domingo, 27 de agosto de 2023

Segunda serie. Tomo III. Cantos históricos.

Segunda serie. 

Tomo III. 

Cantos históricos. 

1878.

Al Sr. D. Antonio de Trueba y la Quintana.

Mi querido amigo y respetable compañero: A ninguna de mis modestísimas obras he dispensado hasta hoy la cariñosa solicitud que a este pequeño volumen; predilección que se explicará V. perfectamente al saber que se trata de los Cantos Históricos de nuestra querida tierra, a cuya propaganda y más perfecto conocimiento he querido contribuir también en la escasa medida de mis fuerzas.

Al formar el plan de este humilde trabajo y antes aun de iniciarlo, hice el propósito de dedicárselo a V. como débil testimonio de afectuosa consideración al amigo, de admiración y de respeto al incansable cronista de Vizcaya, al popular cantor vascongado, y al distinguido narrador y poeta español, gloria de nuestro suelo y honra de su patria; y hoy que lo veo terminado, estampo con el mayor gusto al frente de estas páginas y junto a mi humildísimo nombre el de V., tan conocido como justamente respetado en el mundo de las letras.

Pobre, como mío, es el recuerdo que le ofrezco; confío, sin embargo, en que lo aceptará con su acostumbrada benevolencia y lo juzgará con su proverbial bondad.

Soy siempre de V. con la más distinguida consideración, afectísimo amigo

Q. B. S. M. 

José Manterola.

San Sebastián 13 de junio de 1878. 

Prólogo.

El estudio de los Cantos Históricos de los bascos es el objeto del presente volumen.

A su importancia histórica reúnen estas composiciones un gran valor filológico, pues muestran el sello originalísimo de la literatura especial de que forman parte, y contribuyen a la vez de una manera notable a dar a conocer el genio característico de esta antiquísima raza euskara, admirada del mundo por su heroísmo y su fiero amor a su independencia y su libertad, pero poco apreciada todavía en sus manifestaciones literarias, en las producciones de su inteligencia o de su fantasía.

Dos únicos monumentos de esta índole, de verdadero carácter histórico, conserva en el día la lengua euskara: el Canto de Lelo, o de los Cántabros, y el denominado de Altabiscar.

Aquel recuerda la guerra cantábrica; éste la derrota del ejército de Carlo-Magno en Roncesvalles.

El primero, cuya antigüedad se hace remontar al siglo de Augusto, es una relación sobria y austera de las luchas de Roma con los Cántabros, de las que nos muestra interesantes detalles; el segundo constituye un rudo y varonil canto que describe con gran verdad y colorido, cual pudiera hacerlo un testigo presencial, la catástrofe y las horribles angustias de las huestes francas, sorprendidas por los Bascos en los angostos desfiladeros de Altabiscar y de Ibañeta, de regreso a su país después de la fracasada intentona de Carlo-Magno de extender su ya vasto imperio por este lado de los Pirineos.

Ambas composiciones ofrecen, pues, una verdadera importancia histórica, por los grandes hechos a que se refieren, y aparte de ella muestran no menor valor, bajo el aspecto meramente literario, por su sabor verdaderamente primitivo, y por el carácter de originalidad que se observa en todas sus partes y detalles.

Del Canto de Lelo, al que la crítica literaria ha concedido un preferente lugar, y del que se han ocupado numerosos literatos nacionales y extranjeros desde que a principios de este siglo lo dio a conocer al mundo científico el sabio prusiano Guillermo de Humboldt (Wilhelm), ofrezco no solamente el texto original escrupulosamente copiado de la antigua Crónica de Íñiguez de Ibargüen, el rebuscador de este canto, sí que también el mismo texto aclarado por los diversos comentaristas e ilustrado con abundantes notas filológicas y gramaticales; una traducción completamente literal en prosa castellana, otra versión poética hecha ya con alguna libertad por el distinguido cronista del Señorío de Vizcaya, D. Antonio de Trueba, y extensos apuntes críticos en los que se indica brevemente la historia de esta composición, se analizan detenidamente su fondo y su forma, se exponen las principales opiniones emitidas por los literatos de más nota que se han ocupado en su estudio, y se refutan aquellas ideas expuestas, que en mi humilde sentir, son absurdas o poco verosímiles. Análogo trabajo he practicado sobre el magnífico y memorable Canto de Altabiscar, cuyo texto original en vascuence bajo-navarro ofrezco íntegro al lector, acompañado de una versión literal castellana, e ilustrado con numerosas notas y observaciones, y extensos apuntes críticos. A este canto sigue además una excelente traducción libre en verso castellano.

