto VIII la bula con que confirma la iglesia y sus posesiones (ibid. col. 1005). Entonces fue cuando se erigió el obispado de Besalú, suprimiéndose, según conjeturo, la dignidad de la abadía, o quedando incorporada a la persona del nuevo Obispo Wifredo. De la duración y remate de este obispado ya dije lo que he podido descubrir. Para mí tengo que cuando se acabó esa prelacía, que fijamente no se puede averiguar y debió ser hacia el año 1028 o 30, quedó todavía anexa la abadía a dicho Prelado hasta su muerte en 1054, y que entonces fue nombrado Abad Andrés, el cual firma en la restitución que el Conde Guillermo hizo a Berenguer, Obispo de Gerona, de todos los derechos de Bascara en el año 1055, la cual envié ya copiada. En otra donación del 1074 firma Guillermus Suniarii Abba. Poco más conservó este monasterio el honor de la abadía. Porque en 1084 el Conde Bernardo lo incorporó y sujetó a la de San Rufo de Aviñón y a su Abad Arberto y sucesores, pasando entonces de canónica Aquisgranense a Agustiniana. Va copia de esta escritura (a: Ap. núm. XXIII.), que tiene la singularidad de estar escrita por el notario Gaufredo, canónigo y levita in Castro novo, esto es, en el que de nuevo debió construirse entonces en Besalú, y acaso debió ser la primera que allí se hiciese. Que este palacio o castillo se estaba construyendo en el año 1029 consta de una escritura, de que diré después, hablando del Abad Tassio. Era en aquella época costumbre y como una especie de moda sujetar todas nuestras canónicas Agustinianas a la casa de San Rufo de Aviñón; a lo que sobre la virtud que resplandecía en aquel monasterio, ayudó mucho el haber entrado el condado de Provenza en la familia de los Condes de Barcelona. Esta sujeción y dependencia con los bienes de la casa confirmaron después Pascual II en 1115, el Conde de Barcelona en 1137, Adriano IV en 1157 y Alejandro III en 1162. Con esto cesa aquí la noticia de Abades, y sólo la hay de Priores que la gobernasen con la sobredicha sujeción. Los que yo he hallado en escrituras son los siguientes; 

Existencia. 

Rodgario. 1096. 1106. 

Guizon (Guizón). 1113

Bernardo. 1122

Fulcherio. 1123

Bertrando. 1127

Bernardo. 1131. 1146. 1154. 1160.

Pedro. 1162

Berenguer. 1168 

Pedro. 1172. 1183. 1195. 1198.

Guillermo. 1209. 1213.

Andrés. 1232

Gerardo. 1242

Los poseedores de este priorato pueden con verdad gloriarse de ser capellanes de los Reyes, puesto que ese título les dieron muchas veces, y ya desde el siglo XI solían los Condes llamar capilla suya a la iglesia de San Salvador y Santa María, sita dentro del castillo de Besalú, y yo sospecho que esto fue resulta de la fábrica del castillo nuevo que antes decía; pero esta es pequeña cosa para la historia en general. Vamos adelante.

De lo dicho se infiere que la iglesia que hoy llamamos de Santa María estuvo siempre dentro del castillo, o sea palacio de los Condes de Besalú, o que era parte de él. El edificio actual me parece ser del siglo XI, aunque el cuerpo de las tres naves está desfigurado, y sólo queda de lo viejo el crucero. No hay aquí más archivos que el prioral, donde están originales la bula de erección del obispado, y algunas pocas más que quedan copiadas para la Colección diplomática. Las otras noticias de esta iglesia, condado, etc., se tomaron del de Barcelona. 

