miércoles, 22 de marzo de 2023

CARTA CXLIII. Viaje a la santa iglesia de Mallorca:

CARTA CXLIII.

Viaje a la santa iglesia de Mallorca: noticia de los archivos del Obispo y Capítulo, y de los documentos y códices que se conservan en ellos, y en el archivo real. Atraso en que se halla la historia de Mallorca.

Mi querido hermano: bueno será curarme, como dicen, en salud, respondiendo anticipadamente a las preguntas que sé que me has de hacer, cuando leas las cartas de mi viaje a esta iglesia de Mallorca.

Y en primer lugar debes saber que he sido recibido en ella según me prometía de la ilustración de su reverendo Obispo y Capítulo: que todos sus archivos se me han abierto, y puesto a mi disposición: y que he disfrutado sus monumentos con la franqueza necesaria para desenterrar lo ignorado por naturales y extranjeros. Aquí he conocido más palpablemente que en otras iglesias, que donde reinan las buenas ideas y el amor a la ilustración general, no se repara en la calidad de la persona encargada de promoverla, aunque ella por sí y sus circunstancias no merezca consideraciones de otra especie. Y si esa persona, superior a ciertas pequeñeces propias de los hijos de Adán, se pone sólo de parte del fin, cuyo amor devora a los cuerpos depositarios de los monumentos históricos, es imposible que el resultado no sea el mismo que aquí, que en solos treinta y dos días y no más que a tres horas de trabajo en los archivos, he copiado y extractado lo que nadie podrá creer acerca del objeto de mi comisión, hallándome solo en su desempeño, y sin el auxilio de ningún amanuense

Mas dejando esto aparte, voy a dar razón de los archivos que he disfrutado, y de los códices y escrituras que en ellos hay, calificándolos y bautizándolos desde ahora, para cuando se ofrezca citarlos en los correos siguientes.

El archivo episcopal está verdaderamente en mal estado, esto es, con poco aseo y orden; mas no le faltan registros antiguos, de los cuales el que lo es más, comienza en 1364 en tiempo del Obispo Don Antonio Galiana, cuyas resoluciones y decretos están copiados en él con una limpieza y esmero que avergüenza a los que en nuestros días entienden en semejante objeto, no escribiendo más que para el día, sin acordarse de la posteridad, cuyas maldiciones no han de oír. Este códice, reencuadernado como está, durará otro tanto tiempo, mientras que sin este auxilio van a perecer en breve otros posteriores, que están ya muy deteriorados con la humedad del sitio a donde los trasladaron por la invasión con que amenazaron años pasados los Ingleses. Los registros de órdenes, que son de tanto auxilio para fijar la cronología de los Obispos, comienzan en 1377 continuándose con no pocas interrupciones. No he hallado en él escrituras antiguas originales, ni Cartorales donde estén copiadas.

De todo esto se halla bien surtido el archivo de la catedral, donde además de las bulas y rescriptos Apostólicos se hallan otras varias escrituras originales y auténticas, sin cuyo examen es imposible hablar con exactitud del carácter antiguo de esta catedral ni de sus primeros Obispos. Hay también muchos libros preciosos, de los cuales voy a hablar, comenzando por el primero que se escribió en esta iglesia, que es un códice de pergamino de pocas hojas, en el cual el segundo Obispo Pedro de Morella, que murió en 1282, mandó a su notario P. Arnaldo que registrase todos los privilegios reales y pontificios, y otras escrituras de donaciones y concordias; en suma, todas las que hasta entonces tenía la iglesia tocantes a su constitución, intereses, etc., de las cuales hay un extracto muy puntual, y bastante para llenar el hueco de las escrituras que se han perdido. A este Cartoral, cuya conservación interesa mucho a la historia, llamaré cuando se ofrezca citarlo, el Cartoral de Morella.

