martes, 31 de mayo de 2022

CARTA XIX. Catálogo de los Obispos Segobricenses.

CARTA XIX. 

Catálogo de los Obispos Segobricenses

Mi querido hermano: La experiencia me ha hecho ver cuan útil, y aun necesario es para el desempeño de mi comisión tener a la vista un catálogo exacto de los Obispos que gobernaron las Iglesias. No basta saber los ritos particulares de ellas; es preciso averiguar también la época de su establecimiento, decadencia o abrogación. Lo cual sería tan difícil sin la serie cronológica de los Obispos, como sin la de los Reyes el ordenar los sucesos que presenta la historia civil. Mas como la noticia circunstanciada de los Obispos da luz a la historia de sus Iglesias, debo extenderme en estos catálogos algo más que en el de los Prelados de Valencia, cuya serie cronológica bastaba para ilustración de la liturgia a que estaba ceñida por entonces mi comisión. Diré pues brevemente de los Obispos Segobricenses de la Iglesia antigua y moderna, cuanto pueda ilustrar nuestra literatura eclesiástica. Y digo de la Iglesia antigua, porque mientras no se demuestre lo contrario, no osaré quitar a los Prelados modernos Segobricenses la gloria de ser sucesores de los antiguos. Para la formación de este catálogo he tenido presente un episcopologio MS. que conserva en su archivo esta Iglesia, escrito por el sabio Obispo D. Juan Bautista Pérez hasta su tiempo, y continuado por otro hasta el 1659: item, el que publicó el Obispo de Albarracín D. Fr. Andrés Balaguer de los Prelados de su Iglesia, y va al principio del sínodo que celebró en 1604: el que imprimió en las antigüedades de la Iglesia de Segorbe su canónigo D. Francisco Villagrasa año 1664; y también lo que de los antiguos Obispos dejó escrito Flórez en su España sagrada. De propósito omito los Obispos que Villagrasa, sin poder averiguar sus nombres, supone haber asistido a los Concilios I y II de Toledo, y también al Valentino. No es inverosímil que a fines del siglo V y principios del VI tuviese Segóbriga Obispos que asistiesen a aquellos Concilios; pero supuesto que ellos en las firmas no expresaron sus sillas, vamos a los ciertos e indubitables de que nos queda memoria.

I. Próculo es el primer Obispo Segobricense, de quien consta que el año 589 asistió al Concilio III Toledano, en que el Rey Recaredo con toda su corte abjuró el arrianismo. De los sesenta y dos Obispos que se hallaron presentes el nuestro firma en el número 23: único Prelado de esta silla y católico, teniendo otras Iglesias dos Obispos, uno de ellos arriano, como sucedió a la de Valencia, donde a más de Celsino católico, se hallaba Wiligisclo que abjuró en el mismo Concilio.

II. Porcario (no Portario como dijo Ambrosio Morales, ni Poscario como escribió Loaysa) asistió el año 610 a un Concilio extraordinario de Toledo, reinando Gundemaro, en el cual se trató de no reconocer otra metrópoli en la provincia Cartaginense que Toledo. Firmó este Obispo en el décimo lugar entre los quince Prelados que asistieron. 

III. Antonio se halló en el IV Concilio Toledano de 63 tan célebre por la uniformidad de la liturgia que en él se estableció. Firma este Prelado en el número 46. El M. Flórez supone que sólo asistieron a este Concilio sesenta y dos Obispos; mas el Señor Pérez dice que fueron sesenta y seis. En los Concilios siguientes V y VI firma por este Obispo Antonio un Diácono de su Iglesia llamado Vamba, y también Pedro; altero scilicet nomine Gotthico, añade Pérez, altero magis ecclesiastico. Vacaba sin duda esta silla por los años 646 en que se celebró el Concilio VII de Toledo, puesto que no se halla suscripción alguna perteneciente a esta Iglesia.

IV. Al VIII, celebrado en el año 653, quinto de Recesvindo, asistió Floridio, Obispo de Segóbriga, firmando el decimoquinto.

V. Eusicio subscribió en los dos Concilios Toledanos IX y X celebrados en 655 y 656. Del primero dice el Sr. Pérez que sólo fue de nueve Obispos, cuyas suscripciones vio en los MSS. de Toledo y del Escorial. Loaysa y el P. Flórez aumentan su número hasta diez y seis. 

VI. Memorio, Obispo Segobricense, asistió al Concilio XI de Toledo de 675, y al XII de 681. Acerca de este último Concilio dice el Obispo Pérez: “Illud observandum subscriptionem in libris impressis esse mendosam. Nam ibi legitur Memorius Egobinensis, et Ella Segobricensis, quem errorem secutus est Antonius Beuter historicus, dicens in hoc Concilio Ellam fuisse Segobricensem; cum in libris Gotthicis aperte legatur Memorius Segobricensis, et Ella Segontiensis, quae nunc est Siguenza (Sigüenza). Nam Episcopatus Egobinensis nusquam legitur inter Episcopatus Hispaniae; et hunc ¡psum errorem librorum impressorum animadvertit Ambros. Morales historicus.”

VII. Olipa asistió a los Concilios XIII y XIV de Toledo en los años 683 y siguiente. Villagrasa atrasó un año estos Concilios sin decir por que se apartaba de la cuenta y parecer del Señor Pérez, cuyo episcopologio me consta que tenía presente. 

VIII. Anterio subscribe como Obispo de esta silla en los Concilios Toledanos XV del año 688 y XVI del 693. En el siguiente 694, séptimo del Rey Egica, se celebró el Concilio XVII, en el cual, aunque carece de suscripciones, es verosímil se hallase este mismo Prelado, último de los Segobricenses que sabemos anteriores a la invasión de los sarracenos; la cual es también muy posible que alcanzase, como acaecida diez y siete años después poco más o menos. 

Permaneció esta silla sin Obispo por espacio de 460 años, con poca diferencia hasta el de 1172, en que habiendo dado el Rey Moro de Valencia a D. Pedro Ruiz de Azagra, caballero navarro, la ciudad de Albarracín, que otro llamaron Abenrazin; y queriendo el nuevo Señor honrarla con Obispo propio, acudió al Cardenal Legado Jacinto Bobo, que después fue Papa Celestino III. Con esto, y con la facultad que dio Urbano II a D. Bernardo Arzobispo de Toledo y sus sucesores, de poner Obispos en los lugares que se fuesen conquistando de los moros, logró Azagra ver cumplidos sus deseos, eligiendo D. Cenebruno, que a la sazón era Arzobispo de Toledo, para Obispo de Albarracín a un Canónigo de su misma Iglesia llamado 

I. D. Martín, al cual se le dio el título de Arcabricense, o como quieren otros Ercavicense, por haberse creído que Albarracín estaba comprendido en el territorio del antiguo obispado de este nombre. Pero cuatro años después, averiguado mejor este punto, se vio que Albarracín pertenecía a la diócesis Segobricense, asignándose luego a la de Cuenca, que se erigió en 1182, todo el territorio que fue de los obispados antiguos Arcabricense y Valeriense. Los nuestros siempre se llamaron Segobricenses, aun durante el espacio de setenta años, que tardó Segorbe en salir del cautiverio de los moros. Y así con razón comienza la serie de los Obispos modernos de Segorbe por este D. Martín; el cual juró obediencia al Arzobispo de Toledo D. Martín López de Pisuerga como a su metropolitano en el año 1200 a 15 de Septiembre. En el instrumento que se hizo con esta ocasión, y existe en Toledo, habla así dicho Obispo: Ego Martinus Segobricensis Episcopus, cum Ecclesiam S. Mariae de Barrazin, quam modò pro sede habeo... subiectionem et reverentiam promitto vobis Domino Martino Metropolitano meo, Toletanae sedis Archiepiscopo, sicut in consecratione meam antecessori vestro Domino Cenebruno promissi &c.... El Señor Pérez, que copió del documento original estas palabras, añade que en él sólo firman ocho clérigos de Albarracín, entre ellos dos Canónigos, dos Diáconos y un Porcionario, y siete Párrocos, es a saber, de Torres, Moscardón, Roncales, Náxera (Nájera), Oriola (Orihuela), Frías y Calomar. Créese que era este primer Obispo Canónigo de Toledo. Pérez lo infiere de una constitución hecha por D. Cenebruno, era 1210 (año 1172), de número quadragenario Canonicorum, a la cual subscriben todos ellos, no con nombre de Canónigos, sino de Presbíteros, Diáconos y Subdiáconos; y en la primera clase entre los más antiguos se halla Martinus Presbyter. Puedes certificarte de ello en la copia adjunta (a: V. apéndice n. I.). Tengo por harto bien fundada esta conjetura, constando por otros ejemplares que los Arzobispos de Toledo solían nombrar Obispos de las Iglesias sufragáneas a los Canónigos de la suya. Es casi cierto que en tiempo del dicho Don Martín se establecieron las constituciones antiguas de esta Iglesia, gran parte de las cuales convienen hasta en las palabras, como dice Pérez, con las antiguas de Toledo. Debieron establecerse desde el año 1172 hasta el 1208 en los tiempos de D. Cenebruno, o de D. Martín López de Pisuerga, Arzobispos de Toledo, cuyos pontificados alcanzó nuestro D. Martín (b). 

(b) Del Arzobispo López de Pisuerga consta que hizo una constitución para esta Iglesia, estableciendo el modo de partir los frutos entre el Obispo y el Cabildo, la cual confirmó el año 1232 el Arzobispo D. Rodrigo, como resulta del instrumento que se conserva en este archivo. 