Vi en esta iglesia muchas reliquias, junto con un cartel impreso de indulgencias concedidas a la iglesia de San Salvador de Oviedo, el cual tienen por acá por propio con motivo del título Sancti Salvatoris que tuvo antes esta iglesia, y cuya imagen, con las figuras alegóricas de los cuatro Evangelistas, permanece aún sobre la puerta principal de ella. Las reliquias más notables son: un pedacito del palio de Elías, id. del sudario y de los pañales de Cristo, id. del maná, id. de la vara de Moisés (es de dos dedos y de madera muy parecida a la que vi en Ara Xpi. y otras partes), id. del cráneo de San Juan Bautista, canilla del brazo o pierna de San Bartolomé, hueso grande de San Cristóbal, un choquezuelo de la rodilla de Santa Petronila, tres huesos grandes de San Ginés. Todas estas reliquias, con otras muchas, están en dos grandes relicarios en un armario al lado del altar mayor. En la sacristía hay otras menores en una arquilla de madera tachonada de varias piececitas de labor muy prolijo por el gusto árabe. Allí mismo vi una cruz de plata que llama mucho la atención de los curiosos. Téngola por obra del siglo XIII; a lo menos las figuras de Evangelistas y Querubines son de ese tiempo; pero se encastaron en ella joyas más antiguas, que voy a describir como pudiere. El palo vertical es de cuatro palmos, el travesaño de tres; en la cara principal, donde está la figura de Cristo con tres clavos, hay varios camafeos, una cabeza de Emperador, y otra superba de Medusa en ágata. Más notable es el reverso, en cuyo centro hay un cuadrado, y en uno de los ángulos de él un camafeo en fondo que representa un personaje en pie, apoyando sobre un escaño el pie izquierdo levantado, y con la mano derecha escribiendo o pintando sobre una tarja: tiene la cabeza con morrión, y en la espalda se descubren algunas puntas como de flechas. Esta figura es muy menuda, pero muy bien trabajada. En otro ángulo hay un sello árabe. El centro de dicho cuadrado ocupa un grande sello oval de piedra oscura, que no conozco, con este letrero:

+ (cruz) KARVLVS REX

INPERATOR

La antigüedad de la letra y la sustancia del letrero obligaron a decir que esta alhaja pertenecía cuando menos a Carlos Calvo, Rey y Emperador desde el año 840, no habiendo otro Rey Carlos de Francia posterior en quien resuenan los dos dictados. En el brazo derecho de la cruz hay otro camafeo grabado en fondo en lapislázuli, que representa una figura humana monstruosa, en pie, con la cabeza coronada, y las piernas y pies abiertos en arco como colas de serpiente: en la mano derecha tiene un látigo y en la izquierda un escudo o padrón. En el brazo izquierdo de dicha cruz hay otro camafeo con un dibujo Gótico, parecido al reverso de las medallas de Liuva, etc.: otro representa un Sagitario (signo celeste); en la asta de la cruz hay dos de delfines: otro en relieve de una mujer desnuda, airosa sobremanera, con un manto suelto asido de la mano derecha, y tendido por la parte opuesta de la figura: en la izquierda extendido un báculo, sobre el cual parece apoyarse. Esta mezcla de alhajas Romanas, Góticas, Árabes, y otras, acaso de otros tiempos y naciones, hace creer que la cruz fue dádiva de algún gran Príncipe que poseía aquellas preciosidades, las cuales, con no poca piedad, consagró al culto del verdadero Dios. Y acaso por ello diremos que alcanzara al tiempo de los Condes de Besalú, esto es, a los siglos X y XI; mas yo me ratifico en que las labores en plata son del siglo XIII.