A estos dos documentos, únicos en su género y de su importancia que conserva la literatura euskara, siguen una breve noticia histórica de la famosa batalla de Beotivar, el exiguo fragmento que nos ha llegado del canto conmemorativo del triunfo obtenido en dicho punto por las fuerzas guipuzcoanas sobre las francesas y navarras el 19 de septiembre de 1321, y por último, el himno al Árbol de Guernica del famoso bardo guipuzcoano D. José María de Iparraguirre, que por su asunto y su significación se ha elevado en nuestros días a la categoría de un verdadero canto histórico-popular entre los Bascos.

Este último canto, así como los de Lelo y Altabiscar, va acompañado de una traducción literal castellana, ilustrado con diversas notas y observaciones, y precedido de un ligero juicio en que se traza a grandes rasgos su historia y se expone su significación.

Tales son los trabajos, objeto de estudio del presente volumen.

El laborioso escritor francés M. Michel incluye también en su excelente obra Le Pays Basque entre los cantos históricos de los Euskaldunas, unos versos en elogio de Domenjon González de Andia, célebre guipuzcoano de fines del siglo XV, (1) un canto anónimo en dialecto bajo-navarro, de los últimos años del siglo pasado, dedicado al Vizconde de Belsunce, (2) otro de la misma fecha en honor del Conde d' Estaing, escrito en vascuence labortano, (3) y aun alguno más, pero ninguna de estas composiciones reúne ni con mucho la importancia histórica y el valor literario de los Cantos de Lelo ni de Altabiscar, ni ha alcanzado tampoco la popularidad que el himno al Árbol de Guernica, por cuya razón he creído poder omitir su reproducción en este volumen.  

He puesto cuanto estaba de mi parte para que este estudio salga lo más completo posible, y será grande mi satisfacción si he conseguido aclarar con mi humilde esfuerzo cualquiera punto dudoso, o añadir un solo nuevo dato, de alguna importancia, a los ya conocidos sobre los Cantos Históricos de esta querida tierra vascongada, objeto del presente volumen. 

José Manterola. 


San Sebastián 1.° de junio de 1878. 


(1) Tan sólo se conserva de ellos la siguiente cuarteta:

"Sagarra eder, guezatea,

Guerriyan ere espatea,

Domenjon de Andia,

Guipuzcoaco erreguiá."

Domenjon de Andia, "el rey de Guipúzcoa", como se le apellida en este cantar, es uno de los personajes que más descuellan entre los que han intervenido en la dirección del régimen autonómico de Guipúzcoa, habiéndole cabido también una parte importantísima en el apaciguamiento de los Bandos Oñacino y Gamboino, (1457) en el Convenio de recíprocas indemnizaciones entre Inglaterra y Guipúzcoa celebrado el año 1474, y en el Tratado de Comercio estipulado por ambas partes contratantes en 1482. 

(2) Consta este canto, que puede verse en la citada obra de Michel, páginas 244 a 247, de 10 estrofas de a siete versos, con rima perfecta.

He aquí, por vía de muestra, dos de sus principales estrofas:

8.a

"Belzunceren izena,

Eta haren aomena

Urrunda hedatcen:

Erregueren gortetan,

Iri eta campañetan,

Norc ez du entzuten

Belsuncez mintzatzen?

9.a

Zuhaurren herritarrec,

Bai eta Laphurtarrec,

Goraki diote: 

"Euskualdunen lilia, 

Eta ohoragailla,

Zu zira, Belsunce.

Luzaz bici zaite."

Traducción. El nombre de Belsunce y su fama se extienden por do quiera. ¿Quién no oye hablar de Belsunce, ya en la Corte del Rey, ya en los pueblos, ya en los campos?

Tus propios conciudadanos, así como también los labortanos dicen en alta voz: "Tú eres, ¡oh Belsunce!, la flor y el orgullo de los Bascos. Que Dios te guarde largos años."

(3) Es una imitación del canto en elogio del Vizconde de Belsunce, hecha por D. J. Larregui, rector de Basussari, villa del Cantón de Bayona, y que consta de quince estrofas de a cuatro versos, consonantados por parejas.

He aquí para que el lector se forme una ligera idea de esta composición, que puede verse íntegra en la citada obra de Michel, pág. 248 a 252, las siguientes estrofas:

"Zuc gherla ghizonetan ¡oh d' Estaing noblea!

Daramazu, segur da, zuzenki lorea;

Ethorkiz zare jausten puruenetaric

Francian diren etche zaharrenetaric.


Maiz zure arbasoac dire seiñalatu,

Franciaco khoroa dute sustengatu,

Cembat ere odolac baitzaitu goratzen,

Zure bihotzac zaitu hobeki bistatzen."


Traducción. Sobre todos los guerreros, ¡oh noble señor d' Estaing!, has alcanzado la palma en buena ley. Por tu origen desciendes de lo más puro, de una de las más antiguas casas de Francia.

En muchas ocasiones se han distinguido tus antepasados: ellos han sido sostén de la Corona de Francia.

Pero aún más que tu rango te elevan tu valor y tus propios merecimientos.

Canto de Lelo

Canto de Altabiscar

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