No sabemos fijamente el año de su muerte; mas como la primera memoria de su sucesor sea del año 1213, bien puede conjeturarse que vivió hasta ese tiempo. Sucedióle II. Hispano, el cual sin duda era el deán de la Iglesia de Toledo, a quien tres años antes escribió el Papa Inocencio III; la carta se halla entre las impresas (a: V. epist. Innoc. III, lib I. epist. 10.). Lo cierto es que era ya Obispo Segobricense en 1213, en que a instancia del Señor de Albarracín Don Pedro Fernández de Azagra partió a Roma a tratar con dicho Papa de la libertad del niño Rey D. Jayme I, detenido por el Conde Simón de Monfort, contribuyendo a la restitución de dicho Príncipe (b); 

(b) V. Hist. Roder. Tolet. lib. VI. c. V., donde dice: venerabili Episcopo Hispano sollicite procurante etiam propriis sumptibus V. Zurita Annal. lib. II. c. 66. 

la cual verificó de orden del Papa Inocencio el Cardenal de Benevento Pedro de Mora. Así por esto, como por su literatura y virtud dicen que mereció ser nombrado por el mismo Cardenal Maestro de dicho Príncipe. Dos años después volvió a Roma a la celebración del Concilio Lateranense IV con su Metropolitano D. Rodrigo Ximénez y otros Obispos españoles, cuyos nombres refiere el Señor Pérez tomándolos del libro de los privilegios de la Iglesia de Toledo, y dice que faltan en los ejemplares impresos. Porque sé que no te disgustará esta noticia, pondré aquí sus palabras. Dice, pues, que asistieron a este Concilio Petrus Compostellanus, Garsias Conchensis, Gerardus Segobiensis, Melendus Oxomensis, Joannes Calagurritanus, Joannes Ovetensis, Martinus Civitatensis, et N. Vicensis Episcopus, Procurator Sparagi Archiepiscopi Tarraconen. absentis et G. Bracaren. Archiepiscopus, et alii. Por esta nota se ve que es yerro de imprenta el nombre de Segobiensis, que se da a nuestro Hispano en la historia del Arzobispo D. Rodrigo; pues a más de que no se halla ningún Obispo de este nombre en el catálogo de los de Segovia, a este Concilio, en que firmó Hispano Segobricense, asistió también Gerardo Segobiense. Murió este Prelado a 11 de Diciembre de 1215, como se nota en el libro viejo de los aniversarios de Toledo. Y aun por eso el Señor Pérez, a quien debemos esta noticia, sospecha que murió en aquella ciudad. Lo cual es harto inverosímil, siendo cierto, como lo es, que el citado Concilio no se concluyó hasta el día 30 de Noviembre del mismo año. Tampoco se puede saber con certidumbre si este Hispano es el que Gauberto Fabricio en la Historia antigua de Aragón llama Raymundo Hispano; ni si era su pariente un Bernardo Español, soldado, que se halló en la conquista de las Islas Baleares, año 1228, de quien hace mención Zurita (a: Annal. lib. III. cap. 4.). Lo cierto es que este mismo Obispo es el que la crónica del Rey D. Jayme (atribuida equivocadamente a este Príncipe), tratando de su restitución a los señoríos legítimos, llama en lengua lemosina: Lo Bisbe Nispan, porque esto equivale a En Hispan o D. Hispan (Hispán), lo mismo que Nugo y Not, y Namfós valen D. Hugo, D. Oto, y Don Alfonso.

III. Egidio, o Juan Egidio Gil, cree el Señor Pérez que debe ser colocado en este lugar como sucesor de Hispano desde el 1216 hasta el 1222. En una nota que se lee con alguna dificultad, cuando habla de D. Martín, dice estas palabras: Hic Egidius Episcopus videtur interponendus: nam alibi vix potest, vel certè post Hispanum, non post Dominicum. Por donde no parece tan infundada, como pretende Villagrasa, la cuenta del Ilustrísimo Balaguer que hace a este D. Juan inmediato sucesor de D. Martín. Tampoco sería reprensible el que le colocase después de D. Ximén desde el 1245 hasta el 1247, porque en la escritura de donación de Zeyt Abuzeyt de 1238, el primer testigo es AEgidius Archidiaconus, (página borrosa)* calidad que todos le conceden antes de *ser Obispo. Como quiera, la cosa es oscura, y por ahora estos seis años desde la muerte de Hispano hasta que nos consta de su sucesor, quedan huecos si no suponemos Obispo Segobricense a este D. Gil. Inciertos son también los principios del Obispado de  

IV. D. Domingo, del cual sólo sabemos que era ya Obispo en 1223, en que acepta la donación de ciertos viñedos que hizo a su Iglesia D. Pedro Fernández de Azagra, tercerSeñor de Albarracín en la era 1261, la cual he copiado (a: Véase el apéndice núm II.). Lo era también en 1232 en que D. Rodrigo, Arzobispo de Toledo, estando en Brihuega hizo la constitución sobre la división de diezmos en esta Iglesia, de que antes hablé. Parece que debieron hallarse en el mismo lugar con dicho Arzobispo nuestro Don Domingo y los diputados de su Cabildo, pues todos firman de su mano esta concordia, que quedó rubricada con los sellos del Arzobispo y del Obispo y capítulo Segobricense; de estos sellos sólo se conserva el último, el cual está grabado en cera roja (pone roxa), y representa una imagen de nuestra Señora sentada con el niño en los brazos, y alrededor estas palabras: S. Capituli Segorbic. et S. Mariae de Albarracino (a: Véase este documento en el apéndice núm. III.). En el año siguiente asistió nuestro Prelado al Rey D. Jayme I en el sitio y toma de Burriana, y dijo la primera misa en los lugares conquistados de Almenara y Olocau, protestando que tomaba esta posesión por su Iglesia y por la de Toledo. Del mismo año 1234 se conserva la respuesta del capítulo de Toledo, al cual, por hallarse ausente el Arzobispo D. Rodrigo consultaron nuestro Obispo y su capítulo sobre la pretensión del cuarto Señor de Albarracín D. Álvaro Pérez de Azagra, que contra la voluntad de ellos quería elegirse sepultura en la Iglesia de dicha ciudad. Usaron en esto sin duda de la facultad que el Papa Celestino III había concedido el año 1192 al capítulo de Toledo, para que vacando su silla pudiese oír las apelaciones de los sufragáneos. De cuya concesión, por si no la has visto envío copia (a: Véase el apéndice núm. IV ?? No se ve bien). Siendo ciertos como lo son estos datos, debemos fijar su muerte en el mismo año 1234; pues por otra parte en el siguiente ya era Obispo de esta Iglesia V. D. Guillermo, como consta de la donación que le hizo el Rey D. Jayme de la alquería llamada Teresa, hoy pueblo grande a la orilla del río Palancia, no lejos de esta ciudad; su fecha en Barcelona a 13 de Septiembre de 1235. Villagrasa cree que aquel Obispo era el Arcediano de esta Iglesia, llamado comúnmente el Maestro Guillermo. No me atrevo a contradecirlo, y más estando de por medio la autoridad del Señor Pérez, que también lo asegura. Pero séame lícito observar que acaso *pudieron equivocarle con un Maestro Guillermo, *Ar, que suena en el instrumento **ción que hizo el capítulo para * Iglesia en la persona de D. Pedro Ximénez de Segura año 1272. Como quiera, merece particular memoria este Prelado por haber sido el primero a quien se sujetó y donó sus posesiones el Rey Moro Zeyt Abuzeyt, arrojado de Valencia por la tiranía de Zaen. Acaso debía el neófito a nuestro Obispo la instrucción en la fe y la administración del bautismo, aunque Casiri pone su conversión el año 1229 (a: Véase la nota primera a la Carta antecedente.). Hízole pues donación con escritura pública, fecha en Teruel a 23 de Mayo de 1236, de Segorbe y otros lugares que quedaron a su devoción (b: Véase el apéndice núm. V.). Dícese que Zeyt obtuvo privilegio de la Sede apostólica para dar sus estados a la Iglesia que quisiese. Así lo asegura su nieto D. Gonzalo Ximénez de Arenós en el proceso de D. Sancho Dull. Acaso hizo esto en virtud del privilegio general de Urbano II dirigido al Rey D. Pedro de Aragón y Grandes del Reyno, para que diesen los lugares que fuesen conquistando a los Obispos que quisiesen. Y en efecto este mismo privilegio, como dice el señor Pérez, alegó el año 1247 D. Ximén Pérez de Arenós, hermano de dicho D. Gonzalo, para dar los diezmos de Andilla a Pedro, Arzobispo de Tarragona, como a su metropolitano, y al Obispo de Valencia como a su diocesano. Sea de esto lo que fuere, la donación no tuvo de pronto el efecto deseado; antes quedó oculta, porque los moros que se conservaban sujetos al dominio de Zeyt no se le rebelasen sabida su conversión. Esta y otras causas de la pobreza en que se vio este Obispo, obligaron al Papa Gregorio IX a recomendarle al Arzobispo de Toledo y sus sufragáneos para que le socorriesen, et non cogatur (dice) in opprobrium Pontificalis officii mendicare; la fecha de esta carta es de 9 de Enero de 1237. El mismo día escribió al Rey S. Fernando de Castilla, exhortándole a que cooperase a la conquista de Segorbe, y a que su Obispo quedase en posesión de esta ciudad y de los otros lugares que le pertenecían (a: Se hallarán estas dos Cartas en el apéndice en los números VI y VII.). 

Poco más debió de vivir este Obispo, pues ya en el año siguiente 1238 a 19 de Abril confirma Zeyt su primera donación al Obispo Segobricense. 

VI. D. Ximeno. Llamo así a este Obispo, porque así le nombran en la copia legalizada en el siglo XIV de la escritura de venta del lugar de Tramacastiel hecha por Doña Teresa Cascant y su hijo Martín Egidio al Obispo y Cabildo Segobricense pro 700 aureis Alphonsinis, fecha en la era 1277 (año 1239). El Señor Pérez le llama Simón, porque en el instrumento de la nueva donación de Zeyt se nombra este Obispo con la inicial S. Mas esta letra también pudo serlo de Simino o Semeno. Como quiera, este Obispo es a cien el Rey Zeyt Abuzeyt confirmó y aumentó la donación que tenía hecha a su antecesor; cuyo instrumento original con la firma del Rey en lengua árabe he visto y copiado (a: Véase el apéndice núm. VIII.). Hallóse este Prelado en el sitio y toma de Valencia, donde sostuvo los derechos de su metropolitano, diciendo la primera misa en la Iglesia de S. Vicente Mártir, extramuros de la ciudad, y ganada esta hizo lo mismo en la de S. Miguel, dando además sepultura al primer difunto en la mezquita mayor ya purificada y bendecida. Consta esto del proceso que guarda la Iglesia de Toledo acerca de la jurisdicción que esta metrópoli y la de Tarragona pretendían sobre la de Valencia: la cual el año siguiente 1239 quedó adjudicada a la de Tarragona, accediendo en esto el Papa Gregorio IX a los deseos del Rey D. Jayme. Entrando luego este feliz conquistador en posesión de Segorbe sin fuerza de armas por los años 1245, pasó el Obispo Ximeno a tomar posesión de su silla diciendo misa en el arrabal. Mas fue tal el alboroto de los moros al oír la campanilla, que se vio precisado a huir para salvarse de su furor (a). (a) Están contestes los Autores en este hecho; mas en el proceso de D. Sancho Dull del año 1323 depone un testigo haber oído decir a su padre, que se halló presente a este acto de posesión, que los moros se sosegaron luego que el Obispo concluyó el sacrificio, y que á otro día partió de Segorbe. Hay algunos otros contestes, salvo que atribuyen esto al siguiente Obispo D. Pedro; cuyo pontificado debió comenzar el mismo año 1245. 