Otra alhaja hay allí mismo por muchos títulos más apreciable, y guardada como tal, y tenida en gran veneración; y es un trozo muy considerable de Lignum crucis dispuesto en forma de cruz con dos travesaños, uno de los cuales tiene cinco dedos de longitud y el otro tres, con el espesor correspondiente. Grandes portentos se refieren obrados con la presencia de esta santa reliquia, singularmente con endemoniados y en tiempo de sequía. En estas últimas ocasiones, y aun en otras necesidades, solían, según la costumbre de los siglos medios, meterla un poco en el agua bendita; y se conoce esto bien en lo gastada que se halla la parte inferior del palo vertical. Del como vino acá tan precioso monumento dícense mil cosas, destituidas de toda verdad. El vulgo cree que es regalo que hizo el Papa San Dámaso a su patria Argelaguer (argelaga, argilaga, aliaga, aulaga), que es un lugar distante una hora de Besalú, y que por ciertos cambios la dieron a esta iglesia. Cuentos de viejas. Más verosímil es que la trajese de Roma el Conde Bernardo Tallaferro cuando fue allá el año 1017 para alcanzar del Papa Benedicto VIII la erección de Silla episcopal en su condado. La bula en que esto se le concedió denota el singular aprecio que la Silla Apostólica hizo de nuestro Conde por su piedad y gran poder, que no se le negó una cosa tan en perjuicio de las Sillas de Vique y Gerona. Por donde es más fácil entender que entonces debió hacérsele también este regalo. Esta conjetura se funda en que antes de esa época no hay memoria alguna de dicha santa reliquia en cuantas donaciones se hallan de los Condes anteriores, en las cuales frecuentemente suelen mencionar otras que acá se veneraban; mas en el año 1025 el Conde Guillermo, con su esposa Adalais, en una donación que trae la Marca Hisp. (col. 1040), dice que la hace ad praetiosum Lignum Dni. nostri Jesu-Christi. Siendo esta, como es, la primera memoria de esta reliquia, así como es la primera donación que los Condes hicieron a aquella iglesia después del 1017, parece claro que a la época del viaje que decía pertenece la venida de la reliquia a esta iglesia. Después de ese año, 1025, ya es frecuente la memoria de ella, como lo verás en la copia adjunta de la copiosa cesión de toda la décima del condado y de otros derechos hecha a la misma iglesia, y por los mismos Condes, en el año 1027 (a: Ap. núm. XXIV.).

Si nos quedaran sellos y escudos de armas, o monedas de los Condes de Besalú del siglo XI, no dudo que en ellos hallaríamos esta cruz de dos travesaños, como la vemos en las monedas propias de esta villa que se acuñaron en tiempo de las guerras de Felipe IV y Luis XIII de Francia, como casi todos los pueblos de Cataluña batieron las suyas. Más arriba describimos la propia de Besalú: en la que se ve esta cruz partiendo con las barras del principado el escudo que hoy usa la villa. 

SAN PEDRO DE BESALÚ. 

Los historiadores de Languedoc dicen (lib. X., cap. 24) que el Rey Carlos el Calvo, hallándose en el monasterio de San Saturnino, sitiando a Tolosa en el año 844, expidió un diploma a favor de Domnulo, Abad de San Pedro de Besalú, de la diócesis de Gerona. 

Este documento publicó Baluzio en los Capitulares (Ap. núm. LXII), del cual, siendo cierto, se ha de inferir que debió quedar destruida aquella casa primera, o que estaba fundada en sitio diferente, iuxta flumen Sambuga que dice la escritura. Como quiera que esto sea, es cierto que un siglo después aparece como fundador de esta casa de San Pedro Wifredo, Conde de Besalú, hermano del de Barcelona Suniario, destinando este lugar para monasterio de la orden de San Benito, y logrando del Rey Luis el Ultramarino la confirmación de todas las posesiones que le había dado año XVI de su reinado (950 de Cristo). Trae este diploma la Marca Hisp. (Ap. núm. LXXV), en el cual se hace mención del Abad Jaufredo, que contaré por el primero. Con ser esto así, todavía es tenido por su fundador Miro, Obispo de Gerona, hermano también de Wifredo, y según se dijo, su sucesor en el condado. Es así que existe una amplísima escritura (Ibid. núm. CXXIV) del año 977, en la que él mismo dice ser el que escogió aquel lugar para monasterio, el cual dota copiosamente. Más copiosas son las dotaciones que hizo los años siguientes 978 y 979, las cuales quise copiar por la singularidad, gracia y caprichosa elegancia de su contexto, y por la memoria que en ella hace de los Condes, sus hermanos, de la cual me serví en la noticia de estos Príncipes (a: Ap. núms. XXV y XXVI.). Del último de dichos años, es a saber 979, hay una bula del Papa Benedicto VII, en que confirma la nueva casa y su inmediata sujeción a la Sede Romana, con el censo que le impuso Miro de cinco sueldos anuales. Está dirigida al Abad Gifredo, que debe ser el mismo que Jaufredo; no la envío copiada, porque no he hallado de ella sino copias, y porque ya la publicó nuestro Cardenal Aguirre (Concil. Hisp., tom. IV, pág. 384), aunque con algunas equivocaciones, entre ellas la del nombre del Abad, a quien llama Guispedo. Esta confirmación pontificia la solicitó el mismo Miro, llevando consigo a Roma la escritura de fundación, como se lee en las actas de la dedicación de esta iglesia: y por esa razón en la dotación que dije del año 979 se ingiere el nombre y decreto del Papa Benedicto.