Otro hay donde se copiaron ad longum a fines del siglo XIII o principios del XIV, la mayor parte de los documentos sobredichos, añadiéndose posteriormente algunas otras piezas modernas, dignas de la noticia del público. Este es el conocido ya de antemano por el Libro amarillo, en atención a las tapas que lo cubrían: nombre que conservaré en mis citas. Al principio de él hay un Catálogo de los Obispos de esta iglesia, con noticias particulares de ellos, las cuales merecen fé en algunos artículos, y en otros no; porque los hay extendidos por manos coetáneas. De todo ello me valdré con oportunidad.

Otro hay intitulado de La Cadena, por la que le sujetaba antes a algún paraje, y ahora arrastra todavía sin sujeción. En él están copiadas todas las constituciones de la iglesia, con sus alteraciones, adiciones, reformas, etc. Gran caudal de antiguallas eclesiásticas y rituales que no dejaré olvidadas, como puedes suponer.

Exceden a estos libros en utilidad histórica las Actas capitulares de la iglesia, donde están tratados todos sus negocios y muchos de los de fuera. El más antiguo de estos preciosos códices alcanza al 1372; desde donde continúa su serie hasta nuestros días con algunas interrupciones harto sensibles. Notables son también los libros de cargo y data de la fábrica de esta iglesia, en los cuales no sólo hay noticias de arquitectos y escultores antiguos, sino también de ritos y de varios hechos curiosos. 

El más antiguo de estos códices es del año 1327. Algo posteriores son los libros de sacristía, de los cuales he examinado algunos solamente por la indisposición de mi salud en los últimos días.

También me ha servido bien para ciertas cosillas el libro antiguo de aniversarios, en donde se hallan notados por días los que esta iglesia tiene a su cargo, con los lugares donde están enterrados los fundadores de ellos. Los primeros artículos de cada día se escribieron hacia la mitad del siglo XIV, dejando planas en blanco para las notas posteriores.

Otro libro hay en el archivo de que me he aprovechado bien, y es un Cabreo general de los beneficios antiguos de la iglesia, cuyas escrituras contienen algunos sucesos dignos de saberse.

Consérvanse también muchos libros protocolos de un notario de esta ciudad llamado Mateo Salcet, que vivió a fines del siglo XIV y principios del XV, y tuvo la loable curiosidad de ir apuntando en las hojas blancas del principio y fin de aquellos libros, todos los sucesos eclesiásticos y civiles de su tiempo tocantes a Mallorca, conforme le venía a mano, ya en latín, ya en lemosín. De estas notas he formado un Cronicón que llamaré de Salcet, y por de contado va con esta carta (a: Ap. núm. III.). Comprende treinta y cinco años, desde 1372 hasta 1408. Quien compare la utilidad que nos resulta de estas notas con el poco trabajo que le costaron a su autor, conocerá el bien que se puede hacer a la posteridad con esta ligerísima ocupación, aun después de la invención de la imprenta, tiranizada muchas veces por la adulación de los autores coetáneos. De los códices llamados Consuetas en que están prescritos los ritos antiguos de la iglesia y la forma y orden de su celebración, daré noticia otro día al tratar de los ritos, y entonces verás lo preciosos que son estos libros y la gran mies que en ellos he segado

En el examen de este archivo me ha servido de grande utilidad el presbítero Don José Barberi, archivero segundo, y si no me engaño, el único que conoce lo que es este depósito, lo que valía mi trabajo, y lo necesitada que está de él la historia de su patria.