Poco más vivió este Prelado; pues como veremos, en 1247 ya suena un Pedro, Obispo Segobricense, que tomó posesión de esta silla para tener el dolor de ser despojado de ella con violencia. Será preciso extenderme un poco en declarar quién fue este sucesor de D. Ximeno. He visto en el archivo de esta Iglesia el instrumento original de la donación que un P. Obispo Segobric. hizo a Pedro de Alcalá de la mitad de los diezmos de Olocau, Azaneta y Chodos en 13 de Diciembre de 1247. Por otra parte todos convienen en que se llamaba Pedro el Obispo arrojado de esta Iglesia por el de Valencia Don Arnau de Peralta, que pasó a ser Obispo de Zaragoza en 1248. Mas quien sea este D. Pedro Obispo Segobricense, es lo que resta averiguar. Villagrasa le llama Pedro Argidio, al cual en 1259 sucediese D. Martín Álvarez o Alvavel, y a este en 1265 D. Fr. Pedro Garcés. Yo juzgo que de este episcopologio se deben quitar los dos primeros, y que el verdadero sucesor de D. Ximeno, y el séptimo Obispo de la Iglesia moderna es 

VII. D. Fr. Pedro Garcés. No me mueve a esto la autoridad de Escolano (Lib. VIII. cap. 16.), ni la de Diago (Lib. VII. annal. cap. 47 y 53.), ni la de Blasco de Lanuza (Historias.... de Aragón lib. V. cap. 24.), ni la de otros que pudiera alegar; muévenme principalmente las razones siguientes, fruto del escrutinio del archivo de esta Catedral. 

El Papa Inocencio VI en una Bula que expidió a favor de D. Sancho Dull, Obispo de esta Iglesia, sobre las pretensiones de la de Valencia, cuenta al principio la tragedia de esta silla en 1248; y aunque no nombra al Obispo atropellado, pinta sin embargo a su sucesor con estas palabras: “Cujus inmediatus succesor, videlicet bonae memoriae Petrus, afflictionem afflictis Ecclesiis superadens, castrum de Tramacastiel.... Egidio Eximini Patri suo pro certa peccuniae quantitate pignori obbligavit... Dictus etiam Petrus Episcopus una cum Episcopo, qui tunc praeerat Ecclesiae Valentinae non solum super Eccl. Segobricen. tunc de facto detenta per Episcopum Valentin., sed super aliis Ecclesiis, in quarum possesionem Episcopus Segobricensis tunc existebat, in quosdam arbitros compromisserat &c.” Por estas palabras se ve que el Papa Inocencio habla del Obispo D. Pedro Ximénez de Segura; porque en él solo se verifican las dos circunstancias referidas en la Bula, es a saber, la venta de Tramacastiel a su padre Gil Ximénez de Segura, y el compromiso con el Obispo de Valencia, cuya escritura con las firmas originales de ambas partes he visto y copiado en este archivo. Ahora bien, dice el Papa que este Obispo Don Pedro Ximénez de Segura fue el inmediato sucesor del Obispo atropellado por el de Valencia: cujus immediatus succesor. Si constara pues quién fue el inmediato antecesor de Segura, sabríamos quién era aquel Pedro que ya gobernaba esta silla en 1248. Pues esto consta por la escritura de la elección que hizo el capítulo de esta Iglesia para su Obispo en la persona de dicho Don Pedro Ximénez de Segura, la cual he visto original, y al principio dice así: “Anno Domini 1272, die Jovis kal. Decembris apud Anguitam Segontin. Dioc. venerabilis Pater noster P. Segobricen. et S. Mariae de Albarracino Episcopus diem clausit extremum.... Nos attendentes quod Ecclesia non debet esse longo tempore pastoris solatio destituta &c.” Prosigue leyendo la copia que envío, y verás que al cabo de tres meses de vacante fue elegido dicho Segura IV kal. Martii. El Pedro difunto de que se habla aquí, es D. Fr. Pedro Garcés, en lo cual convienen todos. Así que, si este es el inmediato antecesor de D. Pedro Ximénez de Segura, síguese que él mismo es el que padeció las vejaciones por parte del Obispo de Valencia, y por consiguiente que ya era Obispo Segobricense antes del año 1248, en que ocurrió aquel fracaso. Es de notar que el Papa Inocencio se funda en la Relación del Obispo D. Sancho Dull, tan próximo a los tiempos de que hablamos, como que entró en esta silla el año 1319, y a quien por otra parte le era indiferente que el Obispo atropellado fuese D. Pedro Argidio, o D. Pedro Garcés. A más de esta razón, que basta por sí sola, hallo documentos del año 1255, en que suena ya Obispo D. Pedro Garcés; es a saber, diez años antes de 1265 que suponen primero de su pontificado. He visto y copiado para este efecto la escritura de venta de las salinas de Noguera que hizo D. Remir González, Alcayat de Albarracín, al Obispo y Cabildo en dicho año 1255 (a: Véase el apéndice núm. IX.). Está en castellano, y dice así: Vendo a vos D. Pedro García por la gracia de Dios Obispo de Segorbe &c. Este hecho refiere Villagrasa, cap. 19, como acaecido el año 1256, y en el pontificado de D. Pedro Argidio. Pero cualquiera podrá entender que García está más cerca de Garcés que de Argidio. Así que, si en el año 1255 era ya Obispo el mismo que murió en 1271, se desvanece el pontificado de D. Martín dé Álvarez, que suponen fue desde el 1259 hasta el 1265. No está más seguro el de D. Pedro Argidio, el cual alargan hasta el 1258; porque ya vimos que tres años antes, en 1255, era Obispo el dicho Garcés. En resolución, y salgamos de cómputos fastidiosos, no hay inconveniente en que D. Fr. Pedro Garcés fuese Obispo por espacio de veinte y tres años; y con esto sólo se salva y combina perfectamente cuanto queda dicho. Mas ¿qué son menester conjeturas, cuando en la sumaria información que se hizo en el año 1323 sobre los límites y jurisdicción que pretendía la Iglesia de Valencia, hay muchos testigos que claramente nombran al Obispo atropellado D. Pedro García, o Garsia (Garsía) o Garcés (de Garci)? Es increíble la uniformidad de todos los que deponen. Entre ellos hay algunos de cien años, es decir, nacidos en 1223, diez y siete antes de dicho atropellamiento, que le conocieron, y recibieron de su mano la confirmación. Supuesto que D. Pedro Garcés fue el sucesor de D. Ximeno, si me preguntas de dónde sacó Villagrasa los otros dos Obispos que excluyo del catálogo, diré que acaso le movió a contarlos entre los demás la autoridad del Señor Pérez, que en su episcopologio MS. los cuenta también, señalándoles los mismos años de prelacía que arriba dije. Confieso que la autoridad de este grande hombre me ha hecho vacilar largo tiempo sobre esta materia. Pero al cabo he visto que está decidido a favor del único pontificado de Garcés. Dice así: 1246 Petrus Episcopus Segobricensis: aquí sin expresar quién era este Pedro (ni hallarse en todo su episcopologio el sobrenombre de Argidio) cuenta brevemente en solas catorce líneas el suceso de la tropelía y destierro del Obispo Segobricense, y deja pendiente la narración, interrumpiéndola a la mitad de un período. Sigue luego otra plana, y en lo alto de ella dice: Frater Martinus Alvarez Episcopus; puto ab 1239 ad 1265, dejando en blanco toda la plana. Sigue luego en otra: Fr. Petrus Garces, y refiere largamente todos los sucesos acaecidos en esta Iglesia desde el año 1247 hasta el 1271, como pertenecientes a su pontificado. Diré algunas de sus palabras: Hic Episcopus coepit possesionem Segobricae favente Rege Jacobo (lo cual fue el año 1245). Hic Episcopus obtinuit Bullam ab Innoc. IV datam Lugduni pridie idus April. Pontif. anno IV, nempe anno Christi 1247, quae incipit Praepostulatio &c. = Hujus Episcopi tempore, anno 1255, die 3 Sept., et iterum 1261, Rex Jacobus dat Xericam filio suo Jacobo ex Terasia Gil de Viduara (Teresa Gil de Vidaure) uxore (mujer, esposa) &c. = Hic idem Petrus anno 1256 (debe ser 1255), habuit Salinas de Noguera &c. = Anno 1259 ab Alexandro IV obtinuit unionem fieri Ecclesiarum Segobricen. et Albarrac. &c.  =  A este tenor va refiriendo otros sucesos de aquellos tiempos. Debo advertir que las palabras en que refiere el despojo padecido por este Obispo, se hallan borradas, lo mismo que el sobrenombre Garcés, el cual siempre es de letra del Señor Pérez. Mas como las que antes he referido permanecen intactas, bastan ellas, a pesar de las enmiendas que quiso hacer alguna mano posterior, para conocer que el Señor Pérez creyó que D. Pedro Garcés fue Obispo de esta Iglesia desde el año 1247 hasta el de 1271; y que si halló en alguna memoria los nombres de los dos Obispos Argidio y Álvarez, los tuvo por puramente imaginarios. Tampoco debo perdonar a Villagrasa la equivocación con que reprende a Diago, porque llamó Alvavel a D. Martín Álvarez. Pues Diago, ni en las obras impresas, ni en las MSS. hace mención de tal pontificado de Álvarez ni Alvavel. Todavía quiero averiguar de dónde pudo nacer que él mismo diese al Obispo Pedro, sucesor de Ximeno, el apellido de Argidio, que no hallo en el Señor Pérez. Conjeturo que si aquel Aegidius que puse en el número III fue sucesor de D. Ximeno, como parece haber sospechado Pérez, debiéndosele dar tan corto pontificado entre el año 1245 y 1247, pudo acontecer que en tiempo de Villagrasa se hallasen documentos de un mismo año con ambos nombres AEgidius, y Petrus, y que por equivocación del que escribía o leía se pusiese Argidius por AEgidius. O también que D. Pedro Garcés se llamase Gil de segundo nombre (Egidio, Aegidio) o primer apellido; y acaso sería hermano o pariente de un Gil Garcés de Azagra, que suena en los tiempos de la conquista. Otra conjetura me ofrece el citado P. Ribelles, quien me asegura haber visto escrito muchas veces en documentos antiguos Arces por Garcés; y no es dificil entender que los latinos del siglo XIII dijeran Arcisius (como en el Mas de Arsís, en Peñarroya, de la familia Gil, de la empresa Virgen de la Fuente), Argicius y Argidius. Esto he dicho por amor a la verdad, y por aclarar este punto, ya que vino a mano. Por lo demás, Villagrasa trabajó doctamente su libro de las antigüedades de Segorbe. Volviendo pues a nuestro Obispo D. Fr. Pedro Garcés, inmediato sucesor de D. Ximeno, sabemos que fue natural de Teruel, monje cisterciense del monasterio de Piedra, ejercitado con muchas y graves tribulaciones. Apenas tomó posesión de su silla, con el favor del Rey D. Jayme, purificó la mezquita mayor de esta ciudad, dedicándola a Santa María, y edificó en el arrabal una ermita dedicada a S. Pedro, la cual permanece hoy día harto bien conservada (a). (a) Algunos testigos del citado proceso suponen ya existente la ermita en este año, y aun añaden que de ella fue arrojado el Obispo. Tengo por más cierto que él la edificó: su arquitectura lo persuade; y los tres únicos cristianos que había en el arrabal no sufren decir otra cosa. 