El mismo Miro comenzó la fábrica de la iglesia, que al fin se consagró a 23 de septiembre del año 1003, a instancias del Conde de Besalú Bernardo Tallaferro, por los Obispos Odón de Gerona, Arnulfo de Vique, y Aecio (Ezonem) de Barcelona (a: La España Sagrada, tom. 43, pág. 346, llama Aton a este obispo de Barcelona. Acaso estará así escrito en la copia que su autor dice que vio entre los mss. de la Academia de la Historia. También hubo equivocación en decir que el Abad Wifredo de este año 1003 era el mismo que el del 979, que fue el primero de este monasterio. Véase el catálogo que luego se pondrá de los Abades.) 

Asistió también a esta solemnidad Wifredo, Conde de Cerdaña, hermano del de Besalú. Va copia de esta preciosa escritura tomada del original, que existe en el mismo monasterio, aunque algo deteriorado y roto (b: Ap. núm. XXVII.). Era Abad en esta ocasión otro Wifredo distinto del primero. No hay duda en que el templo es el que subsiste hoy día renovado sin alteración de la arquitectura antigua, como debe ser, y como en otras partes no han hecho. Bello edificio de tres naves con su crucero, al modo de las de Urgel, Ripoll y otras iglesias de los siglos X y XI. Desde la misma fundación de esta casa se venera en su iglesia el cuerpo de San Primo M. Advectus est igitur (dice el Obispo Miro en las donaciones de los años 978 y sig.) in eodem cenobio, Deo disponente, corpus venerandi martiris nomine Primi, pro cujus intercesionibus Omnipotens Deus multis in eodem loco dignatus est fieri virtutibus, et laudatur glorificaturque Omnipotens Deus ab omni populo qui talem illis contulere dignatus est patrono. Sigue constantemente la memoria de este Santo en las escrituras posteriores; y en muchas donaciones suena contitular con San Pedro: ad domum (dicen) Sancti Petri et Sancti Primi cenobii, qui sunt fundati iuxta castro Bisulduni. Ni una palabra hay en todos esos documentos, digo en los antiguos, del cuerpo de San Felicísimo, que también se venera aquí. Además de las memorias antiguas del cuerpo de San Primo las hay también de estar en el monasterio desde su fundación las de los Santos Concordio, Evidio y Patrono. Consta esto de la encíclica que, según la costumbre, dirigieron los monjes de Ripoll a todos los monasterios, día 4 de julio del año 1008, anunciando la muerte de su Abad Seniofredo. Circulaba la carta por todos los monasterios, no sólo de nuestra provincia, sino aun de la Narbonense, cada uno de los cuales ponía una noticia de su recibo y de los Abades que en ellos habían muerto desde la última circular, para lo cual iban añadiendo trozos de pergamino, cosiéndolos hasta formar como un volumen larguísimo, el cual volvía al monasterio que dirigió la carta. En Ripoll se conservan algunos de estos documentos, cuya preciosidad y utilidad es fácil de entender: a mí por lo menos me han servido a maravilla para los catálogos de Abades, que sin este auxilio salieran muy diminutos. El recibo del que ahora digo en este monasterio de Besalú comienza de esta manera: venit pellifer ad limina B. Petri Apostolorum Principis in cenobio qui est situs iusta Castrum Bisulduno, ubi requiescunt corpora Sanctorum Primi, Concordii, Evidii... (roto) atque Patroni, esto en cuanto a la memoria de los sobredichos Santos. Continúa el Abad, que entonces era Wifredo, poniendo los nombres de los que en este monasterio le precedieron, y en primer lugar escribe Dominus Teudericus Abba aedificator. Con lo cual si quiso dar a entender que Teuderico había sido el fundador de la casa, no cuadra esto con las memorias ciertas que quedan, por las que consta que el fundador fue el Conde y Obispo Miro. Tampoco puede decirse que este fuese el primer Abad, porque ya hemos visto que lo fue el llamado Jaufredo o Gifredo, y de Teuderico no hay otra memoria de que lo haya sido de esta casa, ni tampoco Dodo, que es el segundo y último que nota la encíclica. Admira esto mucho más al ver que omite la memoria de los dos primeros Abades, de quienes hay noticia cierta que lo fueron, y por los cuales comienza la serie de ellos; por donde me doy a entender que Teuderico y Dodo fueron los dos inmediatos a Wifredo, porque la costumbre era mencionar los últimos Prelados; ni cabía que se contasen todos los que habían fallecido, cuyos óbitos ya se suponen anunciados para el sufragio monástico. En el monasterio de Camprodon, de que hablaré otro día, hay dos Abades Teuderico y Dodo de fines del siglo X. ¿Quién sabe si la encíclica alude a ellos, que lo serían al mismo tiempo del nuestro? Mientras otra cosa no conste, contaré a los dos Abades en el lugar que he dicho en el siguiente catálogo (a: La España Sagrada (loc. laud.) dice que ni en las bulas ni en otros documentos anteriores al siglo XIII pudo hallar los nombres de los Abades sino de Domnulo y Jaufredo. Pues yo aseguro que el catálogo presente hasta el siglo XV no es sacado más que de bulas y escrituras que me han venido a mano.). 