Además de todos estos códices y algunos otros que me han servido a maravilla para mis investigaciones históricas, hay otros dos códices dignos de memoria y muy útiles para los que traten de escribir por menor la historia de esta isla, con conocimiento de su estado y geografía en el siglo XIII. Uno de ellos es el Cabreo general de todas las posesiones que tocaron al Rey en la distribución que se hizo entre sus conquistadores. Dicho Cabreo se formó en 1232, del que se sacó una copia en 1267, que se depositó en el archivo de los Templarios de esta ciudad; y de aquella copia, cuyo paradero ignoro, se sacó estotra que posee la iglesia, en 1307 de orden del Obispo Guillermo de Vilanova y de su Capítulo. Constan algunas de estas circunstancias de su título y conclusión. Al principio se lee: "Haec est pars Domini Regis, et nomina possesorum, et alcheriarum, et cuiuslibet hereditatis a Domino Rege adquisitae ibi nominatur, veluti modo habent et possident in termino civitatis. Quod fuit ordinatum kalend. julii anno Domini M.CC tricesimo II. = Al fin se lee: "Hoc est translatum fideliter factum a duobus Capibreviis (Cabreo; Capbreu) scriptis comunibus, et comendatis per Dominum Regem Aragonum in domo Templi Maioricarum, qui sunt de omnibus honoribus, et possesionibus, et donationibus, et portionibus inde confectis totius insulae Maioricarum, et civitate (en este códice sólo está la parte real) omnibus magnatibus et populatoribus Maioricarum; tenor quorum talis est. - Quod translatum fuit factum mandato praedicti Domini Regis, et de consensu, et voluntate, et auctoritate Domini Infantis Jacobi, eius illustrissimi filii quinto decimo kalend. aprilis, anno Domini M.CC.LXVII presentibus duobus fratribus Praedicatoribus et duobus fratribus domus Templi, et duobus probis hominibus civitatis Maioricarum, qui cotidie et continue interfuerunt, quando dictum translatum G. Ferrarii, Maioricensis notarius de mandato predicti Infantis translatavit etc.”

El otro códice que decía es la Historia de la conquista de Mallorca, escrita en latín por el P. Fr. Pedro Marsilio, de mi orden, el año 1313. En mi Viaje de Barcelona hablé ya largamente de la Crónica entera que este religioso escribió de los hechos de Don Jaime I, de la que existía allí el único códice que hasta ahora se conoce, que copié con no poco trabajo. El que hay en esta iglesia sólo contiene el libro II de aquella obra, que es lo tocante a Mallorca, con su traducción lemosina. Se copió en el año 1331, como consta del libro de fábrica más antiguo, que es desde 1327 al 1339, en el cual, al fol. 38 b., entre las partidas de gasto de 27 de noviembre de 1331, se lee la siguiente: Item fiu escriure per manament del Senyor Cabiscol vicari I. libre, en lo qual es escrita la preson (conquista) de Maylorches, en latin et en plan (en latín y vulgar).
E costa enfre pergamins, e scriure, corregir, illuminar et ligar, VIII. lls. XVIII. sol. Otro ejemplar igual de esta obra me han asegurado que existe en el archivo de la ciudad; pero yo no lo he visto, porque tampoco he visto el archivo; merced a la indisposición de mi salud, que me obligó a salir de la isla, antes de lo que pensaba, y a la etiqueta y formalidad de no admitir al que no trae credenciales del Gobierno, como yo no las tengo para los archivos civiles. No seré yo tan injusto que me atreva a culpar por esta razón al ayuntamiento de la ciudad de Palma. Sólo diré que, a pesar de que el Gobierno en los despachos repetidos con que me ha autorizado para mi viaje, nunca ha tenido a bien mandarme franquear los archivos civiles, por motivos que son propios del alto gobierno; a pesar, digo, de esto, en cuantas ciudades y villas he estado, a la primera insinuación se me han abierto estos depósitos de historia secular, con no poco provecho, y con harta satisfacción de los que aman de veras la ilustración de la historia de su patria.