En estas y otras santas ocupaciones le cogió la tribulación que sobrevino por parte de D. Arnau de Peralta, Obispo de Valencia, el cual pretendiendo que su diócesis, según la división de Wamba, se extendía hasta Alpuente, y que por consiguiente le pertenecía la Iglesia de Segorbe, arrojó de ella con violencia a este Prelado. Las circunstancias del hecho, que fue a principios de 1248, se pueden ver en Villagrasa con los documentos que le acreditan. A esto aluden algunas de las constituciones de la Catedral de Valencia, en que se adjudican al Deán y otras Dignidades los diezmos de algunos lugares de esta diócesis. Por lo que toca a Segorbe, duró esta contestación veinte y siete años con poca diferencia, como se verá en el número siguiente. No contribuyó poco a su restitución este Prelado, que habiendo recibido la Bula de unión de esta Iglesia con la de Albarracín, expedida por Alexandro IV en el año 1258, cuya copia incluyo (a: Véase el apéndice núm. X.), partió a Roma en el de 1266 para tratar de su recobro. Mas no pudo ver cumplidos sus deseos, pues de vuelta de aquella corte, murió en Anguita (no Enguieta como dice Villagrasa), diócesis de Sigüenza, un Jueves a 1.° de Diciembre de 1271, y fue enterrado en su monasterio de Piedra a 15 del mismo mes y año. Debe la Iglesia de Segorbe a este Obispo la creación de sus canonicatos y la del arcedianato de Alpuente. Otras muchas cosas debió de ordenar pertenecientes al culto y gobierno de esta Iglesia, aunque es regular que se pusiesen luego en ejecución. 

A este Prelado escribió D. Sancho, electo de Toledo, mandándole restituir al deán y otros de su Capítulo ciertas porciones que solían percibir, las cuales se había reservado el Obispo para remediar la pobreza de su Iglesia. También le mandó que se abstuviese de las molestias que causaba a su Capítulo, quas (dice) est indecens enarrare, videlicet, quod cives non eant ad Ecclesiam Cathedralem pro benedictionibus recipiendis, et pro sepulturis ibidem eligendis, quod est manifestè contra jus. Bueno fuera tener presentes los papeles que escribió el Obispo sobre esta materia. La fecha de la carta que he visto original, es de Valladolid a 12 de Marzo, era 1296 (año 1258) (a: Véase el apéndice núm. XI.). Muerto este Prelado, dice el. Señor Pérez que los Canónigos quisieron elegir a Sancho Muñoz, clérigo de Teruel; pero que él lo rehusó propter tenuitatem mensae episcopalis. Villagrasa da por hecha esta elección. Bien pudo ello ser asi; mas nada consta en la escritura de elección del Prelado siguiente. 

VIII. D. Pedro Ximénez de Segura, electo por el Cabildo en Albarracín Domingo a 26 de Febrero de 1272, de cuyo instrumento envío copia, porque comprueba varios puntos que se han tocado hasta aquí (a: Véase el apéndice núm. XII.). Era natural de Teruel, e hijo del noble D. Gil Ximénez de Segura, el que había educado a los dos hijos de D. Jayme I, D. Juan de Xérica, y D. Pedro de Ayerbe. El favor que por esta razón tenía en la corte, y el ardor de sus años, que no pasaban de treinta y cinco, le arriesgaron a recobrar la iglesia de Segorbe por el mismo medio con que había sido quitada a su antecesor. Porque tomando consigo cuatrocientos soldados de Teruel, y algunos de Alpuente, con su Alcayde García Lopiz (López, Lopis), arrojó de esta Catedral a tres Sacerdotes, que en ella había dejado el deán de Valencia Ramón de Ballester (b) y se fortaleció cuanto pudo en su posesión.

(b) Así le llaman comúnmente los escritores. Mas en el compromiso, de que se hablará luego, firma el mismo R. de Belestar. En el proceso de don Sancho Dull, el testigo XVI, pág. 120 dice, que por estos mismos años 1274 el deán de Valencia era Jayme Zarocha, y que por él residían en Segorbe cuatro Presbíteros llamados Domingo Valls, Pedro de Tárrega, Bernardo Finestres (ventanas; finestra; Fenster en alemán) y Pedro Zacapella (ça capella, ipsa capella). Otro testigo afirma que el Obispo Ximénez no encontró ningún Clérigo en esta Iglesia, que la tuviese por parte de Valencia. Lo cual es de todo punto in verosímil. 

Con igual diligencia recobró las Iglesias de Xérica, Toro y Pina. Fue esto el año 1273. Las instancias que hizo sobre esto la Iglesia de Valencia y las censuras del Legado apostólico Arnaldo, Obispo de Tortosa, obligaron a nuestro D. Pedro cuatro años después, a firmar un compromiso con el de Valencia D. Jasperto de Botonac, en que fueron nombrados jueces árbitros Guillermo de Allerico, Arcediano de Valencia, y Pedro Martínez, Arcipreste de Teruel. He visto y copiado el instrumento que existe original en este archivo, buen documento de la historia de aquel tiempo. Los jueces sentenciaron a 13 de Julio de 1277, que de los treinta y seis lugares sobre que se litigaba, sólo pertenecían a esta silla Segorbe, Altura, Castelnovo (Castellnou) y Bexix. Esta es la sentencia que el Papa Inocencio VI llamó después injusta, cuando sus auditores restituyeron casi todos los lugares dichos a la diócesis Segobricense. Antes de esto en 1274 ya se halló nuestro D. Pedro en León a la celebración del Concilio que convocó el Papa Gregorio X, a cuya corte (León : Lyon) quiso volver los años siguientes para tratar del total recobro de su diócesis; pero le atajó la muerte en Teruel a 31 de Octubre de 1277. Comúnmente es reprendido este Obispo por haber consentido en el compromiso arriba dicho, y por haber vendido a su Padre Gil Ximénez el lugar de Tramacastiel, que era de esta Iglesia, por precio de cinco mil sueldos. Mas en lo primero le pueden excusar las amenazas del Legado pontificio, y en lo segundo la escasez de sus rentas, y la necesidad de dinero para litigar sobre el recobro de sus derechos, y en todo la turbación y circunstancias críticas de aquellos tiempos. Es digno de memoria el viaje que el año primero de su pontificado hizo este Obispo a Granada, enviado por el Rey D. Jayme I de Aragón, para persuadir a ciertos nobles castellanos que volviesen a la obediencia de su Rey Alfonso X (yerno de Jaime I, casado con su hija Violante).

IX. D. Miguel Sánchez, natural de Navarra, y Canónigo de esta Iglesia, fue electo en 1278 por la mayor parte de su Cabildo en discordia con D. Fr. Pedro Zacosta (ça costa; ipsa costa; la cuesta, Lacuesta; de la Costa pone más abajo), de quien se hablará luego. El favor que este último tenía con el Rey de Aragón obligó a nuestro don Miguel, aunque ya consagrado por el metropolitano de Toledo, a abandonar esta Iglesia al principio de su gobierno, y retirarse como fugitivo a Castilla. Murió finalmente en su país el año 1288, sin dejarnos otra memoria de su pontificado que la paciencia con que se vio privado de él por un intruso, cual fue el dicho D. Fr. Pedro Zacosta o de la Costa, de la orden de S. Francisco, natural de Daroca, y Guardián del convento de Valencia, grande (gran) orador y confesor y muy favorecido del Rey D. Pedro III de Aragón el Grande. De este poder se valió para lo que no debiera. Un solo vocal de este capítulo le nombró Obispo, eligiendo los demás unánimemente al dicho D. Miguel. Así lo asegura el Papa Inocencio VI en la Bula que dije arriba hablando de D. Fr. Pedro Garcés. 

A pesar de esta nulidad, acudió al Arzobispo de Tarragona don Bernardo de Olivella para que le consagrase. Negóse este, pretextando que estaba pendiente la lid sobre jurisdicción con el Arzobispo de Toledo. Sin embargo, en calidad de Obispo electo, arrojó de Albarracín a su competidor ya consagrado, y gobernó esta Iglesia mientras vivió, dejando memorias harto funestas en la enajenación de bienes y privilegios auténticos y otros daños. Entre ellos se cuenta la concordia que asentó con D. Jayme de Xérica, hijo de D. Jayme I de Aragón, sobre los diezmos de Eslida, Ayn, Veyo, Zuera y Janzara, fecha en 1280. Hallóse con el dicho Rey D. Pedro en el Campillo en los tratados de paz, que se asentaron el año 1281 con D. Alonso X de Castilla. Asistió también a su Rey, y con espada en mano alentó a los soldados en la toma del monte llamado Mola de Montesa, de que se habían apoderado los moros. No sé qué pleito tuvo con D. Jayme Pérez, primer señor de Segorbe, porque su mujer Doña Sancha Fernández, rehusando asistir en la Catedral a los oficios divinos, oía misa en su oratorio privado. De estos y otros hechos particulares deponen varios testigos en el citado proceso. Finalmente, estando en Aviñón (Avignon, sede papal en algunos tiempos) litigando contra la justicia de su competidor, y sabida su muerte, por más que apresuró su viaje, no pudo volver antes que se concluyesen los nueve meses de vacante, en los cuales, no conviniéndose el Capítulo en elegir sucesor, el metropolitano de Toledo, que miraba a Zacosta como cismático, nombró luego a
X. D. Aparicio a fines de 1288. Era este natural de Atienza en Castilla, y Arcipreste de la Iglesia de Sigüenza. Consagrado por su metropolitano D. Gonzalo Gudiel logró que su contrario Zacosta fuese arrojado del puesto que no merecía. Así pudo tranquilamente emplear su doctrina y piedad en el gobierno de su diócesis. Era docto en la medicina; y así le tildaban sus émulos, porque observaba la orina de los enfermos; motejábanle también de viejo, con otras personalidades, según resulta de los testigos del proceso que he visto. De él consta que este desprecio con que le trataron algunos, nacía de la extrema pobreza a que le redujo el pago de los créditos que le dejó el buen Zacosta, ademas de la disminución y menoscabo de sus rentas (a). 

(a) En el citado proceso el testigo XII Miguel Sánchez de Sadorniu depone de esta pobreza lo siguiente: “Quod tam in civitate Segobric. quam in aliis locis gentes, tam clerici, quam layci, vilipendebant Dominum Aparicium Episcopum pro eo quod ibat equitando se tertio tantum, et cum duobus peditibus, et quod morabatur quamdiu erat in civitate Segobr. in quadam camera modica juxta Ecclesiam, quam modo unus Capellanus cappellaniae simplicis pro defunctis statutae inhabitare recusaret: et ibidem de die juxta ignem reclinabat se in quadam plomacia.” Otro dice que le vio en Albarracín ponerse quandam pelliciam, quae non valebat XII denarios Jaccen. (de Jaca, Jacca, Iacca, etc, jacense, jacenses) Por el testimonio de otros sabemos que entre los enemigos y burladores de la dignidad episcopal era común esta expresión: Lo Bisbe de Albarrazi (Albarrací, Albarrazí, para que rime con rozí, rocí) com duas mulas, et un rozi (rocín). Así es que por la ignorancia de aquellos tiempos llegó a desestimarse lo que tan digno es de aprecio en el oficio pastoral. (Pues a día 30.05.2022, mientras estoy editando este libro, esta ignorancia continúa.)