Existencia. 


Jaufredo o Gifredo. 950 - 979

Arnulfo. 998

Hay memoria de este Abad en escritura de ese año, en la cual Eriberto, testamentario de Isarno (Eribert o Heribert - Isarn), puesto ante el altar de San Pedro y de San Primo, cedió a este Abad y a sus monjes la iglesia de San Miguel de Avellana curba en el valle Securillas, cum missale maiore. 

Existencia. Muerte. 

Teuderico.

Dodo.

Wifredo 1003 - 1008 1022

Estos tres Abades constan de la encíclica de que antes hablamos. 

Annifredo. 1027

Tassio 1229 - 1031.

De él hay memoria en escritura del primero de esos años, que va copiada, en la cual Willelmo, Conde de Besalú, por haber recibido del Abad Tassio 300 y más modios de cal para construir su palacio, le concede que ni él ni sus sucesores exigirán de los bienes del monasterio ullum receptum, neque ullam paratam, etc., obligándose desde entonces a quedar excomulgado con la excomunión de todos los Obispos que firmaren la escritura. Y la primera que se halla original es la del Papa Juan XIX, a la cual siguen las de los Obispos Pedro de Gerona, Oliva de Vique, Wifredo de Besalú y otros. Véase la copia (a: Ap. núm. XXVIII.). Por estos tiempos cupo a este monasterio la suerte que al de Ripoll en la sujeción al de San Víctor de Marsella. El Conde de Besalú era afecto a los Franceses, como se vio en lo de San Juan de las Abadesas. Y aunque de ello no quede acá noticia: mas sospecho que debió durar esta sujeción hasta el año 1086, puesto que Pedro Bernardo suena Prior en 1085, y ya se intitula Abad en 1086. 

Bernardo. 1113 - 1155.

En 1154 el Arzobispo D. Bernardo Tort dio a este monasterio la iglesia de Santa Madalena, extramuros de Tarragona, quae (dice) olim fuerat templum Martis, ut in ea ponerent monacos. Esto dice en una de sus notas mss. el padre Caresmar.

Otra donación copié en la Catedral de Tortosa hecha por Gaufredo, Obispo de aquella iglesia, a este monasterio y Abad Bernardo, en la cual le cede la iglesia de Flix, como verás en la copia adjunta (a: Ap. núm. XXIX.), a pesar de tener equivocada la fecha. Está firmada por dos canónigos regulares de Santa María de Besalú, y por el Abad y Prior de nuestro monasterio.

Principio. Existencia. Muerte. 