No se detuvo en estas formalidades el archivero real, quien a la primera visita me puso de manifiesto los armarios donde se guardan los registros de Cartas reales, y otros pertenecientes al gobierno de los Virreyes de Mallorca, con algunos procesos de causas importantes: los cuales comienzan desde el año 1300, y son un tesoro de historia no conocida de esta isla y de las de Menorca e Ibiza. El estado antiguo y progresos de su población, legislación, monedas, contribuciones, comercio, marina, milicia y artes, no pueden escribirse sin extractar estos libros. Yo no pude descender a todos estos pormenores, cuyo examen es obra de mucho meses: contento con entresacar las noticias que sirvan a la historia general y a la particular de la iglesia y de sus Obispos, que es mi principal objeto; de todo lo cual se dará razón en los lugares oportunos.

Estos son los únicos archivos que he visto y disfrutado en toda esta isla. Los demás... los demás no ha sido posible verlos por muchos motivos, de los cuales el principal es la indisposición que he contraído en mi salud, que me ha obligado a cortar mis investigaciones; aun en el del convento de mi orden, donde estuve hospedado, sólo entré una vez, y por muy pocos minutos. Por fortuna son de poca consecuencia, a excepción del de la ciudad; y a lo hecho hasta aquí sólo añadirían algunas pequeñeces históricas, no diré inútiles, pero sí de poca monta. Lo principal, y el primer objeto de mi viaje, está desempeñado, como verás en las Cartas siguientes; de modo que no ha sido grande la pesadumbre en dejar de ver los otros archivos, cuyas preciosidades, tales cuales sean, quedan intactas, como lo han estado hasta aquí, para los regnícolas que quieran dedicarse a escribir la historia de Mallorca con todos sus pelos y señales.

Y digo escribir, porque así, en general, puede decirse que todavía no lo está. El Cronista Dameto, y su continuador Mut, sólo podrán ser apreciados y creídos de quien no haya tenido la proporción y necesidad que yo de recorrer el mismo campo, que ellos dieron ya por bien examinado. Causa maravilla cómo unos historiadores que escribieron aquí muy de asiento, se contentaron con formar su historia por las obras de Mariana, Zurita y otros impresos, sin acordarse, o sin querer ver los archivos de que acabo de hablar; que si no es del de la ciudad, apenas hay cita alguna de los demás, y estas harto equivocadas. Con lo cual, y con la facilidad de abandonarse a las conjeturas, que son la peste de la historia, dejaron la de su patria llena de tantas fábulas y equivocaciones, que verdaderamente se necesita escribirla de nuevo. El mismo juicio debe formarse de la Historia de esta isla, que escribió en francés M. de Hermilly, en un tomo 4.°; porque no es más que un extracto de lo que halló en dichos historiadores; de los cuales, si en algo se diferencia, es en que omite ciertas vulgaridades y fábulas, que no sufrieran los oídos franceses, para quienes escribía. Por lo demás, el que advierta las equivocaciones en que incurrió en la brevísima noticia que dio de los escritores Mallorquines, conocerá, como por la uña, lo poco temible que es este león.

Dicho se está que para nada me han servido estos libros, como tampoco me sirvieran, aunque estuvieran bien escritos. Que ya, a precaución, he hecho aquí lo mismo que en otras partes, que es no verlos hasta concluido mi trabajo; y bastaron para ello pocas horas. Si alguna vez los nombro en mis cartas, sólo es para que todos conozcan cuán distantes están de la verdad, que está muy clara en los documentos que ellos no vieron. Por lo demás, puedes estar seguro de que en mis cartas no hallarás otras noticias que las que han arrojado los archivos: nada de trabajo ajeno, ni impreso, ni manuscrito: que ni aun he visto ciertos tratados y apuntes hechos por el citado Don José Barberi, y otros que posee el P. Fr. Luis de Villafranca, religioso Capuchino, ambos sujetos laboriosísimos y de buena crítica, y acaso los únicos que pueden escribir como se debe la historia completa de su patria, por el método que yo observo en la publicación de una parte de ella.

Hechas estas salvas, comenzaré a decir en los correos siguientes las misceláneas literarias que he recogido, bien como viajero, que no está para adornos, y, como decimos, ángeles enracimados.

A Dios. Mallorca 1 de marzo de 1814.

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