Acaso por esta causa vivió largo tiempo en su patria. Hallóse en el Concilio de Valladolid de 1291, y murió en Albarracín cargado de años en el de 1301, décimo quinto de su pontificado, y fue sepultado allí mismo. 

XI. D. Antonio Muñoz, profesor de derecho canónico en Salamanca, y varón de gran crédito en su tiempo, el cual siendo Canónigo de esta santa Iglesia acompañó a su Obispo D. Pedro Ximénez de Segura al Concilio Lugdunense; fue elegido por el Capítulo el año 1302; y consagrado por el Arzobispo de Toledo D. Gonzalo Palomeque. Gobernó ambas Iglesias por espacio de diez y siete años, de los cuales pasó la mayor parte en Aviñón, tratando con el Papa de los derechos de su silla. Murió en Teruel, su patria, a 1.° de Septiembre de 1318; y su sepulcro se conserva en la Iglesia de San Andrés de la misma ciudad en la capilla de nuestra Señora del Pilar, que es de la ilustre familia de los Muñozes. Así se afirma comúnmente; mas yo no sé cómo componer con esta época de su muerte lo que escribe Carrillo (Historia de S. Valero, pág. 258.), que a 13 de Diciembre del mismo año 1318 asistió al Concilio provincial celebrado por el primer Arzobispo de Zaragoza, Domingo Abad, Arcediano de Segorbe, procurador del Obispo D. Antonio, junto con Romero Coronal, procurador del Cabildo de la misma Iglesia. Lo cierto es que viviendo aún este Obispo se verificó la erección de Zaragoza en metropolitana, que fue a 14 de Julio de 1318, y que las constituciones del Concilio provincial de aquel año existen en un códice antiguo de esta Catedral de Segorbe, de donde las estoy copiando, porque son inéditas. Volviendo a nuestro Obispo, es creíble que su larga residencia en Aviñón le proporcionase asistir al Concilio Vienense, celebrado por Clemente V en 1311, al cual asistió también don Fr. Raymundo de Ponte, Obispo de Valencia. El Chantre de esta Iglesia Romero Sánchez, uno de los testigos en el proceso que tantas veces he citado, dice que este Obispo ordenó que hubiese doce Canónigos, seis en Albarracín, y seis en Segorbe. Otras constituciones le atribuyen que ya no se observan en esta Iglesia. En su tiempo se instituyó la Orden de Caballería de Montesa, que tantos y tan reñidos pleitos sostuvo con los Obispos sucesores sobre diezmos. Muerto nuestro D. Antonio quiso el Capítulo elegir a un Fr. Joan Fernández, de la orden de Predicadores, natural de Murviedro. El Señor Pérez dice que sus parientes se opusieron por la pobreza de la mensa episcopal. Sea de esto lo que fuere, el sucesor de D. Antonio fue uno de los Prelados más ilustres, y de más gloriosa memoria de esta Iglesia. Llamábase 

XII. D. Fr. Sancho Dull, nacido en Real, diócesis de Pamplona, y de la orden de nuestra Señora del Carmen. Había ya nueve años que era penitenciario pontificio en Aviñón cuando fue elegido por este Cabildo, y consagrado en la Dominica Laetare de la Quaresma de 1319. Su primer cuidado fue el bien espiritual de sus ovejas, proporcionóles (les proporcionó) desde luego el pasto y consuelo de los sínodos; cosa hasta entonces no vista en esta diócesis. Dos se conservan celebrados por este Obispo, uno el año 1320 en Albarracín, y otro en Segorbe en 1323, de los cuales hablaré en su lugar. No descuidó tampoco los intereses temporales de su Iglesia, antes a costa de crecidos gastos y de treinta y tres años de residencia continua en la corte de Aviñón, logró recobrar gran parte de los diezmos y derechos que le disputaban las órdenes de Santiago, Montesa y Calatrava, D. Jayme de Xérica, y los Obispos de Zaragoza, Tortosa y Valencia. La ocasión del pleito con este último queda ya insinuada. El objeto de D. Sancho era impugnar el compromiso hecho por D. Pedro Ximénez de Segura en 1277, alegando que sólo fue efecto del temor, e insuficiente para fundar título de prescripción. He visto en este archivo copia del primer proceso que formó Raymundo, Obispo de Lérida, por comisión del Papa Juan XXII. Terminóse el pleito por tercera sentencia en el año 1347, recobrando esta silla los lugares de Alpuente, Xérica, Chelva, Andilla y otros hasta el número de diez. Por hallarse ausente de su diócesis no pudo asistir al segundo Concilio provincial que celebró en Zaragoza su Arzobispo D. Pedro López de Luna en 1328. Era ya nuestra Iglesia, como dije, de aquella provincia; y así permanece hoy la de Albarracín; la de Segorbe en la desmembración se adjudicó a Valencia. En fuerza de este decreto pontificio, y de lo mandado en el Concilio provincial Tarraconense del año 1240 se opuso nuestro D. Sancho con el Obispo de Valencia D. Raymundo Gastón a la entrada que el Arzobispo de Toledo D. Juan de Aragón hizo con cruz alta por el lugar de Sieteaguas junto a Requena. Trata de esto Luis Ponz de Icart en sus Antigüedades de Tarragona; Zurita en sus índices latinos hace memoria de una carta que sobre esta materia escribió el Papa Juan XXII al Rey D. Jayme, padre de dicho Arzobispo de Toledo. Murió nuestro D. Sancho en Aviñón, año 1356, a los treinta y ocho de un pontificado de que tanto bien resultó a su Iglesia. 

Basta por hoy: estas menudencias molestan al que lee y al que escribe; pero son agradables al que busca exactitud en los hechos; por falta de esta luz andan a tientas muchos historiadores. Mas ya que en este Prelado se acaba la serie de Obispos elegidos por el Cabildo, cortaré aquí el catálogo, dejando para el siguiente correo el de los nombrados por los Sumos Pontífices, en que confío darte noticias harto curiosas. 

Dios te guarde. Segorbe &c. 

lunes, 30 de mayo de 2022

CARTA XVIII. Opinión recibida en el siglo XII sobre el sitio de la antigua Segóbriga

CARTA XVIII. 

Opinión recibida en el siglo XII sobre el sitio de la antigua Segóbriga: restauración de la moderna Iglesia de Segorbe, su provincia: su constitución interior: estado del templo y del archivo de esta Catedral: preferencia de la mano siniestra en su coro: Iglesia antigua de S. Pedro. 

Mi querido hermano: Muy del caso parecería que comenzase yo la descripción de la Iglesia de Segorbe, tratando antes del verdadero sitio de la antigua Segóbriga. Es este punto de erudición muy curiosa que ejercita a los anticuarios de nuestros tiempos, y honra la memoria de muchos posteriores a Ambrosio Morales. Por otra parte, hallándome sobre el terreno de que se disputa, y viendo la abundancia de antigüedades eclesiásticas y profanas que en él se conservan, qué sé yo si sería bien visto callar y dejarlo. Más por bien que parezca esto a algunos, y por mucho que deseen otros ver definida tan larga contienda, me retraen de entrar en ella las dificultades que encuentro, y el no ser necesaria para el objeto de mi viaje. Sin embargo, hay medio en las cosas: diré lo que me parezca del caso, dejando lo demás para tiempo oportuno. Todo este negocio, si bien se mira, casi viene a tratarse a tientas y por conjeturas. Tres caminos se han tomado en esta disputa. Unos creen que Segóbriga estuvo en lo que hoy llaman Cabeza del Griego junto a Uclés; hay quien la supone en el territorio de Albarracín; otros en Segorbe. Ninguna de estas opiniones tiene a su favor documentos auténticos, inscripciones, medallas y otros tales en estado que hagan fe, y pongan la verdad en claro. A todas tres favorece igualmente la autoridad de los geógrafos antiguos. Masdeu intentó probar que Segóbriga es Segorbe; mudó después de parecer, y se inclinó al territorio de Albarracín; quién sabe si hará luego otro tanto con el cerro de Uclés, en lo cual por ventura tendría más razón. ¿Qué diremos? que todo es adivinar. No teniendo yo que añadir a lo que cada cual ha dicho por su parte sería imprudencia agregarme a uno de los tres partidos, y repetir y soltar argumentos mil veces propuestos y deshechos. Sólo quiero que adviertas a nuestro docto amigo D. A. L., acérrimo defensor de la Cabeza del Griego, que son menester argumentos más fuertes que los que suelen alegarse para despojar a la moderna Segorbe de la posesión en que está ya casi siete siglos de ser tenida por sucesora de la antigua Segóbriga. Es indubitable que en el año 1176, cuatro después de la erección de la silla episcopal en Albarracín, era común opinión en España que la Segóbriga no distaba mucho de aquella ciudad; por cuya causa se le mandó al Obispo usar del título de Segobrigense. También es cierto que este título se le dio con relación a la moderna Segorbe. Prueba de esto son las diligencias que practicaron después los Prelados para recobrar cuanto antes esta ciudad como que daba título a su obispado. Lo mismo se ve en las cartas que se conservan de los Papas Gregorio IX, Inocencio IV y Alexandro IV, dirigidas a los Reyes de España y Ricoshombres de Aragón, exhortándolos a que conquistasen esta ciudad para que la poseyera su legítimo Obispo, y a que le amparasen en su posesión. Otro tanto se infiere de la sentencia que dio el Arzobispo D. Rodrigo sobre la división de diezmos en estas Iglesias, y del juramento del primer Obispo de ellas D. Martín; el cual dándose a sí mismo el título de Segobricense, de la silla de Albarracín sólo decía, quam modò pro sede habeo.

Esta general persuasión en que estaban los literatos de los siglos XII y XIII de que el título de Segobricense era con respecto a nuestra Segorbe, no deja de ser a favor de esta ciudad argumento algo más poderoso de lo que juzga Masdeu (Tom. XVII, suplem. 17, art. 9.). No sé yo si podrá probarse que el Arzobispo de Toledo D. Cenebruno que erigió esta silla, y los demás eruditos de aquel tiempo, quando creyeron que Segóbriga caía junto a Albarracín, pusieron la mira en otro pueblo distinto de Segorbe. En tal caso los primeros que se opusieran a esta gloria de Segorbe hubieran sido el clero de Albarracín, o a lo menos su señor D. Pedro Ruiz de Azagra; del cual no es creíble que tan fácilmente consintiera en que otro pueblo se coronase con el fruto de los trabajos que le costó la erección de la silla de Albarracín, ni aun llevaría a bien la preferencia con que el Obispo se intitulaba Episcopus Segobricensis, et S. Mariae de Albarracino.