Pedro. 1174 1191 - 1220

Guillermo. 1220 - 1240

Bernardo 1242 - 1252

Guillermo electo en  1253 1270

Pedro. 1272 - 1303 

Dalmacio de Palol. 1310 - 1323 

Berenguer de San Esteban 1324                 1348

Bernardo. 1349 - 1356  

Francisco. 1358 1361 - 1380

Bernardo de Montagut. 1383 

Dalmacio de Guisa. 1387 1394 - 1409

Berenguer de Perarnau. 1415 1421  

Berenguer Espasens. 1436 

Antonio de Vilardell. 1443 - 1466

Francisco Xatmar. 1481 1500 

Era juntamente abad de Bañolas. Véase el catálogo de aquel monasterio. 

La iglesia, como dije, es la construida en el siglo XI con tres naves, y las colaterales rodean el presbiterio; el cual se divide de ellas por columnas pareadas muy graciosas. De los cinco intercolumnios que resultan, el del centro está ocupado con la estatua del titular San Pedro, debajo de la cual hay un nicho donde están tres arcas cubiertas de terciopelo carmesí, las cuales sirvieron en lo antiguo para depósito de los cuerpos santos que dije, y hoy sólo contienen algo de sus cenizas y huesos más pequeños. Las reliquias más insignes de los mismos, están colocadas en los intercolumnios laterales en bustos de plata custodiados en armarios dorados, es a saber; a la parte de la epístola varios trozos del cráneo de San Felicísimo, y un hueso de la espalda de San Evidio, ambos MM.: item un trozo de la asta o bandera militar de San Patrono M. En la del evangelio están la cabeza entera de San Primo, que cierto admira por su antigüedad, y el hueso del muslo izquierdo de San Concordio M., cubierto de carne y piel, y varios huesos de San Marino M. Cada uno de estos Santos es aquí venerado con fiesta particular. La colocación de estas reliquias, el altar y el adorno de toda la iglesia es obra del Abad Don Anselmo Rubio, que murió en 1780, el cual tuvo la discreción de no alterar la arquitectura antigua. En la pared exterior de la iglesia hay un letrero sepulcral, que copiaré aquí por la rareza de su cómputo. Dice así: 

Judicio sano B. Judex Dalbuciano

Has terras rexit, nec se male munere vexit

Milis (se lee Mitis) erat, gnarus, probus, aptus, stemate clarus, 

Hic situs est munde: fuit archilevita Gerunde

M. cum C. bina triplex X. I. sine trina

Servabant numeros XI. cum dessit hic heros.

Parece que la cuenta será el año 1227, y si no es ese año, será otro. Ya que estamos de inscripciones, allá va una importante que se conserva en el presbiterio de la iglesia de San Vicente, sita extramuros y pegada al castillo, de la que hay varias memorias ya desde el siglo X, y es de la de que hablé cuando se trató de la Colegiata de Santa María; dice así:

Hic iacet honorabilis Petrus de Rovira, legum doctor, qui transtulit corpus beati Vincencii Martiris à monasterio (Sancti) Saturnini de Cavernolis, et suo tractatit (f. tractavit) honorifice in presenti ecclesia recondidit. Qui obiit Petrus de Rovira VII marcii, anno Dni. M.CCCCXIII (1413). El cuerpo de este Pedro está en la tumba sobre la inscripción con el busto del mismo; mas de el de San Vicente no sé si queda mucho o poco. Dicen que está en una arca debajo de la estatua del mismo Santo titular de la iglesia. Llámanle aquí Sent Vicent Capellá, por ser San Vicente presbítero y mártir, de quien hace breve mención, y aún menos que yo, el P. Domenec en la Historia de los SS. de Cataluña (fol. 64. b.), y ni aun copia la inscripción.

A este monasterio de San Pedro se unieron en 1592, por bula de Clemente VIII, otras dos antiguas abadías, es a saber; la de San Quirico de Colera y la de San Lorenzo de Monte. La primera estaba en el condado de Peralada, no muy distante de la de San Pedro de Rodas in valle Leocarcari. Su origen es del tiempo de Carlo Magno. Consta esto de la sentencia dada a favor de esta casa en el año 844, la cual extracté en el Episcopologio de Gerona (artículo Godmaro) por las muchas curiosidades que contiene, y entre ellas la de ser la primera vez que se halla escrita la palabra Catalonia. Contaba yo con haber hallado aquí original este documento, mas ni aun hay copias de él.