Contra esta común opinión de aquellos tiempos sólo hay que oponer la contradicción que hicieron el Obispo y la Iglesia de Valencia, negándole a Segorbe el honor del obispado antiguo. Más la autoridad de aquellos, que buscaban para sí la posesión de todo este territorio, no es de más peso que los dos principales argumentos que alegaban: el primero fundado en la variedad y corrupción del nombre: el segundo en la división (hitación) atribuida a Wamba. En cuanto al primero es innegable que los moros llamaron a este pueblo Xuburb o Xoborb o Xogorb. Tampoco guardaron mucha exactitud en el título de este obispado los Prelados y Papas del siglo XIII. Unos le llamaron Segorbicense, como consta de un sello del Capítulo de esta Iglesia que se conserva en la concordia que autorizó el Arzobispo D. Rodrigo, era 1270 (año 1232), sobre la división de frutos entre el Capítulo y su Obispo D. Domingo: de un breve de Alexandro IV de 1259 y de la sentencia pronunciada en Cuenca el año 1274 contra Doña Teresa Gil de Vidaure, mandándole restituir a esta Iglesia los lugares de Altura, Xérica y otros. Todos estos documentos, que he visto originales, llaman Segorbicense al Obispo y también a la Iglesia. Inocencio IV en una Bula dada en León a 27 de Abril de 1248 siempre dice Secorbicensis.

En el instrumento de la elección que hizo el capítulo de esta Iglesia de D. Pedro Ximénez de Segura para su Obispo en el año 1272 (el cual he visto original con las firmas de los Capitulares) se dice promiscuamente Segrobicensis y Sergobicensis. 

Más esta variedad en nada perjudica a lo que antes dije, que era común opinión de aquel tiempo ser esta la Segóbriga. Porque aun en medio de aquella inexactitud, vemos otros documentos que la llaman como ahora. Así Gregorio IX en dos cartas, una a S. Fernando de Castilla (1237), y otra a D. Jayme I de Aragón (1240), dice repetidas veces Episcopus Segobricensis, y así está en todos los documentos desde fines del siglo XIII hasta nuestros días. Por lo que toca a los moros, es notorio que por diestros que fuesen en alterar los nombres, nunca pudieron mudar la situación de los pueblos. Así pues como no pudieron quitar a la moderna Xátiva, con la alteración de su nombre, el ser la Sétabis antigua, tampoco quitaron a Segorbe el ser la antigua Segóbriga, si es que lo fue, que no decido este punto: sólo digo que no es argumento para negarlo la corrupción sola del nombre. No es más fuerte el otro que se alega, tomado de la división de Wamba, en la cual se supone que el obispado antiguo de Valencia se extendía usque Alpont. Primeramente debiera probarse que a este pueblo antiguo corresponde el moderno Alpuente. Y si en esto nos hemos de gobernar sólo por la semejanza del nombre, ¿por qué no diremos que Segorbe es la Segóbriga, habiendo entre ambos nombres tanta semejanza? Mas aun cuando Alpont fuese el moderno Alpuente, no se infiere que Segorbe perteneciese a la diócesis de Valencia; porque Alpuente está hacia el poniente de esta ciudad, a distancia de ocho leguas: con lo cual se compone muy bien que Segorbe, que está más hacia el norte de Valencia, quedase excluida de su jurisdicción, y fuese cabeza de otro obispado que se extendiese hacia Albarracín. Y esto juzgaron los sabios de aquel tiempo, sin hacer caso del argumento de Alpont. En resolución, a mí me basta lo dicho para no despojar a esta Iglesia de la persuasión en que está por espacio de 627 años de ser sucesora de la Segobricense antigua. Cuanto más, que no busco ni me ha venido al pensamiento poder hallar los ritos y literatura de aquella ciudad, que yace sepultada donde Dios se sabe y los hombres no. Dejando pues esto a los geógrafos, vengamos a la historia eclesiástica de la moderna Iglesia Segobricense, que con razón o sin ella así se llama.

Sabido es que (1) el rey moro de Valencia, llamado Lobo, dio graciosamente el lugar de Albarracín a D. Pedro Ruiz de Azagra, caballero navarro, hijo del señor de Estella, el cual por su devoción mandó que se llamase Santa María de Albarracín, y él se intitulaba vasallo de santa María y Señor de Albarracín. Fue esto por los años 1160. Cuando ya tuvo D. Pedro su nueva posesión poblada de cristianos, instó al Legado Pontificio Jacinto Bobo (que después fue Papa Celestino III) al Arzobispo de Toledo D. Cenebruno para que honrasen aquella ciudad con silla episcopal. Había dado el Papa Urbano II al primer Arzobispo de Toledo D. Bernardo facultad para poner Obispos en los lugares que se hubiesen conquistado, donde bien visto le fuese. Así que, sin dificultad se le concedió a D. Pedro lo que pedía nombrando Obispo a D. Martín el año 1172. Como no se trataba de erigir nuevas diócesis, sino de restablecer las antiguas, se mandó al nuevo Obispo que se intitulase Arcabricense, porque se creyó que la antigua Arcábrica (Ercávica) estaba por aquellas cercanías. Pero cuatro años después se le mandó tomar el de Segobricense, como dije. El sabio Obispo de Segorbe D. Juan Bautista Pérez afirma en su episcopologio haber visto en el archivo de Toledo la escritura que se hizo con esta ocasión, fecha a 1.° de Marzo de 1176. Desde entonces se reconoció esta silla sufragánea de la de Toledo. El primer Obispo D. Martín, en el acto de prometer obediencia al de Toledo D. Martín López de Pisuerga en el año 1200, dice haber hecho lo mismo respecto de D. Cenebruno, que le consagró. Por los años 1232 el Arzobispo D. Rodrigo sentencia como Metropolitano, y ordena, como modo de partir los diezmos entre el Obispo y el Capítulo. En 1258 D. Sancho, electo de Toledo, reprehende al Segobricense don Fr. Pedro Garcés sobre ciertas vejaciones que causaba al Deán, al Tesorero y a algunos Canónigos de esta Iglesia. Otros documentos quedan de esta jurisdicción metropolitana, la cual perseveró todo el siglo XIII, a pesar de los esfuerzos que hizo y pleitos que suscitó sobre este punto el Arzobispo de Tarragona, o porque realmente alguna parte de esta diócesis estuviese comprendida bajo de su jurisdicción, o porque quisiese verificar la extensión que el Rey D. Jayme I le deseó y concedió en gran parte. Arreciaron estas disputas a principios del siglo XIV; mas el Papa Juan XXII halló el modo de cortarlas, erigiendo en metropolitana la Iglesia de Zaragoza, y dándole por sufragánea la Segobricense. Fue esto en 1318, desde cuya época perteneció siempre esta silla a la provincia de Zaragoza, hasta que verificada en 1577 la división de las Iglesias de Segorbe y Albarracín, esta última permaneció en la misma jurisdicción, y la primera pasó a ser sufragánea de Valencia, que ya casi un siglo gozaba de los fueros de metropolitana. Esto por lo que toca a la provincia.

Viniendo ahora a la constitución interior de esta Iglesia, es de saber que todo lo que tardó Segorbe en salir del poderío de los sarracenos, tuvo este Obispo por cátedra la Iglesia de Albarracín. Mas disponiendo Dios las cosas de otro modo, y convertido a la religión cristiana el destronado Rey Moro de Valencia Zeit Abuzeit, sujetó al Obispo D. Guillermo la ciudad con otros lugares que permanecían en su obediencia. Fue esto en 1236. Dos años después confirmó dicha donación al Obispo D. Ximeno. Mas ni una ni otra tuvieron luego el efecto deseado, por ser todavía oculta la conversión de dicho Rey: hasta que ya en 1245, en virtud de los tratados que tenía hechos con D. Jayme I, le entregó Zeit el castillo de dicha ciudad. Apenas comenzaba a establecerse el Clero, el Obispo de Valencia D. Arnao (Arnau) de Peralta vino tres años después con mano armada, y arrojando al Prelado de esta Iglesia, la hizo su parroquia, quedando después adjudicados sus frutos al deanato de aquella silla, como parece por sus constituciones impresas. Así permaneció hasta los años 1273 en que el Obispo D. Pedro Ximénez de Segura, sentido de la violenta ocupación de su Iglesia de Segorbe, la recobró con ardor juvenil por los medios con que se había quitado a su antecesor. Y en virtud de una sentencia arbitral, dada en 1277, quedó para siempre propia e inseparable de su Obispo, aunque muchos de los otros pueblos, o tardaron en restituirse, o no volvieron más a su poder. Algunos años antes de recobrar este pueblo, es a saber en 1258, el Papa Alexandro IV autorizó y confirmó la unión de las dos Iglesias de Segorbe y Albarracín, que ya desde la creación y denominación de esta silla se contaban por una sola. Así se llamaron constantemente invicem perpetuò canonicè unitae hasta la desmembración tan digna de ser imitada respecto de otras diócesis, hecha por Gregorio XIII en 1577 a instancias de Felipe II. Obligaron a ella principalmente la multitud de cristianos nuevos a que no bastaba el cuidado de un solo pastor, la distancia de estas ciudades entre las cuales mediaba casi una jornada de terreno perteneciente a la diócesis de Zaragoza, y otras graves causas. Antes de esta división no había sino un Cabildo en ambas Iglesias con un solo Deán, un Tesorero y un Chantre, y en cada una un Arcediano con seis Canónigos: número fijado por el Obispo D. Antonio Muñoz a principios del siglo XIV, según declaró el Chantre de esta Iglesia Remiro Sánchez en el proceso formado el año 1323 sobre el pleito con la silla de Valencia. Poco después hacia los años 1358 creó el Obispo D. Elías los oficios de obrero, limosnero, sucentor, escolastre y enfermero. Es notable el único encargo que se hace a este último en las constituciones: habeat videre de campanis ecclesiarum qualiter sunt situatae, et providere de funibus pro ipsis trahendis, y nada más; quedando a cargo del limosnero el cuidado de los hospitales. También reprodujo e instauró en el año 1357 el Arcedianato de Alpuente, dignidad antigua de esta Iglesia, y suprimida a consecuencia del juicio arbitral, que ya dije de 1277; porque antes aún durante la ocupación de Alpuente por la Iglesia de Valencia, como no le estaba declarada su pertenencia, seguía el Cabildo eligiendo los Arcedianos de este nombre. Así en la elección del Obispo D. Pedro Ximénez de Segura, año de 1272, firma un maestro Guillermo Archidiaconus Altipontis; al cual sucedió en esa dignidad Ferrán Periz, como asegura Romeo del Porto, testigo de cien años, en el citado proceso. Acabóse pues la serie de estos Arcedianos luego que en 1277 declararon los jueces árbitros que Alpuente pertenecía a Valencia. Mas determinado lo contrario en la Curia Romana, y adjudicada dicha villa a esta Iglesia en 1347, se instauró luego la serie de Arcedianos, que ha seguido sin interrupción hasta nuestros días. En las mismas constituciones de D. Elías se manda que haya un Colector en cada una de estas dos Iglesias, el cual recoja y divida entre los Canónigos los frutos que les correspondan: y si exceden los de una Iglesia a los de la otra, se repartan también a los que residen en la más pobre. No era esta nueva ordinación o cosa desconocida en esta Iglesia: sus constituciones primitivas, establecidas de tiempo inmemorial, hablando de los oficios del Sacristán dicen: Item, debe partir la oblación de pan, dineros, candelas, e vino, ecualmente sin parcialidad entre las personas (f. prebendas), et los Calonges, que a la  misa vinieren, segunt es acostumbrado. Item, eso mismo debe facer parte al que en la ciutat enfermo fuese.... El vino pártalo por meses; pero el vino de otro día de Todos Santos, cuando fazen conmemoración por todos los defunctos, ese mismo día lo parta. Acaso de aquí pudo derivarse la costumbre de este país, donde al día de difuntos llamaban día de partir lo pa, como ya dije en otra carta (a: Tomo II, Carta XI.): muestra de la masa y unión de todos los frutos, que era común en casi todas nuestras Iglesias. Mas en el año 1381, veinte y tres después de la constitución de D. Elías, la alteró su sucesor D. Íñigo Valterra, consignando a cada individuo del Capítulo las Iglesias, cuyos frutos debía percibir su prebenda, y encargándose cada uno de recogerlos. Hízose esta alteración con buen fin por evitar los males que había en las mayordomías; pero nacieron de ella otros mayores, los cuales quiso cortar el ilustrado Obispo D. Juan Bautista Pérez trabajando como él solía cuando se atravesaba el bien común, en verificar los deseos del Papa Gregorio XIII sobre la masa común canonical de esta Iglesia, que persevera hasta nuestros días. Baste lo dicho para que comiences a formar idea de la historia de la moderna Iglesia Segobricense, la cual hará más completa el episcopologio que tengo casi concluido con mayor extensión que el de Valencia; porque sobre pedirlo así el nuevo encargo de S. M. para que trate e ilustre los puntos que ocurran de literatura e historia eclesiástica, he tenido proporción de registrar todos los documentos originales que a esto pertenecen: merced a la sabiduría y amor al bien público de este ilustrísimo Cabildo y de su comisionado para el efecto don Lorenzo de Haedo y Gómez, Canónigo Tesorero. Digo que he visto despacio el archivo de esta Catedral, que así por la copia y riqueza de sus MSS., como por el orden que recientemente le han dado dos Religiosos de mi Orden, merece distinguido lugar entre los de España y aun de fuera. Aquí por lo menos no caben las quejas de Garibay (Historia de los Condes de Castilla, tomo I.) y del P. Merino (Escuela Paleográfica, pág. 18.) sobre el desconcierto de los archivos y la avaricia de los archiveros. El edificio es bastante capaz y bien distribuido: éntrase a él por el aula capitular, pieza no muy grande, pero edificada con inteligencia y solidez a principios de! siglo XV, comenzada por el Obispo D. Fr. Juan de Tahust; antes de cuya época se juntaba el Cabildo en cualquiera de las capillas del claustro, que contará un siglo más de antigüedad. Es este claustro de figura de un trapecio, construido más para desahogo de las funciones y oficinas necesarias, que para vida reglar del Clero, de que no he hallado rastro. Está pegado a lo largo de la Iglesia, que es de sola una nave, y desde su fundación ha padecido varias alteraciones. Créese comúnmente que esta era la mezquita mayor o única de los moros, la cual el Obispo D. Fr. Pedro Garcés, tomada la posesión de esta Iglesia hacia los años 1246, purificó y aun reedificó en la forma que tenía hasta estos últimos años. Los que la vimos en aquel estado, no es fácil que creamos esto. Era este edificio, cuando más, del siglo XV, y acaso estuvo antes la capilla mayor donde ahora está el coro: mudanza que he oído atribuir al Obispo D. Fr. Gilaberto Martí, que efectivamente ensanchó y adornó la capilla mayor con su retablo dorado y pintado por un Vicente Macip por precio de diez y seis mil sueldos, cuyos recibos he visto del año 1530 en que se concluyó. Colocáronse en él las pinturas que algunos creen de Joanes; mas en aquel año apenas había llegado este profesor al séptimo de su edad. Y si las pintó después, serían como los ensayos de aquella noble manera que le mereció ser comparado con Rafael de Urbino. Habla de ellas Pons en su viaje tom. IV: ahora, deshecho aquel retablo se hallan en la sacristía y capillas de la Iglesia. Posteriormente afearon este templo con talla de pésimo gusto por el que reinaba en los tiempos churriguerescos. Ojalá fuera tan fácil descargar la oratoria, poesía y música del peso inútil y fastidioso de semejante hojarasca, como lo ha sido el desmochar las paredes y bóvedas de este templo, y restituirlas a la sencillez natural de la arquitectura. Y digo que ha sido fácil: no porque no haya costado sudores y apuros en tiempos de suma estrechez, sino porque la ilustración y el celo del actual Prelado D. Lorenzo Gómez de Haedo y de su Cabildo, superaron los obstáculos que se ofrecían a esta empresa. A pesar de las gruesas sumas con que contribuyeron al socorro de las necesidades públicas, cuando ninguno de los cuerpos y particulares de esta ciudad y contornos podía ni aun en una pequeña parte desahogar los deseos de su corazón; sin otro recurso que sus mensas, comenzaron la renovación del templo, tantas veces 

intentada, logrando concluirla en poco más de cuatro años. Consagróle el mismo Señor Obispo a 9 de Agosto de 1795, fijado para la fiesta de su dedicación, que desde la consagración hecha a 7 de Mayo de 1534 se celebraba el domingo próximo a la fiesta de S. Estanislao. Queda este templo como antes de una sola nave, pero con mayor extensión; son sus pilastras y cornisamento de orden corintio, sobre las cuales se eleva una bóveda grandiosa con algunas pinturas al fresco del profesor Luis Planes. Del mismo serán las que se van a ejecutar en el cascarón del presbiterio magnífico y bien distribuido, que es a mi ver lo mejor y más decoroso del nuevo edificio. El altar mayor se está trabajando de mármoles y jaspes, a expensas del Obispo y Cabildo. Creí tener el gusto de verle colocado en su sitio, pues en el Diccion. de los profesores de las bellas artes (tomo II, pág. 324) se supone construido en el año 1795. La verdad es que todavía está por poner en él la primera piedra. El coro ha recibido las mejoras que permite su situación local. Su sillería es buena, aunque algo distante de la sencillez. Dicen que el Canónigo Vicente Valls la mandó labrar a sus expensas el año 1483. Pero esta es obra posterior. Sobre los asientos del andel superior hay estatuas de Santos como de dos tercias (2). En la primera del coro izquierdo está S. Pedro, asiento del Deán, y en la del derecho S. Pablo, asiento del Arcediano mayor. Entre ambas está la del Obispo. Nace de aquí la preferencia de la mano siniestra, que ya de tiempo inmemorial rige en esta Iglesia, sin que haya podido hallar en ningún documento rastro de su origen, más que lo general que sabes sobre este asunto. Yo no diré que esto se conservó de la Segóbriga antigua como he oído a alguno. Cinco siglos de servidumbre sarracénica, creo que bastan para hacer olvidar los ritos primitivos. Más verosímil es que algunos de los Prelados del siglo XII y XIII, introdujese acá esta costumbre, tomándola de alguna otra Iglesia o Monasterio. Esto en caso que no sea derivada de la de Toledo, de cuyas constituciones antiguas, que aún no he visto, dicen que se tomaron las inmemoriales de esta Iglesia. Otro templo antiguo se conserva en el arrabal de esta dudad con la advocación de S. Pedro. Comúnmente se cree que se edificó hacia los años 1246. Pero en el proceso que se formó en 1323 deponen algunos testigos centenarios que esta Iglesia ya existía en la dicha época, y que en ella dijo la misa primera el Obispo D. Fr. Pedro Garcés. De esto diré algo más en la Carta siguiente. 

A Dios. Segorbe &c.  

NOTAS Y OBSERVACIONES. 

(a) El Rey Moro de Valencia, llamado Lobo. Este nombre damos al Rey que con esta donación tanto favoreció los adelantamientos de la religión, mereciendo por esto que el Papa Alexandro IV en la Bula de la unión de estas dos Iglesias le llamase clarae memoriae Lupus. Lo mucho que la cristiandad debió en este país a dicho Rey y a su sucesor Zeyt Abuzeyt (pone Zeytabuzeyt), me obligó a pedir al erudito P. Fr. Bartolomé Ribelles, que me comunicase las noticias que tuviese y lo que pudiese hallar en la Biblioteca de Casiri, que no tenía yo entonces a mano sobre los verdaderos nombres de ambos Reyes, y la época del reinado del primero. Me contestó con fecha de 3 de Abril de este año lo siguiente: “Oiga V. lo que resulta de Casiri sobre el nombre y reinado de Lobo. Abu Giaphar Ahmad Saipheldaulat, por sobrenombre Almostanser Billa (que antes creía yo ser el Rey Lobo), fue aclamado Rey de Murcia y de Valencia el día 4 de Enero de 1146; poco después marchó a socorrer a Xátiva, que estaba sitiada a la sazón (no expresa Casiri el sitiador). Salióle al encuentro el Rey D. Alfonso cerca de Albacete, y trabaron batalla, peleando con valor ambos ejércitos. Quedó el campo por los cristianos, volviendo las espaldas los moros con su Rey, a quien mataron en la fuga dos amigos, porque no cayese en las manos de los enemigos. Sucedió esta batalla a 5 de Abril de 1146. Esto dice en sustancia Casiri, tom. 2. pág, 57., y lo mismo repite en la pág. 212.: donde añade que el Rey D. Alfonso era hijo de Raymundo o Ramón, y por consiguiente el Rey de Aragón. Este Abu Giaphar muerto en la batalla de Albacete, no puede ser el Rey Lobo; porque consta que este por los años 1160 premió los servicios de D. Pedro Ruiz de Azagra con la donación del castillo y ciudad de Albarracín, y convienen nuestros historiadores en que murió, o dejó de reinar en 1172, habiéndose  apoderado de sus estados el Rey de Marruecos por este tiempo, según los anales toledanos. Según esto soy del parecer que comúnmente abrazan nuestros escritores, a saber, que Lobo subiría al trono después de la muerte de Abu Giaphar, y quizá en el mismo año de 1146 en que murió este. En vista de estas datas que aparecen bien fundadas, soy de parecer que el Rey Lobo se llamó no solamente Aben Lop, o Mahomah Abenzoar, o Mahamete Abenzahat, como le llaman nuestros historiadores, sino también, y con mayor propiedad quizá Abi Abdalla Ben Mohamad Ben Sad. Me fundo para sentar esta proposición en las cláusulas de Casiri (tom. 2. pág, 58 c. 2), en donde (extractando la historia de Abu Baker Alcodai Ebn Alabar, valenciano, que murió por los años 1260), dice: Ahmad Ben Mahomad Almakzumi Abu Bakerus Hispanus ex Peninsula Xucar, Vir genere, doctrina, et pietate clarissimus. Plura et elegantissima illius carmina in nostro codice leguntur. Hic quum vires Regis Abi Abdalla Ben Mohamad Ben Sadaci consenescere videret, ut supra innuimus, auctor fuit ut Valentía in Almohaditarum potestatem veniret: cujus praeturam ad tempus gessit, urbemque trium mensium spatio à Duce Abulhagiagaco Ben Sadaeo obsessam acerrimè propugnavit anno egirae labente 566 (de Cristo 1171). Las circunstancias de la proximidad de la época a la que señalan por fin del reinado de Lobo nuestros historiadores, y de la entrega de la ciudad a los almohades, que fueron siempre enemigos declarados del Rey mencionado, me obligan a creer que este fue el destronado en aquella ocasión, y por consiguiente que su nombre propio entre los árabes fue el de Abi Abdalla &c. Confirman bastante esta opinión las alabanzas que da a Lobo el Arzobispo D. Rodrigo (Hist. Arab. cap. ult.), llamándole hombre dotado de grandes talentos, firmeza de espíritu, valor y franqueza; y lo que añaden los demás historiadores, a saber, que ganó a Córdoba y Granada, triunfó de los almohades, y fue el único apoyo de la libertad de los musulmanes en estos países. Es verdad que no convienen los anales toledanos con este extracto de Casiri en el año; pues aquellos señalan el de 1172, y este el de 1171; pero creo que esta diferencia sería fácil de componer, atendiendo a que el historiador árabe que extracta Casiri, y escribió a mediados del siglo XIII, manifiesta con bastante claridad, que no estaba del todo cierto en la época, diciendo anno egirae labente, y por consiguiente sería fácil equivocarse en un año, quien si presenció el suceso, debía ser muy niño. 