Sin embargo, alguna fe merece el traslado del siglo XIII que queda en Gerona, como allá se dijo. Y lo que de él consta es que el Abad Libencio y su hermano Assinario obtuvieron de Carlo Magno el territorio de Peralada, nombre que ellos pusieron a la que los Moros llamaron Tolon o tierra muerta. Hechos señores de la tierra, que era del fisco imperial, fundaron y dotaron el monasterio de San Quirico y San Andrés, cuyas posesiones e inmunidad defendió Giemundo, monje, hijo de Assinario y sobrino de Libencio, contra las pretensiones de Alarico, Conde de aquel territorio, produciendo en juicio por testigos cuatro presbíteros, cuatro nobles y seis pageses, que vivieron en tiempo de Carlo Magno. En fin allá fue la escritura, que es curiosa.

Lo que he visto es la escritura de consagración de su iglesia (de San Quirico), hecha en 1123 por el Obispo de Gerona Berenguer Dalmacio, con asistencia de Arnaldo y Pedro, Obispos de Carcasona y de Elna, donde se confirman los bienes que le dieron varios nobles, y Guigo, Obispo de Gerona, que lo fue en el principio del siglo X, como ya vimos. Va copiada (a: Ap. núm. XXX.), no sólo por esto, sino por contener la demarcación o límites del monasterio. Sus titulares en cuantas escrituras he visto son siempre San Quirico, San Andrés y San Benito. Han perecido muchos de los instrumentos que pertenecían a aquella casa; sin embargo, de los que se trajeron a esta de Besalú he sacado la noticia de los Abades siguientes:

N... 844

Manuel. Existía en el año XXX de Carlos el Simple (927 de Cristo), como se ve en escritura trasladada en el año siguiente, y en una donación de Triezius et Celdonia et Savila hacen a San Quirico de una viña quam, dice, nos tenemus per praeceptum Regis sicut et ceteri Spani. Esta última expresión confirma que los Españoles que se retiraron al territorio sujeto al Rey de Francia huyendo de los Moros, continuaron aún el siglo X disfrutando el mismo privilegio que los que se refugiaron un siglo antes. Este es punto demasiado curioso para tratarse aquí, y más que muy a la larga lo dejo averiguado en el Discurso prelim. a las Memorias de los Condes de Urgel.

Principio. Exist. Muerte.

Guillermo. 1128

Berenguer. 1135

Bernardo. 1204

Berenguer de Massanet. 1216. 1219 

Pasó a la abadía de San Pedro de Camprodon. Véase el Viaje a aquel monasterio.

Bernardo Gerallo. 1224. 1242 

P... 1250 1264

Raimundo. 1270 1296

Berenguer de Vilatenim. 1297. 1320

Pedro. 1321 1355

Guillermo. 1363 1375

Arnaldo. 1377 1384

Pedro de Bosch, electo en 1384

Guillermo. 1390 1399

Jaime. 1401 1421

Benedicto. 1426

Asberto de Abilliariis (Abellars). 1461. 1443

Galcerán de Monpalau. 1461. 1476

Galcerán de Rocaberti. 1489

Estos son los únicos Abades de quienes se haga memoria en los pergaminos que quedan. Mucho menos queda del monasterio de San Lorenzo de Monte (Sent o Sant Llorenç de Munt), de quien nada puedo saber, sino que, como dije, fue incorporado a este de San Pedro. 

Tampoco he podido averiguar el sitio y suerte de otro monasterio, intitulado de San Julián y San Vicente, fundado en este condado de Besalú, al cual pertenece la escritura que publicó el Cardenal Aguirre (Concil. Hisp. tom. III, pág. 150) fecha kal. martii, indictione XIV anno XXVI regnante Carolo gloriosissimo Rege, que es el año de Cristo 866, de Carlos el Calvo XXVI, en el cual cayó la indicción XIV. Confirma en ella aquel Príncipe a la casa y a su Abad Rimila todas las posesiones, dándoles facultad de elegirse sucesor según la regla de San Benito.