Síguese de aquí que Casiri omitió en su catálogo de Reyes de Valencia al Rey Lobo; pues no hace mención en él de Abi Abdalla y ni aun le nombra en la letra que le corresponde. Pero no es verdad que omitiese al Rey Zeyt Abuzeyt; pues en segundo lugar pone a Abdelrahman Ben Mahomad Ben Joseph Ben Abdelmumen, y este es sin duda alguna el Rey Zeyt Abuzeyt. Consta esto del mismo Casiri tom 2. pág 120. 

c. I., en donde extractando el Suplemento a la biblioteca arábico hispana de Mohamad Ben Abdalla Ebn Alkatib, granadino, que escribió el año 1361, dice lo siguiente: Abdelrahman Ben Mohamad Ben Joseph Ben Abelmumen, Valentiae Rex, animi fortitudine, et bellica virtute insignis, amicitiam, et foedus cum Aragoniae Rege, dum regnavit, iniit: ac regno pulsus, ab eodem quam humanissimè exceptus est. Memoriae quoque proditum est, Abdelrahmamum una cum duobus filiis Christo nomen dedisse, idque anno egirae 626 (es el año de Cristo 1229). Basta tener un mediano conocimiento de las operaciones de Zeyt Abuzeyt para reconocerle (pone recono-le) por estas señas en Abdelrahman Ben Mohamad &c. y para persuadirse que estos fueron los nombres y apellidos que obtuvo entre los árabes. Por el mismo camino infiero que los nombres que tuvo el Rey último Zaen, fueron Abu Giomaiel Zaian Ben Madaphe Alkazami. Así me lo enseña Casiri en su tom. 2. pág. 43, c. 2, en donde no extractando, sino traduciendo el texto del citado Ebn Alabar, dice: “Praeterea Valentia urbs in christianorum potestatem venit Jacobo Barcinonis Rege (rey de Aragón, conde de Barcelona), qui illam obsedit ann egirae 635, Christi 1237, feria V, die 7, mensis ramadini (el mes de ramadán del año de la egira 635 tuvo principio en 16 de Abril del año de Cristo 1238, según las tablas de Masdeu, y por consiguiente el día 7 fue el 22 de Abril de 1238) usque ad feriam 3, die 17 Saphari anni proximi sequentis (es el día 28 de Septiembre de 1238, según las tablas de Masdeu), qua quidem die Abu Giomaiel Zaiam Ben Madaphe Alkazami Jacobo Regi se dedisse fertur ea conditione, ut videlicet obsessi omnes suas facultates, intra viginti dies, quò liberet, transferre possent. His ita constitutis, alii navi urbem Deniam, alii ad alia loca equo vecti ab urbe ad dictam diem discesserunt. = Creo que no puede darse mayor claridad en las expresiones para reconocer al Rey Zaen en Abu Giomaiel Zaian &c.” 

(2) En la primera del coro izquierdo está S. Pedro, asiento del Deán, y en la del derecho S. Pablo, asiento del Arcediano mayor. Desde la más remota antigüedad se halla autorizada en la Iglesia la práctica de pintar juntos en los templos a estos dos santos Apóstoles, principes Apostolorum, como los llama el octavo Concilio General (Epist. ad Symmachum Papam) duo lapides ab oriente ad Romam fundandam devoluti, eximia et principalis Apostolorum summitas. De esto tenemos varios ejemplos en muchas pinturas y bajos relieves de los primeros siglos, en el Concilio Florentino, donde se colocaron dos estatuas de estos santos Apóstoles a los lados del libro de los evangelios, y en las bulas de los Sumos Pontífices. De las causas por que en estos y otros monumentos antiguos se ve colocado S. Pedro a la izquierda, y S. Pablo a la derecha, han tratado S. Pedro Damiano (opusc. 35.), Santo Tomas (in epist. ad Galat. cap. I. lect. I.), Inocencio III (Serm. de Evangelistis penes finem), Molano (lib. III, cap. 28.), el Cardenal Belarmino (de summ. Pontif. lib. I. cap. 27. et de Incarn. lib. III. cap. 15.), León Allacio (de Eccles. Occid. et Orient. perpetuam consens. lib. I, cap. III, §. 10.), y Juan Interián de Ayala (Pict. Christ. lib. VI. cap. 14.), y sobre todos Francisco Mucancio en su erudito Comment. de SS. Apostolor. Petri et Pauli imaginibus, impreso en Roma el año 1573, e inserto por Solerio al fin de su tratado de Basilica S. Petri in Vaticano. Sobre la variedad de opiniones en orden a la preferencia de la mano derecha e izquierda, debe observarse lo que advirtió Juan Lucio en su consulta hecha sobre esto a los editores de las Actas de los Santos (die XXIX. Junii Auctar. ad Apsidem antiq. Vaticanam §. 413. seq.), esto es, que en las Iglesias antiguas de Roma anteriores al siglo IX tienen el más digno lugar las imágenes colocadas a la izquierda: que en las edificadas desde el tiempo del Papa León III se tiene la derecha por el lugar más digno: que en las posteriores a esta época volvió a recobrar su preferencia la mano izquierda hasta el pontificado de Nicolao IV, electo en 1288, en cuyo tiempo volvió a reputarse por más digno el lado derecho, cuya práctica ha durado hasta nuestros días. Y no debiendo creerse que León III alteró sin causa la antigua costumbre, no constando las razones de esta alteración, conjetura el mismo Lucio haberla hecho a imitación de los Francos, y para complacer con ella al Emperador Carlo Magno en agradecimiento a haber sido restituido por él a la silla apostólica. Mas porque de esta práctica no se colija la absoluta igualdad de entrambos Apóstoles en la primacía, añadiré lo que sobre esto dejó escrito el Arzobispo Pedro de Marca (Exercitat. de singulari primatu Petri §. XXI.): “Hanc auctoritatis à Petro et Paulo deductae communionem impressae octingentis ab hinc annis in bullis plumbeis utriusque Apostoli imagines testantur, Paulo ad dexteram Petri collocato: unde praecipui quoque honoris Paulo impensi argumenta quidam trahunt. Absurde. Quod enim latus dextrum videtur, si Pauli imago cum Petri imagine comparetur, est latus sinistrum si referatur ad inspicientes. Ex qua relatione saepe metiendus est honoris gradus in conventibus publicis. Hinc profectum ut Episcopus in parte chori sedeat quae dextra est ingredientibus; et tamen respondet cornu sinistro altaris. In quo sinistrum et dextrum latus nuncupamus respectu habito ad divini numinis praesentiam, ac si Dei majestas ibi sederet, veluti super cherubim, ut in veteri instrumento, vel Christi Corpus vultu ad populum obverso ibi consisteret... Quod splendidius eminet Rege in Senatu Parisiensi sedente pro tribunali. Ad ejus namque sinistram consident Pares Franciae ecclesiastici, quibus praecipuus bonos defertur; Duces vero dextram occupant: quae latera vices mutant habita adstantium ratione, ita ut eorum dexterae respondeat ordo Parium eclesiasticorum. Aliud obtinebat in antiquis Synodis Generalibus; ubi proposita in medio consessu sacrosancta evangelia vices Christi praesentis gerebant, ad cujus dexteram Legati Summi Pontificis considebant, quae tamen ingredientibus erat sinistra. Posset isthaec observatio variis testimoniis ex antiquitate petitis in utramque partem illustrari, nisi satius esset ex praesenti usu confirmasse locum imagini Pauli in bullis plumbeis destinatum secundum esse censendum, priorem obtinente Petro ratione primatus, ut decebat.” Merece leerse también sobre esto la disertación de Melchor Inchoffer contra opinionem de Petri et Pauli paritate, sen unum caput constituente unione, publicada por León Allacio en la obra citada (Lib. I, cap, VII. col. 136, seq.) 


TOMO 3. ÍNDICE DE LAS CARTAS QUE CONTIENE ESTE TOMO.

TOMO 3. 

(Se omite la portada. Se cambia Segorve por Segorbe. )


ÍNDICE DE LAS CARTAS QUE CONTIENE ESTE TOMO. 

(Las páginas no coinciden con este formato)

Carta XVIII. Opinión recibida en el siglo XII, sobre el sitio de la antigua Segóbriga: restauración de la moderna iglesia de Segorbe: su provincia: su constitución interior: estado del templo y del archivo de esta catedral: preferencia de la mano siniestra en su coro: iglesia antigua de S. Pedro. pág. 1 

Carta XIX. Catálogo de los obispos segobricenses. 28

Carta XX. Prosigue la misma materia. 68.

Carta XXI. Conclúyese el catálogo de los obispos segobricenses. 90

Carta XXII. Sínodos de la iglesia de Segorbe. 115

Carta XXIII. Inscripciones antiguas inéditas. Milagro de las fuentes bautismales de Ossen. Autoridad de S. Ildefonso, arzobispo de Toledo, sobre este hecho. 135 

Carta XXIV. Memorias para la vida literaria de don Juan Bautista Pérez, obispo de Segorbe. 148

Carta XXV. Noticia de la biblioteca del señor Pérez, y de sus códices que legó a la santa iglesia de Segorbe. 173

Carta XXVI. Noticia del códice de cronicones que copió el señor Pérez de varios originales antiguos, el cual se conserva en el archivo de la santa iglesia de Segorbe. 196 

Apéndice de documentos. 221